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Anselm Kiefer en Valencia: un viaje entre la memoria, el mito y la materia

Entrar en la exposición de Anselm Kiefer es como adentrarse en un paisaje hecho de memoria, materia y silencio. En el Centro de Arte Hortensia Herrero, cada sala propone un recorrido donde el tiempo parece acumularse en capas. Hasta finales de octubre, Valencia se convierte en una parada imprescindible para quienes buscan algo más que un plan cultural: una experiencia que remueve, interpela y deja huella

Danaë, 2016-2021. Kiefer

Danaë, 2016-2021. Kiefer / Nastassia Tarusava

Berta Colomer para CAHH

Ubicado en un antiguo palacio del siglo XVII en pleno corazón de la ciudad, el centro acoge por primera vez en Valencia la obra de uno de los grandes nombres del arte contemporáneo. Pero aquí no hay una simple selección de piezas colgadas en la pared y es que la exposición ha sido concebida en estrecha colaboración con el propio artista y adaptada al espacio.

Arte monumental y matérico

Las obras de Kiefer no son pequeñas ni discretas. Son rotundas. Monumentales. Y, sobre todo, físicas. En ellas aparecen materiales poco habituales en la pintura tradicional: plomo, ceniza, paja, tierra o flores secas. Elementos que no solo construyen la imagen, sino que la cargan de significado. El plomo, pesado y opaco, evoca el peso de la historia; la paja, frágil y efímera, habla de lo que desaparece. Sus superficies, a menudo agrietadas o quemadas, recuerdan paisajes devastados… pero también la posibilidad de reconstrucción. Pero lejos de resultar inaccesible, su obra conecta precisamente por su capacidad de emocionar sin necesidad de explicaciones previas.

Como señala el propio equipo del centro, quien ve por primera vez una obra de Kiefer se enfrenta a una experiencia difícil de olvidar: capas de pintura, texturas densas y una fuerza visual que atrapa desde el primer momento.

Entre mitos, poesía y música

Historia, paisaje y mitología se entrelazan en piezas que remiten tanto a la tradición clásica como a la literatura y la música.

Algunas obras se inspiran en mitos griegos, como Elektra, Dryad o Danaë. Otras dialogan con la poesía —Baudelaire, Rilke o Walther von der Vogelweide— o con la música, como en el caso de Der Tod und das Mädchen, vinculada a Schubert.

Este cruce de disciplinas convierte la visita en algo más que un recorrido artístico: es también un viaje cultural que conecta diferentes épocas y formas de expresión.

Walhalla (Kiefer)

Walhalla, 2015-2017, con visitante. / Adolfo Benetó

“Danaë”: una razón por sí sola para viajar

Si hay una obra que destaca especialmente, esa es Danaë. Monumental en todos los sentidos —más de trece metros de ancho—, se presenta por primera vez en Europa tras haberse mostrado únicamente en Nueva York en 2022.

En ella, Kiefer recrea el interior del aeropuerto de Tempelhof en Berlín, combinándolo con el mito clásico de Dánae, fecundada por Zeus en forma de lluvia dorada. El resultado es una pieza impactante, tanto por su escala como por su carga simbólica.

Frente a ella, el espectador no puede evitar sentirse pequeño. Y esa sensación, lejos de ser casual, forma parte del discurso del artista: hablarnos de aquello que nos supera, de la historia, del tiempo, de lo colectivo.

El tiempo como materia

Si hay algo que atraviesa toda la exposición es la sensación de tiempo. No como algo abstracto, sino casi tangible. En las obras de Anselm Kiefer, el tiempo pesa, se acumula, deja huella.

Las capas de pintura, los materiales superpuestos, las superficies agrietadas o quemadas… todo parece hablar de procesos largos, de transformación lenta. Y es que muchas de sus obras llevan años de creación – y también de erosión.

Y ahí es donde la experiencia conecta con el propio edificio que la acoge. El Centro de Arte Hortensia Herrero, con su historia y sus distintos estratos arquitectónicos y arqueológicos, no actúa solo como escenario, sino como eco de ese mismo discurso. Espacio y obra se reflejan mutuamente, reforzando la sensación de estar dentro de algo que trasciende el presente.

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Visitantes frente a la obra Für Walther von d. Vogelweide, 2014. / Nastassia Tarusava

Un edificio con historia propia

El Centro de Arte Hortensia Herrero no es un espacio cualquiera. Ubicado en un antiguo palacio del siglo XVII, su rehabilitación sacó a la luz distintos restos arqueológicos que hoy forman parte del recorrido museográfico. Durante la visita, es posible descubrir vestigios que remiten a diferentes etapas de la historia de la ciudad, sumando nuevas capas de lectura a la experiencia.

Este diálogo entre pasado y presente encaja de forma natural con el universo de Anselm Kiefer, pero va más allá de la exposición temporal. El centro alberga también una colección permanente con obras de artistas nacionales e internacionales de primer nivel, lo que permite al visitante ampliar la experiencia y situar esta muestra dentro de un contexto artístico más amplio. Una combinación que refuerza el atractivo del CAHH como uno de los espacios culturales más interesantes de Valencia por el que han pasado ya cerca de medio millón de visitantes.