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El bosque de secuoyas más grande de Europa está en España y tiene árboles de 40 metros de altura: ubicados en un valle húmedo del norte y declarados Monumento Natural

Se plantaron en los años cuarenta para acabar convertidas en madera. Ninguna se cortó. Casi ocho décadas después siguen en pie 848, y lo que las daña ahora son los pasos de quienes van a verlas.

Un bosque de secuoyas... en el norte de España.

Un bosque de secuoyas... en el norte de España. / Istock

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En 2003, el Gobierno de Cantabria declaró Monumento Natural una parcela de secuoyas rojas: 848 árboles plantados en la segunda mitad de los años 40, cuando nadie pensaba en protegerlos. Se pusieron en la tierra para que crecieran rápido y acabaran convertidos en madera, en pleno empeño por depender lo menos posible de las importaciones. Pero finalmente nunca llegaron a cortarse. Y ahí está su gracia... porque ver en Cantabria la especie de secuoya californiana es en sí sorprendente porque no crece de manera natural en la región.

Altura de una secuoya y la de un hombre

Altura de una secuoya y la de un hombre / Istock

Ochenta años después la amenaza ha cambiado: ya no hay miedo a que sean talados, sino a la cantidad de gente que los visita. Solo en dos meses del verano de 2024, para que te hagas una idea, pasaron cerca de 70.000 personas por una de sus dos entradas. Y eso, para preservar este bosque, no es la mejor de las noticias. Eso no significa que no puedan visitarse... solo hay que ser un viajero con conciencia de donde está, de cómo hacer la visita y como proteger este delicado ecosistema. Se trata del Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, en Cantabria, y es uno de esos lugares que uno no cree que puedan estar en España.

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Sara Fernández García

848 árboles en 2,5 hectáreas: el récord y su letra pequeña

Para visitar el parque se tienen que recorrer alrededor de dos hectáreas y media, que se cruzan en una ruta circular de unos dos kilómetros. Basta un paseo tranquilo para verlas por completo, y ahí es donde entra la letra pequeña de su récord. El bosque del Monte Cabezón se presenta como el mayor bosque de secuoyas de Europa, pero el título depende de como se cuenten. Porque, por ejemplo, en Gondomar, Pontevedra, hay unas 1.200 secuoyas repartidas en 6 hectáreas... pero plantadas hace poco y todavía jóvenes. Y eso es lo que diferencia a las de Cabezón que, al uso, es el mayor bosque de secuoyas adultas que puedes ver en España. Para que me entiendas: las de Pontevedra son, todavía, pequeños árboles que tienen que crecer.

Secuoyas en Cabezón de la Sal.

Secuoyas en Cabezón de la Sal. / Istock / Javier Castro

Estas, como explica el poco parque, forman un bosque tan cerrado que bajo las copas apenas es imposible que crezca nada. Esto se debe a la sombra y la altura que estas alcanzan. Para visitarlas se entra por una pasarela de madera de 200 metros, curvada y adaptada para personas con movilidad reducida. Tiene hasta un mirador, para ver las copas de los árboles desde arriba, que es una buena forma de hacerse la idea de cómo son estos gigantes en la tierra.

36 metros, 40 metros: cuánto miden de verdad

En Cabezón verás secuoyas grandes... pero no tan grandes. Para que te hagas una idea tienes que fijarte en la altura de Hyperion, la secuoya roja más alta del mundo en el Parque Nacional Redwood de California, que tiene una altura de 115 metros. Las de este bosque cántabro tienen una altura de 36 metros de media, según el Gobierno de Cantabria. Las más altas se acercan a los 40 metros y tiene un perímetro medio de 1,6 metros. Y, aunque parezca poco... es la misma altura que un edificio de 14 plantas.

Bosque de secuoyas al atardecer en Cabezón de la Sal, Cantabria

Bosque de secuoyas al atardecer en Cabezón de la Sal, Cantabria / Istock

Las que ves en este bosque tienen unos 80 años y, en su especie, es una edad bastante temprana. Una secuoya joven puede crecer hasta 1,80 metros al año entre los cuatro y los diez primeros años de vida, y esa velocidad fue la que las llevó a Cantabria. Pero esto no es nada... pues es una especie que puede vivir hasta 1.000 años.

Un truco para los que quieran la primera impresión más impactante es empezar el recorrido por la Senda de la Tejera, en el extremo occidental del parque, que es la que muestra primero los ejemplares más altos.

Sequoyas del monte Cabezon

Sequoyas del monte Cabezon / Istock

Un bosque que se desgasta y cómo visitarlo sin hacerle daño

"Cada año viene más gente, sobre todo a raíz de la pandemia", dijo el alcalde de Cabezón de la Sal, Óscar López, a Europa Press en febrero de 2025. Meses antes, en octubre de 2024, había hablado con ifomo.es de unas 60.000 visitas entre el 15 de julio y el 15 de septiembre, una media de 800 al día. En otra ocasión ha llegado a cifrar en 200.000 los visitantes anuales, que no es poca cosa.

Bosque de secuoyas de Cabezon de la Sal, Cantabria

Bosque de secuoyas de Cabezon de la Sal, Cantabria / Istock / MONICA VILA FERREIROS

Sobre el terreno, el desgaste se ve en la corteza dañada por los abrazos y los trozos que algunos se llevan de recuerdo, en raíces que han quedado al aire por la erosión y en el suelo pisado. Ecologistas en Acción advirtió en julio de 2024 del deterioro de troncos, suelo y raíces. El alcalde apuntó en febrero de 2025 que los daños recientes eran "muy pequeñitos" comparados con los de años anteriores, y los atribuyó a los carteles de concienciación que colocaron los vecinos.

Bosque de secuoyas del Monte Cabezón en Cabezón de la Sal, Cantabria

Bosque de secuoyas del Monte Cabezón en Cabezón de la Sal, Cantabria / Istock

Lo que se ha estudiado para paliar estos efectos es la cita previa y un control de acceso, con personal o tornos en las dos entradas, en temporada alta y en fines de semana de mayo a octubre. El Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento trabajan juntos en ese estudio con unas estimaciones de un tope de 400 personas al día, con entrada gratuita. A día de hoy la visita sigue siendo libre y sin reserva y tampoco existe una norma que prohíba tocar los árboles: solo la recomendación del Ayuntamiento de no abrazarlos y, sin vigilancia en el recinto, el cumplimiento depende de cada visitante.

Por eso cuenta lo que haga cada uno al pisar el sendero y hay unas cuantas cosas que tienes que tener en la mente antes de visitarlo:

  • Los troncos no se abrazan ni se les arranca corteza, aunque parezca que se desprende sola.
  • Se camina por la pasarela y por los caminos marcados, porque el suelo pisado y las raíces al aire son el daño que más se nota.
  • Lo que se lleva al bosque se trae de vuelta, envoltorios incluidos.

También ayuda elegir cuándo ir: las primeras horas de la mañana y los días laborables son los de menos gente. Conviene evitar la segunda quincena de junio, la primera de septiembre y los fines de semana de mayo a octubre, los periodos en los que el Ayuntamiento quiere regular la entrada. Con la humedad del monte, el suelo resbala y las pasarelas mojadas también, así que la suela con agarre y el paso lento en los tramos de madera evitan caídas y salidas del camino.