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Parece el Amazonas, pero es Galicia: es uno de los bosques mejor conservados de Europa y tiene un monasterio benedictino de más de 1.000 años

Es uno de los parques naturales más singulares de Galicia, donde el paisaje se recorre a pie entre vegetación continua y termina en un monasterio con más de 1.000 años de historia.

El Monasterio de San Xoán de Caaveiro

El Monasterio de San Xoán de Caaveiro / Istock / MONICA VILA FERREIROS

Galicia es tierra de leyendas por los misterios que esconden sus fragas cargadas de bruma y neblina. Estos bosques autóctonos son auténticos microclimas húmedos que te transportan a lugares tan lejanos como el Amazonas.

Fragas do Eume

Fragas do Eume / Istock / Benito Juncal

Pero para tener esa sensación no hace falta ir tan lejos. En las Fragas do Eume, el camino se mete en el valle, sigue el río y el bosque lo cubre todo. A medida que avanzas, la vegetación se vuelve más densa y la luz entra peor, pero consigue colarse, al igual que lo hace el sonido constante del río.

Es el bosque petrificado mejor conservado del mundo: está en España, declarado Interés Geológico Mundial y tiene árboles en posición de vida

Adriana Fernández

Un recorrido junto al río que marca el ritmo de la visita

La forma más habitual de conocer las Fragas do Eume es siguiendo la carretera que se adentra en el parque desde la zona de Pontedeume hasta el área de acceso restringido, donde comienza el tramo a pie.

Fragas do Eume

Fragas do Eume / Istock

Desde ahí, el sendero principal discurre paralelo al río Eume. Es un camino cómodo, sin grandes desniveles, así que puedes recorrerlo sin dificultad disfrutando del paisaje de robles, castaños, helechos y musgo que cubren prácticamente todo el espacio visible.

El monasterio en el interior del bosque

Después de varios kilómetros de recorrido aparece uno de los puntos más singulares del parque y que suma otro nivel a ese grado de misticismo: el Monasterio de San Xoán de Caaveiro.

El Monasterio de San Xoán de Caaveiro

El Monasterio de San Xoán de Caaveiro / Istock / Benito Juncal

Está construido sobre un montículo rocoso, rodeado completamente por el bosque, lo que refuerza la idea de aislamiento y de que en cualquier momento puede aparecer un ser sacado de alguna leyenda.

Sus orígenes se remontan a la Alta Edad Media (siglo IX), aunque gran parte de lo que se ve hoy corresponde a reconstrucciones posteriores, ya que fue abandonado durante décadas y cayó prácticamente en la ruina.

Durante siglos, el monasterio estuvo habitado por comunidades religiosas que buscaban un retiro dentro del Parque Natural Fragas do Eume.

Qué hace especial a lass Fragas do Eume dentro de Galicia

Aunque Galicia está asociada a paisajes verdes, lo que ocurre en las Fragas do Eume es distinto porque se trata de uno de los mejores ejemplos de bosque atlántico en Europa, con un ecosistema que se ha mantenido prácticamente intacto gracias, en parte, a su difícil acceso histórico y a la protección actual como parque natural.

Fragas do Eume

Fragas do Eume / Istock / Benito Juncal

El río Eume, que funciona como eje de todo el sistema y marca el recorrido, condiciona este microclima de humedad alta, temperaturas moderadas, creando un entorno que favorece el crecimiento continuo de vegetación.

Cómo organizar la visita

La forma más clara de recorrer las Fragas do Eume es seguir el itinerario clásico hacia el Monasterio de San Xoán de Caaveiro. No tiene pérdida y concentra lo esencial. El recorrido principal suele situarse en torno a los 7 kilómetros, dependiendo del punto exacto de inicio. La dificultad está más en la duración que en el desnivel.

El punto de inicio habitual es la zona de acceso restringido donde termina la carretera (en temporada alta se llega en bus lanzadera). Desde ahí, el camino arranca prácticamente llano, siguiendo el curso del río.

Durante el primer tramo, el recorrido es muy cómodo. Se avanza por pista ancha, siempre con el agua a un lado y el bosque cerrándose poco a poco. A medida que se avanza, el bosque se vuelve más denso y aparecen tramos con más sombra y más humedad. Tras casi 3 kilómetros aparece el desvío señalizado hacia el monasterio y aquí la subida es más pronunciada e irregular, aunque sigue siendo accesible. La vuelta se hace por el mismo camino.