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Los acantilados más altos de Europa continental están en España y tienen más de 613 metros de altura: una joya de piedra del siglo XVIII, la famosa subasta del pescado y una playa de arena negra

En el norte de A Coruña, estos acantilados son los más altos de toda Europa continental, formados por rocas que hace millones de años estaban en las profundidades del planeta.

Los acantilados más altos de Europa continental están en España: 613 metros de altura, una joya de piedra del siglo XVIII y la famosa subasta del pescado

Los acantilados más altos de Europa continental están en España: 613 metros de altura, una joya de piedra del siglo XVIII y la famosa subasta del pescado / Wikimedia Commons

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Allí donde la tierra se desploma de golpe, se encuentra la verdadera belleza de la naturaleza. Sobre el Atlántico, estos acantilados forman uno de los espectáculos geológicos más impresionantes de toda Europa. Al extremo norte de Galicia, un pequeño municipio reúne en pocos kilómetros pueblos marineros, playas, miradores y uno de los territorios geológicamente más singulares del continente. Un total de 613 metros de caída libre, rocas que llevaban millones de años escondidas en las profundidades de la Tierra y una garita del siglo XIX que sigue vigilando el horizonte, son las verdaderas joyas de este enclave.

Los acantilados de Vixía de Herbeira se localizan en la sierra de la Capelada, y la carretera DP-2205, que une Cariño con Cedeira pasando por el santuario de San Andrés de Teixido. Pero lo que hace único a este paisaje no es solo su altura, sino lo que esconde bajo la superficie. La historia geológica de esta zona es única en el planeta: la colisión de placas empujó hasta la superficie materiales que se encontraban a gran profundidad, convirtiendo estos acantilados en uno de los mayores afloramientos mundiales de eclogitas y piroxenitas, rocas que normalmente solo se forman a más de 10.000 atmósferas de presión y 800 grados de temperatura.

El paseo fluvial perfecto para hacer en una mañana: 5 kilómetros entre acantilados de 100 metros, buitres leonados sobre un cañón y una ermita templaria del siglo XIII

Sara Fernández García

El valor geológico de esta zona no ha pasado desapercibido para los organismos internacionales. En 2023 fue declarado Geoparque Mundial, que equivale, en prestigio, al de Patrimonio de la Humanidad. El geoparque abarca casi 632 kilómetros cuadrados repartidos entre siete municipios: Cariño, Cedeira, Cerdido, Moeche, Ortigueira, San Sadurniño y Valdoviño.

Una playa de arena negra

El entorno guarda además una rareza: es uno de los muy pocos ejemplos del mundo de una playa de arena negra de origen no volcánico, la playa de Teixidelo, situada justo al pie de los acantilados. Durante el recorrido hasta el mirador principal es habitual encontrarse con fauna en libertad, como caballos salvajes que pastan en las praderas de la Serra da Capelada. Muy cerca de aquí se encuentra además el cabo Ortegal, donde se localizan las rocas más antiguas de toda la península ibérica y las cuartas de mayor antigüedad de todo el mundo.

Acantilados de Vixía Herbeira (A Coruña)

Acantilados de Vixía Herbeira (A Coruña) / Wikimedia Commons

La garita del siglo XVIII que vigila el horizonte

En el punto más alto, justo al borde del precipicio, se conserva una pequeña construcción de piedra que se ha convertido en el símbolo del lugar. La garita de Vixía Herbeira data del año 1805, fue diseñada por los ingenieros de la corona y construida por los propios vecinos de la comarca. Es una caseta de piedra rectangular, con tres ventanas, chimenea y techo abovedado. Su función original fue la de puesto de vigilancia marítima. Hoy, siglos después, cumple una función radicalmente distinta: es uno de los miradores más fotografiados.

La Garita de Herbeira (A Coruña)

La Garita de Herbeira (A Coruña) / Wikimedia Commons

Cedeira, el pueblo marinero de la lonja

El municipio de Cedeira, punto de partida habitual para acceder a los acantilados, conserva viva su tradición pesquera. En su lonja se descarga a diario el pescado capturado por la flota local junto a productos muy apreciados de la ría, como el pulpo, el percebe y todo tipo de mariscos y moluscos de reconocida fama. La subasta se celebra, como es tradición en la mayoría de lonjas gallegas, mediante el sistema conocido popularmente como subasta a la baja o "a la holandesa": el precio de cada lote comienza alto y desciende progresivamente hasta que algún comprador lo detiene pulsando su mando. Presenciar este ritual, madrugada tras madrugada, sigue siendo una de las experiencias más auténticas,