En busca de Los Encantados, el soberbio paisaje de montaña de los Pirineos

Un lugar emblemático del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici.

Bienvenidos a uno de los paisajes más soberbios de España..
Bienvenidos a uno de los paisajes más soberbios de España.. / Abel Cerezuela Sanjulián | Wikicommons

Es la postal con mayúsculas del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, una estampa plena de serenidad que nos trasmite la naturaleza en su estado más puro y un rincón único y fascinante para explorar de la provincia de Lleida. Los Encantados, todo un símbolo, nos esperan con su silueta en el horizonte para volvernos a enamorar de los Pirineos.

Adriana Fernández

Dos siluetas y una leyenda

Nos desplazamos hasta la parte central de los Pirineos, en la provincia de Lleida, en la que se avecinan las cumbres más elevadas de toda Cataluña, en el histórico territorio del Pallars, donde reina el célebre Pica d’Estats como abanderado de un área montañosa excepcional.

Vista de Los Encantados.

Vista de Los Encantados.

/ Istock / Dabitxu7

En el interior del Pallars Sobirá, la parte más septentrional de la comarca, con la huella imborrable de un territorio marcado por la difícil accesibilidad que lo ha determinado a lo largo del tiempo, aparece el término administrativo municipal de Espot. Estamos dentro de los límites del único parque nacional de toda la región catalana, el Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, un espacio protegido desde mediados del siglo XX, de relieves abruptos y valles de aguas tortuosas que le dan nombre y unos paisajes grandiosos que dejan boquiabiertos a quienes los admiran.

Al reconocer el icono oficial del parque nacional vemos la silueta de dos picos y una masa de agua y pronto nos damos cuenta de que no son otra cosa que Los Encantados y el lago de San Mauricio, la imagen por excelencia de este sector pirenaico, de una belleza imponente que atrae hasta este lugar tanto a los amantes de la naturaleza como a los escaladores que buscan desafíos en medio de paisajes espectaculares.

Pallars Sobirá en Lleida.

Pallars Sobirá en Lleida.

/ Istock / Fran Caballero Olea

Los Encantados se muestran soberbios. Dos crestas casi gemelas de granito y pizarra que se reflejan como en un cuadro perfecto sobre las aguas del lago de San Mauricio, situado a sus pies. Ya decía Henri Brulle, el fundador del pirineísmo, que “no se conocen los Pirineos cuando no se conocen los Encantats”, en una frase que ha pasado a la historia y que transmite a la perfección la importancia y el simbolismo de este par de picos.

El Pequeño Encantado, con 2738 metros y el Gran Encantado, de una altitud de 2747, separados por una gran brecha en el medio de ambos, son sin duda unas de las montañas más emblemáticas de los Pirineos. Su curioso y atrayente nombre procede, como no podía ser de otra manera, de una leyenda. Se dice que, durante una romería en la ermita de San Mauricio, dos cazadores, en vez de participar en ella, subieron a la montaña en busca de rebecos, pero fueron castigados de forma divina por su ausencia quedando petrificados y convertidos en dos esbeltos picos.

Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici.

Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici.

/ Istock / Ivan Faure

La conexión con la naturaleza

El entorno y el enclave donde se sitúan Los Encantados es excepcional. El valle del río Noguera Pallaresa discurre entre elevaciones montañosas con grandes desniveles que sirven de acicate para las aguas que llegan hasta las partes más bajas y alimentan el lago de San Mauricio. En una de esas vertientes corre el río Escrita, afluente del Noguera Pallasera y emisario del lago, dando identidad al valle de Espot en la parte oriental del parque nacional y mostrándonos el camino de una de las entradas tradicionales hacia este precioso espacio protegido.

El río Noguera Pallaresa a su paso por el pueblo Gerri de Sal.

El río Noguera Pallaresa a su paso por el pueblo Gerri de Sal.

/ Istock / ToniFlap

El característico paisaje de prados que conecta los espacios boscosos con las partes más altas presenta una conjunción natural sublime que invita a la conexión profunda con la naturaleza. A medida que se asciende hacia las cumbres los paisajes se transforman en una mezcla de rocas, nieve - en invierno - y plantas adaptadas al clima montañoso, lo que refuerza la sensación de estar en un lugar casi inaccesible y salvaje.

Además, al incuestionable valor paisajístico de este enclave se une una rica biodiversidad de la zona, en la que habitan un gran número de especies que van desde águilas reales hasta quebrantahuesos, pasando por rebecos o armiños. Todo ello contribuye a ese ambiente mágico que es fácil percibir en este lugar majestuoso donde no podemos sino apreciar aún más el valor de los Pirineos.

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