7 curiosidades que, quizás, no sabías del Puente de Toledo, joya de la arquitectura madrileña

En la entrada de lo que la gente se ha empeñado en bautizar como el SoHo madrileño, descubrimos un puente que refleja siglos de evolución arquitectónica, social y cultural.

Puente de Toledo: curiosidades y anécdotas de esta joya churrigueresca.
Puente de Toledo: curiosidades y anécdotas de esta joya churrigueresca. / Istock / Dominic_Dahncke

Madrid está repleto de rincones que cuentan historias, pero algunos suelen pasar más desapercibidos entre los viajeros que acuden a la capital. Entre ellos, descubrimos un puente que supone la puerta de entrada al barrio de Carabanchel y que conjuga el esplendor artístico con la funcionalidad urbana. Hablamos, cómo no, del Puente de Toledo y hoy vamos a descubrir 7 curiosidades que, quizás, no sabías de esta joya de la arquitectura madrileña.

No eres madrileño si... no has paseado por el Puente de Toledo.

No eres madrileño si... no has paseado por el Puente de Toledo.

/ Jose Luis Cernadas Iglesias.Creative Commons Attribution 2.0 Generic license

Un puente reconstruido en varias ocasiones

El Puente de Toledo data del siglo XVII, cuando Felipe IV proyectó unir la Villa de Madrid con el camino de Toledo por medio de un puente sobre el Manzanares. El primer proyecto fue concebido por Juan Gómez de Mora y bautizado con el nombre de Puente Toledana. Sin embargo, una crecida del río Manzanares lo destruyó poco después, obligando a proyectar uno nuevo en 1671.

En esta ocasión los encargados de su reconstrucción fueron José del Olmo y José de Arroyo. Y, tras otra riada, llegamos hasta 1731, cuando se encargó al arquitecto Pedro de Ribera que diseñara una nueva estructura sólida, duradera y bonita.

Es uno de los ejemplos más representativos del barroco en Madrid

Aunque mucha gente tiende a asociar el barroco con iglesias y palacios, el Puente de Toledo es una muestra de cómo este estilo también puede aplicarse a la arquitectura civil. El puente destaca por sus formas ornamentales, el uso de piedra granítica y, sobre todo, por las dos hornacinas centrales dedicadas a los santos patronos de Madrid: San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, esculpidas con gran detalle por Juan Ron. En 1956 fue declarado Monumento Histórico artístico y en 1992 Bien de Interés Cultural.

Vistas de Madrid Río desde el Puente de Toledo.

Vistas de Madrid Río desde el Puente de Toledo.

/ Istock / albertogardin

Más de 270 metros y nueve ojos

El Puente de Toledo resulta impresionante tanto por su estética como por sus dimensiones. Con 273 metros de longitud y nueve arcos de medio punto, fue una de las obras de ingeniería más ambiciosas de su tiempo. El arco central, que alberga las hornacinas, crea un eje simétrico y, además, permitía resistir mejor las crecidas del Manzanares.

Estuvo a punto de ser demolido en el siglo XX

 Con el crecimiento urbanístico de Madrid en el siglo XX, el Puente de Toledo estuvo en peligro. Se consideró su demolición para construir un paso más moderno y ancho que pudiera soportar el aumento del tráfico, pero debido a su valor histórico y artístico se optó por construir nuevas vías cercanas. A principios de los 70 se peatonalizó para frenar su deterioro.

Querido Puente de Toledo, ¡qué bonito eres!

Querido Puente de Toledo, ¡qué bonito eres!

/ Istock / Pablo G Mediavilla

Ha sido escenario de películas y obras literarias

El Puente de Toledo no solo ha sido testigo de la historia madrileña, sino que ha inspirado a cineastas, fotógrafos y escritores. Ha aparecido en varias películas españolas de época y autores como Ramón Gómez de la Serna lo mencionan en sus obras, destacando su conexión con los barrios obreros del sur de Madrid. Pío Baroja en ‘La busca’, primera novela de su trilogía ‘La lucha por la vida’ escribe lo siguiente: 'Al anochecer volvieron los tres por la carretera hasta el puente de Toledo, y se separaron allí, citándose para el día siguiente'.

Forma parte de Madrid Río

En la última década, el entorno del puente ha cambiado debido al proyecto de Madrid Río, que ha transformado la ribera del Manzanares en un extenso parque con zonas verdes, áreas de juego, carriles bici y diversos espacios para actividades culturales. Disfrutar de un atardecer desde el puente es una experiencia que tanto viajeros como madrileños deberían experimentar en su propia piel.

Las hornacinas del Puente de Toledo han sido recientemente restauradas.

Las hornacinas del Puente de Toledo han sido recientemente restauradas.

/ Istock / JOSE LUIS VEGA GARCIA

Simbolismo ligado al amor y la fertilidad

Las hornacinas del puente, dedicadas a San Isidro y Santa María de la Cabeza, no solo tienen valor religioso. Se cuenta que antiguamente las parejas jóvenes acudían al puente para pedir fertilidad a los santos, ya que San Isidro y su esposa fueron considerados un modelo de matrimonio a seguir.

En 1952, un tranvía que cruzaba el puente descarriló y se precipitó al río, causando varias víctimas mortales. Y, como vecina de Carabanchel durante muchos muchos años, la que aquí escribe ha sido testigo de cómo algún colchonero (cuando el estadio Vicente Calderón se levantaba en las inmediaciones) se desprendía de su abono de socio haciéndolo pedazos y tirándolo al Manzanares después de algún partido de fútbol en el que el Atlético de Madrid hacía perder la esperanza a sus socios.

En definitiva, Madrid no se resume en el Retiro o la Puerta del Sol. Otros tesoros, como el Puente de Toledo, pasan desapercibidos para gran parte de los viajeros, pero esperan ser redescubiertos por quienes caminan con curiosidad por la zona sur de la capital.

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