Ni el Aneto, ni Sierra Nevada: la ruta de senderismo que lleva hasta el refugio más aislado de España es también la más bonita

Esta ruta de Picos de Europa es perfecta para aquellos amantes del senderismo que buscan una desconexión verdadera.

La ruta de Picos de Europa que te va a encantar.
La ruta de Picos de Europa que te va a encantar. / Istock

Para los que amamos el senderismo, sabemos que hay muchas razones por las cuales realizar la ruta de turno. Algunas, se hacen por placer, otras por el paisaje y otras porque uno necesita comprobar hasta dónde llega. La que conduce al Jou de los Cabrones, en pleno corazón de los Picos de Europa, pertenece claramente a este último grupo. No es una ruta famosa nacionalmente, ni tampoco es la más transitada. Pero sí es, para muchos montañeros, una de las más impactantes por la soledad de su llegada.

Adriana Fernández

Y no, como estarás pensando, aquí no hay teleféricos, ni pasarelas colgantes de esas que impresionan tanto. Lo que hay son kilómetros, bastante desnivel y roca caliza.

Un refugio escondido donde todo acaba

El refugio de Jou de los Cabrones se encuentra a algo más de 2.000 metros de altitud, encajado en una gran depresión kárstica (un jou, como se llaman en la zona) rodeada de murallas de roca. No hay vistas abiertas, ni panorámicas ideales para Instagram, os lo advierto. Lo que hay es silencio, viento y una sensación de aislamiento total que no se encuentra fácilmente en la montaña española.

Durante décadas fue uno de los refugios más duros y básicos de los Picos. Hoy está gestionado y en buenas condiciones, pero sigue siendo el más inaccesible, y es que no se llega por casualidad, ni “porque pasaba por allí”. Aquí se viene porque se ha decidido venir.

El punto de partida

La mayoría de las travesías arrancan en Sotres, considerado el pueblo habitado más alto del Principado de Asturias. Desde aquí ya se intuye que el día no va a ser corto. Más que nada porque las praderas, las cabañas de piedra, el ganado suelto te lo advierten y, poco a poco, la sensación de civilización se va quedando atrás.

Uno de los pasos clave del recorrido es el Collado Pandébano, un punto relativamente accesible en coche, pero que marca el último lugar “amable” del trayecto. A partir de aquí, el terreno cambia, el paisaje se vuelve más mineral y el esfuerzo empieza a acumularse de verdad. ¡Pero ojo! El Jou de los Cabrones no está aquí. De hecho, lo más duro viene después. Muchos abandonan en este punto. Los que siguen saben que les queda todavía la parte menos agradecida y más exigente del recorrido.

Del paisaje alpino a la roca desnuda

Desde la Vega de Urriellu, la ruta se interna en un terreno cada vez más áspero, con lapiaces, bloques de piedra, pasos desdibujados y una navegación que exige atención constante. No es una senda evidente ni cómoda, aquí no se trata solo de caminar, sino de leer la montaña; y eso, amigos míos, no lo puede hacer cualquiera.

El tramo final hacia el Jou atraviesa zonas como la Corona del Raso y colladas pedregosas donde el progreso es lento y el cansancio pesa. Cuando por fin se abre la gran depresión del Jou, el refugio aparece casi de golpe, pequeño, austero y perfectamente integrado en el paisaje.

Una ruta exigente

Y, te preguntarás, ¿cuánto mide realmente la ruta? Depende de la variante, pero la travesía circular clásica suma unos 30 kilómetros en total, con más de 2.000 metros de desnivel positivo acumulado. Lo habitual es realizarla en dos jornadas, durmiendo en el refugio. Vaya, que no es moco de pavo. No es una ruta para principiantes, ni para improvisar, ni para hacer “a ver qué pasa”. Aquí hace falta experiencia, buena forma física, meteorología estable y respeto absoluto por el entorno.

El aislamiento como recompensa

Como persona que ha realizado muchas rutas por España, te garantizo que dormir en el Jou de los Cabrones no tiene nada de romántico en el sentido clásico. No hay atardeceres color pastel ni vistas infinitas. Pero hay algo más raro, y es la sensación de haber llegado a un sitio al que no llega casi nadie. Cuando cae la noche, el silencio es total. No hay pueblos cerca, ni carreteras, ni luces. Solo roca, cielo y viento. Y eso, para muchos montañeros, es precisamente el premio.

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