El balneario con encanto modernista que se esconde en Girona: a medio camino entre la costa y la montaña, tiene más de un siglo de historia
Aguas que brotan calientes desde tiempos inmemoriales, jardines centenarios y arquitectura singular: así es bañarse en las aguas más míticas de España.

Esta historia comienza en 1870. Fue entonces cuando el médico naturista Modest Furest i Roca, de Gerona, se alojó en Caldes de Malavella y se sorprendió al ver el efecto sanador que las aguas del manantial conocido como Puig de les Ànimes tenían en el ganado.

Como estudioso de hidroterapia, decisió analizarlas y descubrió una composición rica en sales y carbonato. En 1881, Furest compró el manantial y los terrenos circundantes con una idea clara: construir un balneario inspirado en los grandes centros termales europeos. Crear la versión catalana de Vichy. O, en otras palabras, el Vichy Catalán, como nombraría su recién estrenado negocio. ¿Te va sonando?
La historia del balneario Vichy Catalán
Las obras comenzaron en 1891 y el balneario se inauguró en 1898, aunque su impulso definitivo llegó cuando Furest i Roca convenció a cuatro indianos catalanes —Buenaventura Blay Milà, José Ferrer Torralbas, José Serradell Amich y José Vías Camps— de entrar en el negocio como socios capitalistas. En 1900 se fundó la Sociedad Anónima Vichy Catalan y la rueda ya no se detuvo.
Para empezar se diseñó un edificio. La obra de los arquitectos Cayetano Buigas, Manuel Almeda y Frederic Porcalla –remodelada por Isidre Bosch en 1909– empleó la estética neomudéjar de estilo historicista para remitir a los antiguos baños árabes. Hay elementos claramente inspirados en la Alhambra de Granada, como los arcos coloreados o su fuente de leones. El conjunto es espectacular y forma hoy parte del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña.

Hoy el Hotel Balneario Vichy Catalan cuenta con 83 habitaciones y 3 suites, además de una capilla modernista dedicada a San José y San Esteban. Su interior combina tradición y modernidad: restaurante, spa, centro termal, salas de convenciones, gimnasio, pista de pádel y una amplia oferta de bienestar que, por supuesto, gira alrededor de sus aguas.
Más allá de su impresionante edificio, uno de los lugares más atractivos del complejo está en sus 20.000 metros cuadrados de jardines, donde los árboles centenarios crean rincones que parecen pequeños escenarios modernistas.

Qué visitar en una estancia en el Balneario Vichy Catalán
Ubicado en Caldes de Malavella, la villa termal por excelencia de La Selva, el balneario se sitúa en un cruce privilegiado: a un paso de Girona, de la Costa Brava y del Pirineo, lo que la convierte en el punto de partida perfecto para recorrer la región noreste de la Península.
Aguas curativas desde tiempos inmemoriales
El médico catalán no fue el primero en aprovechar los beneficios de estas aguas. Yacimientos arqueológicos revelan que aquí se levantaron unas termas romanas de las cuales las actuales instalaciones son herederas directas; y el manantial gozaba de fama desde hacía milenios.

Las aguas del balneario fueron declaradas de utilidad pública en 1883. Furest i Roca aprovechó las Exposiciones Universales de aquellos años para darlas a conocer a nivel internacional y catapultar su fama.
A día de hoy, su carta termal incluye tratamientos y masajes que siguen la tradición hidroterápica del XIX, pero también se combinan con técnicas actuales para el descanso y el bienestar.
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