¿Te atreves a bordear Menorca entera? Así es el Camí de Cavalls

Cada vez más personas se lanzan a descubrir este maravilloso recorrido... ¡de 185 kilómetros!

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Balate Dorin / ISTOCK

Desde que hace poco más de una década el histórico Camí de Cavalls de Menorca pasase a constituir de manera plena un camino público, integrado dentro de las Senderos de Gran Recorrido de Europa bajo la denominación de GR-223, no ha parado de ganar adeptos a la hora de conocer la isla.

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El Camí de Cavalls nos permite empaparnos de las muchas cualidades de Menorca de una manera diferente, descubrir una de las mayores concentraciones de restos arqueológicos de toda Europa, admirar paisajes costeros increíbles y percibir de manera cercana los modos de vida tradicionales de esta bella porción de las Islas Baleares.

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El placer de bordear una isla única

Los 185 kilómetros que conforman el Camí de Cavalls, perfectamente señalizados – existen marcas, hitos o paneles cada pocas decenas de metros – y divididos en etapas bien planificadas – un total de veinte -, suponen una oportunidad de oro para circunvalar la isla de Menorca y vivir una aventura al alcance de muchos.

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Llamado así por su supuesto origen medieval, cuando el rey Jaume II estableció en el siglo XIV una ordenanza que obligaba a defender la costa de Menorca apostando cada cierto tramo un caballero (un jinete con su correspondiente monta), fue durante siglos utilizado como vía de comunicación y camino de vigilancia de la línea litoral.

Abandonado durante el siglo XX al perder su viejo uso, fue relegado poco a poco al olvido hasta que los habitantes de la isla lo pusieron en valor impulsando su recuperación. Fue así como, a principios del presente siglo, fue reconocido legalmente para su uso público, acondicionándose y despegando como atracción turística a partir de 2010.

Discasto

Gracias a ello podemos hoy en día disfrutar de una alternativa muy seductora a las maneras tradicionales de adentrarnos en el universo menorquín. Un universo, declarado por la Unesco en 1993 Reserva de la Biosfera, que es una auténtica joya paisajística y natural, además de una reliquia arqueológica gracias al gran número de sitios patrimoniales de este tipo catalogados en la isla, siendo los principales distintivos los que corresponden a la cultura talayótica.

20 etapas de pura diversidad

El Camí de Cavalls se puede afrontar de diferentes maneras, ya sea a pie, pedaleando en bicicleta o montando a caballo – una oda al caballo menorquín, el protagonista de las internacionalmente conocidas Fiestas Patronales de San Joan -. 

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Al estar convenientemente dividido en veinte etapas, afrontarlo se convierte en una empresa asequible, si bien no debe llevarnos a engaño la escasa altura máxima de la isla, con los 358 metros sobre el nivel del mar del Monte Toro, pues el desnivel acumulado del recorrido total es bastante notable.

Los 185 kilómetros de sendero atraviesan los ocho municipios de Menorca y, al ser circular, las posibilidades para afrontarlo son infinitas. Sin embargo, las etapas guardan un orden establecido que se recomienda seguir para sacar todo el jugo a la experiencia. Partiendo del puerto de Mahón, en la misma capital de la isla, se presenta frente a nosotros un reto perfectamente asumible pero de la suficiente envergadura como para convertirse en una aventura. 

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Los vientos de la tramontana nos empujan hacia adelante para encarar un gran recorrido cargado de diversidad, en el que pasaremos, en rasgos generales, de un norte más accidentado y rico en vegetación a un sur más suavizado en cuanto el relieve aunque marcado por la presencia de barrancos, más árido pero igualmente cautivador.

Por el camino iremos dejando una gran variedad paisajística compuesta de decenas de calas y playas bellísimas, campos de cultivo, sistemas de dunas, monte mediterráneo, cuevas naturales, espacios urbanos, sitios arqueológicos de primer orden, monumentos, antiguas torres defensivas costeras y, cómo no, los siete faros de Menorca. 

Espacios como el Parque Natural de S’Albufera des Grau, yacimientos de la cultura talayótica imprescindibles como el de Torre d’en Galmés, los restos de la ciudad romana de Sanisera o miradores emblemáticos como el de Favàritx nos darán buena cuenta de que Menorca es una isla única.