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El bosque prehistórico de España que tiene un abeto único en el mundo: fue el único superviviente de la última glaciación mundial (y está en peligro de extinción)

Entre España y Marruecos solo hay siete bosques de esta especie de abeto que han logrado sobrevivir a las inclemencias del tiempo.

Es uno de los bosques más antiguos de toda España y está en Andalucía

Es uno de los bosques más antiguos de toda España y está en Andalucía / Istock

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Hace millones de años, el planeta Tierra sufrió la última glaciación de su historia. Fue a causa de un cambio climático -muy distinto al que vivimos hoy en día, pero con el mismo nombre- que acabó con numerosas especies que hoy vemos muy lejanas como el mamut, el mastodonte, el tigre de sable, el rinoceronte lanudo o el oso de las cavernas. El ser humano consiguió sobrevivir, pero no fue el único, pues también lo hicieron muchos tipos de plantas.

La clave está en la capacidad de adaptación. Había animales que no podían subsistir a temperaturas tan bajas o que no tenían los recursos suficientes para hacerlo. Se conocen al menos cinco grandes glaciaciones: la Hurónica, la Criogénica, la Andina-Sahariana, la Karoo y la Cuaternaria -en la que en teoría nos encontramos todavía pero en una fase cálida interglacial-. Ha habido un bosque en España que ha soportado todos estos cambios.

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Adriana Fernández

Entre Málaga y Cádiz

Gracias al aislamiento, todavía se conservan pinsapos en la sierra de Grazalema, entre las provincias andaluzas de Málaga y Cádiz. Esta especie lleva aquí tanto tiempo que ha podido conocer a los dinosaurios, ha soportado condiciones climatológicas de todo tipo, desde incendios o visitas incontroladas hasta explotación forestal y las glaciaciones. Hoy en día están protegidos en lugares como la Reserva de la Biosfera Sierra de Grazalema o el Paraje Natural Los Reales de Sierra Bermeja.

El Pinsapar de la Sierra de Grazalema

El Pinsapar de la Sierra de Grazalema / Istock / Alberto Lopez Benitez

El pinsapo crece exclusivamente en Andalucía, de ahí la importancia de protegerlo. Para crecer hasta los 25 metros de altura que puede alcanzar necesita una humedad notable y una aridez estival muy marcada. Aunque también le hace falta esa cantidad de lluvia que cae en la sierra -más de 2.000 litros por metro cuadrado anuales-. En esta zona de la región se extiende a lo largo de 400 hectáreas en un espacio que se llama Pinsapar de Grazalema.

La ruta para conocer los pinsapares de Grazalema

Adentrarse en él es posible a través de la Ruta del Pinsapar, entre Grazalema y Benamahoma. Se trata de una ruta de senderismo de 10,5 kilómetros que llegan hasta el pueblo de Benamahoma. Además de pinsapares en la vertiente norte de la sierra de las Cumbres y la sierra del Pinar, por el camino se pueden observar otras especies como quejigos y encinas. Es importante saber que para realizar la ruta hay que pedir permiso en la oficina del Parque Natural.

El Pinsapar de la Sierra de Grazalema

El Pinsapar de la Sierra de Grazalema / Istock / Alberto Lopez Benitez

Para aquellos que pretendan disfrutar de este maravilloso lugar, solo se puede entre el 1 de junio y el 15 de octubre de cada año y se debe entrar acompañado de una de las empresas de turismo activo de la zona. Comienza en Las Canteras, a dos kilómetros del pueblo de Grazalema, y sigue por la carretera del Puerto de las Palomas. Desde el Puerto de las Cumbres se puede apreciar el punto más alto de Cádiz, el Torreón en la Serranía de Ronda.

A medida que se va abriendo paso en pinsapar, el visitante se empieza a sentir en el periodo Terciario. Esa vegetación que allí crece es muy similar a la que existía en Europa hace millones y millones de años. Más adelante aparece un gran pozo de nieve que antiguamente abastecía de hielo a los vecinos de la zona, llegando incluso al Coto de Doñana. Es una ruta muy húmeda -es una de las zonas más lluviosas de España- y que dura unas 4 horas y media.

Parte de la Ruta del Pinsapar en Grazalema

Parte de la Ruta del Pinsapar en Grazalema / Wikicommons. Cayetano Ruiz de Alarcón Quintero

El pinsapo ha sido objeto de estudio desde que Simón de Rojas Clemente y Rubio, naturalista español, obtuvo la primera evidencia de su existencia en 1810. Con la era postglacial, se perdieron muchos ejemplares y, más tarde, desaparecieron otros tantos debido a la tala masiva que se produjo allí a principios del siglo XX. En 1971, por fin, pasó a manos del Estado y comenzó su protección deliberada, hasta que la Unesco lo consideró Reserva de la Biosfera.