El bonito pueblo de Ávila donde creció Isabel la Católica es también el primer Conjunto Histórico-Artístico de la provincia
Este precioso pueblo de Ávila destaca tanto por su historia como por su belleza.

En el año 1451 nacía una niña que se convertiría en Isabel I de Castilla, una de las reinas más influyentes de la historia de España. Se convirtió en reina en 1474, ya casada con Fernando de Aragón. Ambos sentaron las bases de la unificación del territorio español bajo una misma corona, algo que nunca antes se había hecho. Durante su reinado se financió el primer viaje de Cristóbal Colón a América, se culminó con éxito la Reconquista y se promovió la Inquisición.
La reina también adoraba viajar y conocer España, y uno de sus lugares favoritos sigue siendo, a día de hoy, uno de los pueblos más bonitos de Ávila, que destaca, sobre todo, por ser uno de los conjuntos mudéjares mejor conservados del país. Se trata de Arévalo, ubicado a tan solo 50 kilómetros de la capital. Si bien Isabel I no nació aquí, sí pasó buena parte de su infancia junto a su madre, Isabel de Portugal.

Esta villa fue la primera en ser declarada Conjunto Histórico-Artístico de la provincia en 1970. Los motivos son muchos y no pasan desapercibidos. Arévalo es un pueblo en el que todavía se respira la esencia castellana, con un castillo que corona el casco antiguo repleto de testimonios de la arquitectura típica medieval de la zona. Además, otro de los grandes atractivos de la villa es el legado de la reina de Castilla.
Una villa que recuerda a su reina
A día de hoy existe la llamada Ruta de Isabel, que pasa por Madrigal de las Altas Torres -donde nació-, Arévalo -donde pasó su infancia- y Medina del Campo -donde murió-. En Arévalo no se conserva el palacio donde vivió, pero sí un castillo desde donde se puede contemplar el paso de los ríos Adaja y Arevalillo entre alamedas y puentes medievales (el gótico de Medina y el mudéjar de los Barros). Allí sí vivió su madre y otros personajes relevantes como Juan II o la reina doña Blanca.

Isabel I de Castilla llamaba a Arévalo la "mi villa" y es que el cariño que sentía hacia ella todavía se palpa en sus calles. Según las crónicas de la época, la reina vio correr toros embolados en la plaza de la Villa, uno de los mejores ejemplos de plaza tradicional castellana. En torno a ella se concentran el ábside de Santa María y las torres gemelas de San Martín, de estilo mudéjar, además de las casas de madera y ladrillo con soportales de piedra.

También estaba erigido cuando Isabel era pequeña el arco de Alcocer, tras el que se alza una estatua que se conoce como 'la Isabelilla' en la plaza del Arrabal, el centro comercial desde el siglo XII. A su alrededor se concentran los restaurantes que sirven los platos más tradicionales, como el cochinillo asado, o dulces como mantecadas y jesuitas. Arévalo es en sí misma una joya del arte mudéjar y de la historia española, pues no solo Isabel la sintió como propia.
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