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Todo el mundo conoce Bermeo, pero casi nadie esta isla de 700 metros donde una teja decide quién manda cada verano: con un convento franciscano y una romería marítima

Las leyendas se entremezclan con la historia en esta curiosa isla en medio del Cantábrico.

La isla en medio del Cantábrico que el alcalde visita una vez al año

La isla en medio del Cantábrico que el alcalde visita una vez al año / Istock / Erlantz Perez

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En medio del mar Cantábrico, justo frente a la costa vasca, aparecen unas pequeñas masas de tierra en forma de islotes. Quien ha estado en Bermeo quizá ha oído hablar de alguna leyenda o de la existencia de una isla misteriosa, pero no todo el mundo la conoce. Se trata de la isla de Izaro, para los habitantes de Urdaibai, un lugar magnético y repleto de historias que nadie puede jurar si son ciertas o invenciones de las gentes de pueblos cercanos.

Se encuentra a tres kilómetros de Bermeo y a 2,2 de Mundaka, aunque pertenece al primero. Es un rincón que, a pesar de ser pequeño, cuenta con mucha historia real y legendaria. En el año 1422, Bermeo cedió la isla a los franciscanos y media docena de frailes se mudaron a vivir allí. En teoría, ya había una ermita, la de Santa Magdalena, y ellos sumaron un convento. Esta historia sí es verdadera, pero lo que se cuenta después es lo que no se sabe a ciencia cierta.

La isla más bonita de las Canarias tiene un solo habitante: dicen que tiene "las aguas más azules del mundo"

Adriana Fernández

Leyendas de frailes y sirenas

Una de ellas cuenta que uno de los frailes más jóvenes se enamoró de una chica bermeana. Cada noche, iba y volvía a nado desde la isla, porque decían que estaba cerca de la costa. Para guiarle, ella colocaba un candil en su ventana, hasta que un día, un familiar -en algunas versiones es el diablo- les descubrió, y la noche siguiente colocó el candil en un acantilado muy alejado del pueblo. Así que el fraile, se acabó ahogando y muriendo por amor.

La costa vasca con el islote de Izaro al fondo

La costa vasca con el islote de Izaro al fondo / Istock / Erlantz Perez

También se dice que, en ocasiones, se ven lamias, que es como se llama a las sirenas en euskera. Algunas leyendas aseguran que vivían entre Izaro e Ibarrangelu, en las rocas de Otzarri que solo pueden verse cuando baja la marea. A veces también se desplazaban hasta Lamerapunte, en el puerto de Bermeo, donde atraían a los marineros con sus cantos. De ahí, los llevaban hasta Ogoño y los ahogaban. Aunque la historia más escuchada es la de las regatas.

La regata que ha acabado en romería

El día de la Magdalena hace muchos años, al parecer, Mundaka y Bermeo se disputaron el dominio de la isla con una regata, siendo el pueblo de Elantxobe el juez. Al cantar el gallo, debían salir de sus pueblos, y el primero que llegara, ganaba. Ganó Bermeo, pero los mundakeses afirman que los bermeanos hicieron trampas emborrachándolos o haciendo cantar al gallo antes de tiempo. Según dónde se pregunte, la versión es diferente.

El puerto de Bermeo de donde salen las regatas

El puerto de Bermeo de donde salen las regatas / Istock / TONO BALAGUER

Ahora, cada 22 de julio, Fiesta de la Magdalena, Urdaibai se viste de azul mahón y conmemora aquella regata del siglo XVIII. Ese día salen los alcaldes en un barco bonitero, con toda una procesión de embarcaciones que les siguen. Bajo los cánticos de la canción de la María Magdalena, el alcalde certifica su jurisdicción arrojando una teja al mar, simbolizando que lo que queda bajo ella tiene dueño y es Bermeo. La romería continúa hasta Elantxobe, donde el alcalde ofrece su makilla al bermeano hasta que regrese por la tarde.

Un entorno ideal para las anchoas y el relax

Más allá de las leyendas que tanto la caracterizan, Izaro está en un entorno de ensueño, rodeada por el azul intenso del mar donde se respira el aire más puro de todo el país. Está protegida y, a pesar de contar solo con 700 metros, es la isla más grande de la costa vasca. Su completo aislamiento tiene partes positivas, porque es más fácil de preservar, pero también negativas, como que a veces cae en el olvido o que durante años fue el acceso a la costa para piratas.

La isla de Izaro vista desde el monte Ogoño

La isla de Izaro vista desde el monte Ogoño / Istock / Carlos Larretxi

Actualmente se considera un tesoro escondido al que solo se puede acceder con permiso explícito del Ayuntamiento. Izaro es la memoria viva de la riqueza cultural y la tranquilidad de las costas vascas, que ha sido un punto de referencia para los pescadores durante siglos. De hecho, se dice que allí se pescaban las anchoas más deliciosas del Cantábrico. Solo hay que degustar la gastronomía de la zona de Bermeo para descubrir que eso, seguramente, no era ninguna leyenda.