Asier Hilario, doctor en geología: "En el País Vasco puedes ver en diez kilómetros de costa lo que ocurrió durante 60 millones de años seguidos. Hay muy pocos lugares en el mundo donde las cosas se vean tan claras"
El director científico del Geoparque de la Costa Vasca, declarado Geoparque Mundial de la UNESCO en 2015, desvela los secretos geológicos de una franja costera única en el mundo que guarda desde la extinción de los dinosaurios hasta los rastros de antiguos fondos marinos.

Es una de las formaciones geológicas más espectaculares del mundo, y está en España. / Istock
España es un país de una riqueza geológica extraordinaria. Desde los paisajes volcánicos de las Islas Canarias hasta los karsts de la Serranía de Cuenca, pasando por los relieves hercínicos de Extremadura o los pliegues alpinos de los Pirineos, la Península Ibérica es uno de los territorios europeos con mayor variedad de registros geológicos visibles. Pocas naciones pueden presumir de albergar en un territorio tan compacto tantas eras, tantos episodios tectónicos y tantas huellas del tiempo. Pero incluso dentro de este privilegiado mapa, hay un rincón que destaca por encima del resto: la costa vasca entre Zumaia, Deba y Mutriku.

Vista aérea de la playa de Arnia, con acantilados de flysch y Costa Quebrada / Istock
En apenas trece kilómetros de acantilados sobre el mar Cantábrico, esta franja de Gipuzkoa guarda una de las bibliotecas geológicas más completas y accesibles del planeta. Un lugar donde los estratos de roca —los llamados flysch— se elevan en vertical como las páginas de un libro gigantesco y cuentan, para quien sabe leerlas, más de 60 millones de años consecutivos de historia de la Tierra. No es metáfora: ese es el testimonio de Asier Hilario, doctor en geología y director científico del Geoparque de la Costa Vasca, el territorio declarado Geoparque Mundial de la UNESCO en noviembre de 2015 y que forma parte de la Red Europea de Geoparques desde 2010.

Adriana Fernández
El flysch de Zumaia: una maravilla de la geología
Formado en las universidades de Cardiff y del País Vasco, Asier Hilario lleva años divulgando las maravillas geológicas de esta costa con una mezcla de rigor científico y pasión comunicadora poco común. Cuando habla del Geoparque, no lo hace solo como experto: lo hace como alguien que sabe que el lugar que tiene delante es genuinamente excepcional a escala planetaria.
"Es un sitio que llama mucho la atención por la belleza estética que tiene y que hace sentirte pequeño por esa historia de millones y millones de años de nuestra tierra", explica Hilario. "La costa del Geoparque es un gran libro de historia a lo largo de diez kilómetros de costa. Hay muy pocos lugares en el mundo donde en un espacio tan pequeño podamos ver las cosas tan claras. En esas capas de roca bien visibles se leen entorno a 60 millones de años consecutivos de la historia geológica y además con facilidad, todo lo sucedido entre 110 y 50 millones de años."

Playa de Barrika al atardecer. / Istock / Dieter Meyrl
Esa claridad de lectura es lo que convierte el Geoparque en un lugar de peregrinación científica internacional. En 1980, los investigadores que formularon por primera vez la hipótesis del meteorito como causa de la extinción de los dinosaurios —uno de los hitos más importantes de la paleontología moderna— utilizaron precisamente Zumaia como campo de demostración. La famosa capa de iridio, el mineral extraterrestre que marca el momento exacto del impacto hace 65 millones de años, aflora aquí con una claridad que no tiene parangón en casi ningún otro lugar del mundo. "A partir de ahí viene mucha gente a investigar y encuentran otras cosas que hace el Geoparque sea uno de los lugares más importantes a nivel geológico", subraya el geólogo.
Pero el registro no se limita a la extinción de los dinosaurios. Las capas del flysch también documentan uno de los mayores episodios de calentamiento climático por efecto invernadero de la historia de la Tierra, ocurrido hace unos 56 millones de años. Un precedente geológico que los científicos estudian hoy con una urgencia renovada.

Flysch de la playa Saturraran, Mutriku / Istock / Jose Arcos Aguilar
Más allá del flysch: karst, cuevas prehistóricas y tres pueblos con alma marinera
El Geoparque de la Costa Vasca no se agota en sus célebres acantilados. El territorio —que abarca casi 90 kilómetros cuadrados y una población de unos 19.700 habitantes— esconde en su interior una segunda dimensión igualmente fascinante: el mundo del karst.
Alejándose de la línea costera y adentrándose en los valles interiores, el paisaje cambia de forma radical. La piedra caliza, desgastada durante millones de años por un antiguo mar tropical que cubría esta zona, ha generado la mayor concentración de cavidades subterráneas de todo Gipuzkoa: dolinas, poljés, simas y cuevas que conforman un laberinto de espacios únicos. Entre todas ellas destaca la cueva de Ekain, en el municipio de Deba, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008. En sus entrañas, los seres humanos del Paleolítico dejaron un extraordinario conjunto de pinturas rupestres que hoy no pueden visitarse directamente para proteger su conservación, pero que cuenta con una réplica fiel y visitable —Ekainberri— accesible desde la localidad de Zestoa.

La preciosa localidad de Deba, en el País Vasco. / Istock
Para quienes prefieren explorar el Geoparque sobre el terreno, la red de georutas ofrece seis itinerarios geológicos de diferentes distancias y niveles de dificultad. La más popular es la llamada Ruta del Flysch, el camino entre Deba y Zumaia que coincide con el GR-121 —el gran recorrido que rodea Gipuzkoa— y que a lo largo de sus 16,2 kilómetros y 690 metros de desnivel recorre los acantilados pasando por el mirador de Algorri, la cala de Sakoneta y la ermita de San Telmo, escenario célebre que luce sobre los farallones de Itzurun.
Para quienes quieran combinar las vistas desde tierra con las perspectivas desde el mar, el Geoparque ofrece también excursiones en barco de Zumaia a Mutriku. Una experiencia que añade la dimensión marítima a la lectura de los estratos: desde el agua, los acantilados adquieren una escala que desde los senderos resulta difícil de apreciar en su totalidad.

Vista aérea del puerto de Mutriku, Gipuzkoa / Istock
Más recientemente, se ha diseñado el Geoparkeko Bira, una ruta circular de senderismo por etapas que conecta los tres municipios del Geoparque con recorridos de entre 16 y 20 kilómetros por etapa, internándose también por el encinar de Arno y los caseríos del interior. Zumaia, Deba y Mutriku son además tres pueblos con identidad propia y rica gastronomía, dignos de visita más allá de su geología: el casco histórico medieval de Zumaia, el ambiente de txikiteo de Deba o las estrechas calles empedradas y el puerto pesquero de Mutriku —uno de los más antiguos de la región— completan una visita que combina naturaleza, cultura e historia de una manera difícilmente superable en tan pocos kilómetros.
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