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Ana (27 años), dejó la universidad para vivir con sus 550 ovejas: "Llego al campo, veo la puesta de sol, oigo las ovejas y pienso: esto es lo que quiero el resto de mi vida"

Esta manchega se ha convertido en uno de los altavoces que reivindican la vida rural y la labor en el campo entre las generaciones más jóvenes.

La joven ganadera de Ciudad Real que lo dejó todo para dedicarse a la ganadería

La joven ganadera de Ciudad Real que lo dejó todo para dedicarse a la ganadería / Istock / MEDITERRANEAN

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Uno de los principales problemas con los que nos encontramos hoy día en términos de la sociedad son los pueblos que, poco a poco, se van vaciando, mientras que las ciudades no paran de crecer en número. A esto se suma que, cada vez con menos gente joven en las zonas rurales, las explotaciones ganaderas se van quedando sin relevo generacional, provocando que el futuro de muchas de ellas peligre. Por suerte, en el mundo sigue habiendo gente valiente, gente que se atreve a dejar atrás la ciudad y regresar a la vida rural y el campo.

El sector de la agricultura y la ganadería está teniendo problema para encontrar el relevo generacional

El sector de la agricultura y la ganadería está teniendo problema para encontrar el relevo generacional / Josh Smith

Este es el caso de Ana Cristina Díaz, una joven del pueblo ciudadrealeño de Bolaños de Calatrava que, desde hace unos años, está al mando de su propia explotación ovina. Ana Cristina se erige como toda una innovadora, pues en un momento donde cada vez menos gente joven se quiere dedicar al campo, ella se ha sabido mantener fiel a sus sueños y su vocación. Además, con la ayuda de las redes sociales, esta ganadera ha conseguido llegar hasta miles de personas, con quienes comparte su día a día cuidando de sus 550 ovejas.

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Un empujón para la vida rural

Durante estos últimos años, gracias a las redes sociales, hemos podido ver cada vez más como los jóvenes que se dedican a la agricultura y la ganadería muestran sin ningún tipo de tapujos cómo es la vida en el campo. Compartiendo con sus seguidores las rutinas del día a día, estos chicos y chicas han conseguido desmontar muchos de los mitos extendidos entre la población, haciendo que sean cada vez más los jóvenes que ven como alternativa factible el dedicarse al campo.

Ana Cristina Díaz es una de las responsables de este cambio de dirección, pues con los vídeos que cuelga en sus cuentas de Instagram y TikTok, en los que enseña como se ocupa de su rebaño de 550 ovejas, ha hecho que sean muchos los jóvenes que se han dado cuenta de que trabajar en la agricultura y ganadería no es algo de lo que avergonzarse o arrepentirse. De hecho, la misma Ana Cristina lo reivindica a menudo, alegando que “estamos en el campo porque nos gusta, no porque no sirvamos para otra cosa”.

De padre agricultor y tío ganadero, Ana Cristina es incapaz de concebir la vida sin sus animales. Una vez terminó los estudios de secundaria decidió orientar su formación hacia su verdadera pasión; así, realizó un grado medio en Producción Agropecuaria y posteriormente siguió especializándose con un ciclo de Paisajismo y Medio Rural. Lamentablemente, la llegada de la pandemia de la COVID-19 le impidió realizar las prácticas del ciclo y, después de un episodio un poco traumático, decidió por lanzarse hacia la ganadería. Confiesa, eso sí, que le fue necesario el apoyo de su familia y la complicidad de su pareja para poder salir adelante, pero que pasados unos meses un tanto inciertos, todo terminó funcionando.

Ser mujer en el campo

Algo de lo que también habla Ana Cristina es el hecho de ser una mujer veinteañera dentro de un mundo mayoritariamente de hombres mucho más mayores que ella. Afirma que esto no supone ningún reto o obstáculo para ella: “No porque sea mujer me creo más o menos, simplemente me dedico a lo que me gusta”, afirma la joven ganadera. El único problema con el que Ana Cristina se ha encontrado es la falta de mano de obra, pues reconoce que a las generaciones más jóvenes les sigue dando respeto el trabajo en el campo. Es por esto que tiene muy claro que hay que apoyar a aquellos emprendedores que se quieran dedicar a este mundo.

A pesar de esto, reconoce también que la jornada de trabajo no es la misma que la de un ejecutivo de oficina o alguien que trabaja en un establecimiento de cara al público. En el campo, las jornadas son largas y exigentes físicamente, muchas veces de sol a sol; “en época de paridera puedo hacer unas 14 horas al día”, admite Ana Cristina. Aún así, cuando le preguntan por qué, en vez de seguir estudiando y aspirar a un trabajo en la ciudad, decidió seguir con su sueño, ella lo tiene muy claro: “Llego al campo, veo la puesta de sol, oigo las ovejas y pienso: esto es lo que quiero el resto de mi vida”.