Y un año más, Almagro se convierte en un gigantesco teatro

La bella Almagro festeja sus 50 años como Conjunto Histórico-Artístico convertida en la meca de las comedias del Siglo de Oro con la celebración de la 45 edición de su Festival Internacional de Teatro Clásico, del 30 de junio al 24 de julio.

Pedro Javier Díaz-Cano
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Foto: Pablo Lorente

La Plaza Mayor porticada de Almagro, una de las más bellas de España con sus icónicas galerías acristaladas de color verde mar y su original diseño en rectángulo, se alienta de vida con los espectáculos callejeros y los cómicos de la legua durante su Festival Internacional de Teatro Clásico. Por unas horas la villa, con su decorado de época, encarna su propio rol renacentista como si se hubiese hecho un viaje en la máquina del tiempo. Entre bambalinas, los actores de este gran escenario rectangular en el que se representó teatro religioso auto sacramental y donde se celebraban corridas de toros, no son otros que los espectadores del siglo XXI, prestos a experimentar la catarsis teatral que cada canícula del mes de julio acontece en la monumental Almagro. 

Eduardo Grund

La ciudad fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1972, por lo que celebra los 50 años de tal distinción poniendo también el énfasis en el teatro. De facto, todo su patrimonio histórico-artístico de iglesias, conventos, palacios y hasta una antigua Universidad renacentistas suma puntos de cara a su candidatura para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por su calificación de “Ciudad de la Cultura y el Teatro”. 

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El gran “actor” que motiva la catarsis teatral que acontece en Almagro es su Corral de Comedias, situado en el número 18 de su fantástica Plaza Mayor. Y curiosamente todo se debe a un golpe de fortuna. Después se supo que fue Leonardo de Oviedo el vecino de la villa que lo construyó en el año 1628 en el patio de un antiguo mesón llamado Mesón del Toro. Pero fue en 1952 —se cumplen asimismo 70 años redondos del acontecimiento— cuando al derrumbarse el tramo de yeserías que cubría las galerías del primer piso del mesón, apareció una estructura peculiar con una serie de elementos arquitectónicos que mostraban claramente que allí estuvo la Casa de las Comedias en la que representaron sus obras autores como Tirso de Molina o el gran Lope de Vega.   

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En el mismo zaguán, lugar donde se comía cuando no había comedias, también se jugaba a las cartas incluso en la época que los juegos de azar estuvieron prohibidos. Esto explicaría que al demoler la chimenea existente en el vestíbulo se encontrara la famosa baraja pintada a mano y fechada en 1725, que estaba muy bien conservada entre la paja. La baraja original se expone ahora con todas sus cartas en el cercano Museo Nacional del Teatro, mientras que en el zaguán del Corral de Comedias lo que se puede ver es un facsímil de la baraja. 

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El gran valor del Corral de Comedias de Almagro es que es el único teatro del Siglo de Oro que se conserva en pie y con actividad teatral en nuestro país. Su lugar más curioso quizá sea la denominada Cazuela, el corredor de la primera planta situado frente al escenario, lugar destinado a las mujeres, quienes accedían a él por una puerta distinta que los hombres. 

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“Cazuela” de mujeres

El nombre de “cazuela de mujeres” parece que proviene del gran número de féminas que lo ocupaban durante las representaciones y las altas temperaturas que debían soportar, ya que las comedias se hacían de día. Otras versiones dicen que este nombre se debe a que era en este lugar, repleto de mujeres, donde se “cocían” los chismes. Lo cierto es que en el Corral de Comedias no faltaba un “apretador” que hiciese sitio a las señoras, terminando a veces verdaderamente “cocidas” por el calor. 

