Ni Cádiz, ni Sevilla: la ciudad perfecta para esta Semana Santa tiene un castillo árabe declarado Bien de Interés Cultural, el único Museo Íbero del mundo y dicen que a ella "se entra y se sale llorando"
Esta ciudad de Andalucía suele quedar a la sombra de otras como Sevilla y Cádiz, pero no tiene nada que envidiarles y es perfecta para una escapada primaveral.

Es una de las ciudades más desconocidas de toda Andalucía pero también de las más bonitas / Istock / JoseIgnacioSoto
Dicen que la Semana Santa en Andalucía se vive como en ningún otro sitio. La pasión y la devoción se ven plasmadas en cada uno de los pasos y procesiones que salen en todas y cada una de las ciudades de la región. Sevilla o Cádiz suelen llevarse el mayor protagonismo por la fe, la tradición artística y el fervor popular que se respira en sus calles. Pero hay una urbe donde la escapada puede ser incluso mejor.
Si bien la cristiandad tiene un gran peso en estos días, siempre hay hueco para aquellas personas cuya fe brilla por su ausencia pero que quieren disfrutar igual de las festividades. Jaén se postula como una de las mejores ciudades donde hacer tanto una cosa como la otra. Se dice que a esta capital de provincia "se entra llorando y se sale llorando", porque al estar tan infravalorada no esperas nada, pero cuando la descubres no quieres irte.

Adriana Fernández
Un museo único con recuerdos de un pasado lejano
Jaén es capital del aceite de oliva, la provincia con más castillos de España y la que cuenta con una de las historias más completas. A simple vista podría parecer mentira que sea una gran desconocida, pero así es. Sus orígenes se remontan al paleolítico, pero no es hasta que se asientan los íberos cuando se convierte en una urbe de gran importancia. Algo que queda plasmado en el Museo Íbero, el único que existe en todo el mundo de este tipo.
Después llegaron los romanos. El municipio pasó a llamarse Auringis y se construyeron edificaciones como acueductos para mejorar la vida allí. En el siglo V, los visigodos invadieron el territorio y, más tarde, en el VII, los árabes la convirtieron en una sede del Califato de Córdoba y la llamaron Yayyan. Tras la reconquista cristiana, adoptó la forma que hoy tiene y ya en la Edad Moderna, se transformó en un epicentro del arte renacentista andaluz.
Catedrales, miradores y palacios que desprenden belleza
De todas estas épocas hay resquicios repartidos por toda la ciudad. La Catedral de la Asunción es de los más relevantes. Se erigió en el siglo XVI sobre los restos de una mezquita. Su fachada renacentista y su interior repleto de arte sacro no hace más que demostrar la riqueza de Jaén durante la Edad Media. Desde lo alto de la torre se aprecian una de las vistas más bonitas y completas de la urbe y de todos los olivares de los que nace el mejor aceite de oliva del país.

La Catedral de la Asunción en Jaén / Istock / Jose Miguel Sanchez
Contemplar la catedral desde el punto opuesto es posible desde el mirador de la calle Duque. Se estima que la provincia de Jaén alberga 237 fortificaciones catalogadas, entre los que hay 97 castillos, atalayas y murallas. Entre ellos, la capital esconde uno de los más especiales, el Castillo de Santa Catalina, Bien de Interés Cultural. Se levantó en la época musulmana y fue ampliado durante la cristiana, por lo que representa el paso de las distintas civilizaciones por allí.

El Castillo de Santa Catalina en lo alto del cerro homónimo de Jaén / Istock / Diego Grandi
Está en lo alto del cerro de Santa Catalina. Desde allí, se puede apreciar una panorámica completa de Sierra Morena, el valle del Guadalquivir y la Sierra Mágina, que fue la frontera natural con el Reino de Granada durante siglos. También de la época árabe es el Palacio de Villardompardo, que tiene en su interior el Museo de Arte y Costumbres Populares, el de Arte Naïf y los Baños Árabes mejor conservados de Europa, ocupando 450 metros cuadrados.
Cierre de gastronomía y naturaleza
Para los amantes del turismo gastronómico, Jaén no tiene nada que envidiar al norte de España, que suele considerarse el mejor punto para comer. La pipirrana, los andrajos, el lomo de Orza, el ajoatao, los roscos de Jaén o los pestiños (típicos de muchas otras zonas también fuera de Andalucía) son algunos ejemplos de la riqueza culinaria jiennense, que pueden degustarse a lo largo y ancho del casco antiguo de la ciudad.

Vista de Jaén con la Catedral en el centro / Istock / AndresGarciaM
Además, no puede faltar la Ruta del Aceite, donde, además de realizar catas del llamado oro líquido, se visitan almazaras para conocer el proceso de producción. Y si todavía queda tiempo, ningún viajero debería perderse los Jardines de Jabalcuz, la Vía Verde del Aceite en bicicleta o la ruta de la Pandera. Incluso hacer una escapada de un día a lugares cercanos como Viso del Marqués, el pueblo que esconde un palacio renacentista en mitad de La Mancha.
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