Ni Besalú ni Peratallada: el pueblo medieval más bonito de Cataluña es un desconocido que esconde un laberinto de callejuelas

Mura es uno de esos lugares que no aparece en las primeras páginas de las guías turísticas, pero que sorprende profundamente a quienes lo visitan.

Un pueblo que conserva intacto su casco antiguo con su laberinto de calles estrechas y casas de piedra.
Un pueblo que conserva intacto su casco antiguo con su laberinto de calles estrechas y casas de piedra. / Turismo de Cataluña

Cataluña está repleta de joyas medievales que parecen haberse detenido en el tiempo. Besalú, con su puente románico que hipnotiza a cada visitante, al igual que Peratallada con sus calles adoquinadas y su ambiente encantador, son dos de los pueblos más fotografiados y celebrados de la región.

Sin embargo, hay un lugar que permanece en un discreto segundo plano, lejos del turismo masivo: Mura, un pequeño pueblo del Bages, situado en pleno Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, que encarna como ningún otro la esencia de un pueblo medieval catalán.

Adriana Fernández

Y es que Mura no sólo conserva intacto su casco antiguo, con su laberinto de calles estrechas y casas de piedra, sino que también ofrece una experiencia íntima, casi espiritual, algo difícil de describir. Allí no existen las tiendas de souvenirs ni las hordas de turistas haciendo cola para la foto perfecta. En Mura, la belleza se descubre paso a paso, sin filtros.

Ubicado a apenas una hora de Barcelona, Mura es uno de esos lugares que no aparece en las primeras páginas de las guías turísticas, pero que sorprende profundamente a quienes lo visitan. La carretera que lleva hasta el pueblo serpentea entre montañas y bosques, y ya desde el momento en el que se inicia el trayecto uno intuye que el destino es especial.

Pueblo medieval de Mura.

Pueblo medieval de Mura.

/ Istock

El casco antiguo de Mura es algo compacto, pero absolutamente encantador. La piedra domina cada rincón: casas, calles, muros, escaleras... todo construido con una coherencia estética que ha resistido al paso del tiempo y al urbanismo moderno. La iglesia de Sant Martí, de origen románico, es uno de sus puntos más emblemáticos, pero no el único. Hay ermitas, antiguos molinos, y rincones con nombres que parecen salidos de un cuento.

Lo que distingue a Mura de otros pueblos medievales más conocidos es su conexión directa con la naturaleza. Desde el mismo centro del pueblo parten múltiples senderos que llevan a cuevas, miradores, y fuentes naturales. La cueva de Mura es uno de los secretos mejor guardados: una formación natural a la que se accede tras una corta caminata, ideal para quienes buscan aventura sin alejarse del núcleo urbano.

Pueblo medieval de Mura.

Pueblo medieval de Mura.

/ Istock

El pueblo también guarda muy buena relación con sus tradiciones. Y es que sus más de 200 habitantes luchan por mantener vivas las fiestas populares, el mercado de productos artesanales, y eventos como la Festa del Tió en diciembre, donde todo el pueblo se llena de troncos mágicos (tions) decorados para la ocasión.

Una gastronomía de kilómetro cero

Mura no sólo es un festín visualmente hablando, también lo es para el paladar. Aquí los restaurantes apuestan por la cocina local, con productos de temporada y recetas tradicionales. El jabalí guisado, los embutidos artesanales y las setas locales son protagonistas en la mayoría de los menús. Todo ello acompañado por vinos del Pla de Bages, una denominación de origen que cada vez gana más reconocimiento.

Pueblo medieval de Mura.

Pueblo medieval de Mura.

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Además, algunos establecimientos ofrecen experiencias gastronómicas únicas, como cenas en antiguos molinos o catas de vino en bodegas excavadas en la roca. Un lujo sencillo, sin pretensiones, pero profundamente auténtico.

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