5 lugares de Lanzarote que la convierten en la isla más bonita del mundo: son perfectos para descubrirla por primera vez
Playas de infarto, paisajes volcánicos, experiencias que se quedan grabadas en la retina y lugares de descanso que son el paraíso en sí mismos.

Insólita, salvaje y única por su condición volcánica. Lanzarote es una isla que parece sacada de otro mundo. Un territorio de espectaculares paisajes que te transportan a la Luna, de colosos de fuego que acompañan a alocadas formaciones y la mano del hombre en preciosas creaciones que contribuyen a hacer de esta una de las islas más bonitas del mundo.
Recorremos la isla más cinematográfica del Archipiélago Canario en 6 imprescindibles para quedarte con buen sabor de boca.
Timanfaya: poderío de lava
El Parque Nacional de Timanfaya concentra la imagen más poderosa de la isla: conos, lavas y silencio. El punto neurálgico es el Islote de Hilario, de donde parte la Ruta de los Volcanes y donde se muestran las anomalías geotérmicas (sí, el calor se siente a pocos centímetros del suelo). Allí está también El Diablo, el restaurante que cocina con el propio calor volcánico. Todo, en un entorno protegido en el que conviene ir preparado para el sol.

El plan perfecto: Llegar temprano para hacer el recorrido panorámico y quedarse a observar cómo cambia la luz sobre las Montañas del Fuego al final del día.
Jameos del Agua y Cueva de los Verdes
Dos visitas, un mismo origen: el tubo volcánico del Volcán de la Corona. En Jameos del Agua, la primera gran obra de César Manrique, arte y naturaleza conviven bajo bóvedas de lava convertidas en auditorio, laguna y jardines. A unos minutos, la Cueva de los Verdes, que permite internarse en ese mismo tubo, parte del cual continúa bajo el mar como el Túnel de la Atlántida, el mayor tubo volcánico sumergido del planeta y que forma parte del reino de lavas del Volcán la Corona.

El plan perfecto: Combinar ambos en la misma jornada y reservar hueco para escuchar música en la cueva si hay concierto programado.
La Geria: vinos nacidos del picón
El paisaje protegido de La Geria es una lección de ingenio: la vid se planta en hoyos excavados en la ceniza volcánica (lapilli) y se protege con muretes semicirculares que frenan el viento. De ahí salen blancos fragantes de malvasía volcánica y otras variedades. La Denominación de Origen Vinos de Lanzarote existe desde 1993 y abarca toda la isla; en La Geria, las bodegas se encadenan a lo largo de la carretera para catar y entender este cultivo único.

El plan perfecto: Visita de bodega por la mañana y paseo entre zocos al atardecer; la luz realza el contraste entre el negro del rofe y el verde de las vides.
Papagayo y Los Ajaches: calas de postal (y parque natural)
En el extremo sur, dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, se suceden las calas de Papagayo: arena clara, aguas tranquilas y paredones que cortan el viento. Uno de los lugares más codiciados de la isla que promete darte el placer de darte un baño en cualquier momento del año. Aquí podrás maravillarte con Playa Mujeres, Playa Pozo, Playa Congrio, Puerto Muelas o la conocidísima Papagayo.

El plan perfecto: Alternar baño y caminata de cala en cala, con base en Playa Blanca. Si sopla alisio, el abrigo natural de las bahías se agradece.
Dormir frente al mar: Barceló Playa Blanca
Es el mejor momento de cualquier día de vacaciones: llegar al hotel, ducharse, cambiarse y empezar a disfrutar del verdadero y merecido descanso. Hay muchos hoteles en Lanzarote, pero ninguno como el Barceló Playa Blanca. Ubicado a apenas 100 metros de Playa Dorada, con vistas a Fuerteventura y más de 100.000 metros cuadrados de zonas comunes, este es el lugar perfecto donde encontrar el remanso de paz que necesitamos tras un día de intenso turismo.

Ahora, además es el momento idóneo para visitar la isla. A pocos días de dar comienzo al otoño canario, esta estación sigue sabiendo a verano: días largos, luz templada y la brisa justa para rendirse a la playa sin agobios. En Lanzarote, ese clima amable encuentra su escenario perfecto en Playa Blanca (Yaiza), al sur de la isla, donde el mar riela frente al estrecho que la separa de Fuerteventura. Es, justo ahí, donde te encontrarás con este imponente hotel que, además, cuenta con el sello Royal Level Only Adults.
¿Qué significa este sello? Nada menos que un rincón dentro del resort con infinity pool climatizada orientada al océano y habitaciones con piscinas semiprivadas. Es la versión más contemplativa del hotel: el lugar donde mirar el atardecer y sentir que el tiempo, por fin, corre a tu favor. Más si lo hacemos desde un hotel con un proyecto paisajístico de nivel a sus espaldas. Este se mimetiza a la perfección con el entorno que lo rodea, inspirándose en las formas, los colores y las texturas que encontramos en una jornada de turismo por la isla de Lanzarote. O lo que es lo mismo: la oportunidad perfecta para seguir descubriendo la isla desde la comodidad de nuestro hotel.

Pero no te preocupes, porque si viajas en familia tienes una extensísima zona de hotel con una de las piscinas más grandes y bonitas que hayas podido ver en tu vida. Si a esto le sumas un buffet de espíritu mediterráneo, restaurantes de autor internacionales (asiático y mexicano) o bares a apenas unos pasos de la piscina... ya lo tienes todo.
Para viajeros que buscan la experiencia más relajante, tranquilos: también hay para vosotros. Aquí encontrarás un spa en la parte más alta del hotel, con vistas al mar, en el que poder disfrutar de masajes de primera, una piscina climatizada y sauna finlandesa o de vapor.

El plan perfecto: Mañanas de playa y talasoterapia natural (el mar hace de spa), sobremesas sin prisas y siestas con la brisa colándose por el balcón. Tardes entre la piscina principal y la infinity del área adults only. Y esa hora azul en la que el horizonte se tiñe de cobre y el hotel se convierte en un escenario perfecto para apurar el día. Un oasis frente al Atlántico al que apetece volver… incluso antes de irse.
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