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La gran transformación de la Plaza Mayor se produjo a lo largo del siglo XVI, cuando en Almagro se establecieron los administradores de los Fúcares (castellanización del apellido flamenco Fugger), los banqueros a los que el emperador Carlos V arrendó las minas de la cercana Almadén para la comercialización de su preciado mercurio en pago a los doblones prestados para las guerras de Europa y el mantenimiento de los tercios de Flandes. Pero el característico color verde mar de las dos galerías corridas sobre las 85 columnas de sus dos flancos con soportales no tiene influencia nórdica o flamenca como muchos viajeros pueden pensar al verlas, sino que la razón es que se trata de un color práctico, pues al oxidarse las distintas pinturas que se daba a la madera (almagre o azul cobalto), con el tiempo el óxido las transformaba en un color verdoso. 

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Lo que sí tiene influencia flamenca es el arte del encaje de bolillos que siguen cultivando las mujeres almagreñas como una tradición que implantaron las damas que acompañaron a los financieros de Flandes. Sito en el Callejón del Villar aledaño a la plaza, el Museo del Encaje y la Blonda expone trabajos de encaje realizados con seda natural descruzada, la blonda, con cuya técnica se elaboran pañuelos, velos, abanicos y la famosa mantilla de Almagro.

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El Callejón del Toril, hoy calle Capitán Parras aunque se sigue conociendo por su antiguo nombre, hace referencia a los toriles que en esta calle se situaban para las corridas de toros que se celebraban en la plaza, antes de construirse la actual Plaza de Toros en el año 1845. A propósito de la actual Plaza de Toros, hay una famosa anécdota de un torero que vino a torear el 25 de agosto del año 1927, al que se le dio tan mal que su espantada terminó en escándalo público, de donde procede el dicho “quedar como Cagancho en Almagro”, lo que viene a significar quedar fatal, pifiarla, meter la pata, a lo grande y en público.

En el oeste de la plaza se hallan los jardines presididos por la escultura ecuestre de Diego de Almagro (Almagro, 1487-Cuzco, 1538), descubridor de Chile y conquistador del Perú junto con Pizarro. Este hijo ilustre de la ciudad perdió el ojo derecho por la flecha de un indígena en América, siendo este el origen de la célebre expresión de “costar un ojo de la cara” cuando así le espetó al mismísimo Carlos V el precio personal de la conquista de sus territorios. En estos jardines se ubica el Paseo de la Fama durante el Festival Internacional de Teatro Clásico, donde se exponen las fotos de los galardonados con los Premios Corral de Comedias.

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Dejando la Plaza Mayor por estos jardines, en la esquina de la derecha se halla el Museo Nacional del Teatro. Es uno de los pocos museos nacionales con sede fuera de Madrid. En sus tres plantas se hace un recorrido cronológico por la historia de las artes escénicas en España, desde el teatro medieval con la exposición de la Mangrana del Misterio de Elche hasta la presencia de otros géneros escénicos como la ópera, el género frívolo y el teatro de marionetas en la planta superior. 

Además de los dibujos para escenografías, figurines, carteles, fotografías, pinturas y esculturas, aquí también podemos encontrar obras originales de artistas como Picasso, Dalí, Madrazo, Balenciaga... Y en la planta superior hay una pequeña urna con el corazón del tenor italiano Giuseppe Anselmi, que lo donó al ser un impulsor-benefactor del Museo-Archivo Teatral en su origen, cuando se hallaba en el Teatro Real de Madrid.

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Al otro lado de la Plaza Mayor, se encuentra la iglesia de San Agustín, una de las obras religiosas más importantes de Almagro y donde mejor está expresado todo el concepto barroco, conjugándose arquitectura y pintura. Tras sufrir la desamortización de Mendizábal en 1836, los almagreños decidieron hacer una colecta para recomprar la iglesia y así consiguieron salvar los retablos. La iglesia sigue siendo propiedad municipal y está desacralizada, hasta el punto de que se ha convertido en el principal espacio expositivo del Festival Internacional de Teatro Clásico. En 2021 se finalizó su restauración y ahora se ha ampliado el espacio para el itinerario turístico con acceso al coro alto, las galerías superiores, el camarín, la sacristía y a la torre, desde donde se puede contemplar la Plaza Mayor a vista de pájaro.

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Una “bombonera” elíptica

En la calle de San Agustín hay que visitar el Teatro Municipal, otro de los espacios escénicos del Festival, igualmente con funciones durante el resto del año. Abierto al público como atracción turística, ver su interior no defrauda porque por su tamaño reducido, su planta elíptica (elegida así para una mejor acústica) y su elegante decoración en color rojo vivo es como una preciosa y acogedora “bombonera” teatral.

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Uno de los mejores ejemplos arquitectónicos renacentistas legados es la Casa-Palacio de Juan Jedler, a la que se conoce como el Almacén de Fúcares porque era aquí donde se almacenaba el cinabrio (el mineral del que se extraía el mercurio) proveniente de Almadén. La joya del edificio es su gran patio de planta cuadrada y dos galerías con arcos de ladrillo sostenidos por columnas de caliza. Este Patio de Fúcares es otro de los espacios escénicos del festival de teatro durante el mes de julio. 

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Algunas de las iglesias y conventos de la antigua villa que son ejemplos de “arquitectura culta” provienen del establecimiento de la sede de la Orden de Calatrava en Almagro. La gran muestra de “arquitectura culta” es el Convento de la Asunción de Monjas Calatravas. Su joya es su majestuoso claustro, en el que abunda la decoración plateresca primorosamente tallada. Desde el claustro bajo nace una magnífica escalera de piedra cuya maravillosa balaustrada de estilo goticista parece una obra de orfebrería más que de arquitectura. 

El nuevo mirador del silo

En Almagro es obligado un paseo por su Barrio Noble y llegarse hasta el Palacio de los Condes de Valdeparaíso (s. XVII), con su imponente pórtico de heráldica en la encantadora Plaza de Santo Domingo. No obstante, una visita que tampoco hay que dejar de hacer es al silo, un antiguo almacén de grano del siglo XX y uno de los edificios más altos de la localidad, situado frente a la Plaza de Toros. En mayo de 2021 se inauguró un mirador en su azotea a unos 30 metros de altura, desde donde se puede contemplar también el paisaje del Campo de Calatrava. 

Pablo Lorente

El propio silo es una gigantesca obra de arte en sí mismo porque sus fachadas fueron intervenidas artísticamente en un proyecto pionero a cargo del pintor almagreño Antonio Laguna. Y como no podía ser de otra manera, Antonio lo hizo con pinturas que recuerdan el vínculo entre Almagro y las artes escénicas. Una de las caras del silo es un homenaje a la figura de Adolfo Marsillach y otra está dedicada al particular universo creativo del dramaturgo manchego Francisco Nieva. 

A propósito de Adolfo Marsillach, cuentan que fue en el patio del Parador de Turismo de Almagro, en el que se halla su original piscina pentagonal, donde el actor, director de escena y dramaturgo ideó el Festival Internacional de Teatro Clásico en 1978, cuando en su calidad de director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) se hallaba en la ciudad asistiendo a lo que luego ha pasado a la historia como su primera edición. 

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Hoy, la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en Almagro, el gran patio del antiguo Hospital de San Juan, lleva el nombre de Teatro Adolfo Marsillach como homenaje al fundador y principal impulsor del festival, que supo ver el gran potencial de Almagro para convertirse en la meca mundial del teatro clásico al contar con un espacio escénico único en el mundo como es su maravilloso Corral de Comedias y, al mismo tiempo, con un conjunto histórico-artístico plagado de edificios renacentistas que podrían transformarse en espacios escénicos para tan emblemática ocasión. Como lo es la adecuación para el teatro de la bella iglesia gótica de la Antigua Universidad Renacentista de Almagro, conocida por su acrónimo de AUREA. No en vano, a Almagro se la puede considerar como la Reserva Espiritual del Siglo de Oro español.