5 curiosidades de El Rastro de Madrid que quizá no sabías

El mercado más famoso de la capital de España cuenta con una historia muy extensa y curiosa.

El Rastro de Madrid está lleno de secretos y de una historia muy larga
El Rastro de Madrid está lleno de secretos y de una historia muy larga / Istock / Page Light Studios

Una mañana de domingo cualquiera en Madrid no es lo suficientemente castiza si no se inaugura con un paseo por El Rastro -el mercado más conocido pero no el único-. Un máximo de 3.500 puestos se montan al final de la semana para exponer antigüedades, ropa, bisutería, películas, libros, cromos... Todo lo imaginable y a veces lo impensable se encuentra en El Rastro, que se extiende en torno a la Plaza del Cascorro, Ribera de Curtidores, Embajadores, Ronda de Toledo y Plaza del Campillo del Nuevo Mundo.

Aunque pueda parecer que ha estado allí desde siempre, este mercado al aire libre también cuenta una historia entre puesto y puesto que se remonta a hace casi tres siglos. Su nacimiento sucedió hacia la década de 1740, asentándose desde un principio en el barrio de Lavapiés, uno de los más poblados de la época. Desde entonces, diversos mercados se han ido abriendo a lo largo y ancho de toda España, aunque ninguno iguala al madrileño.

Su origen está en el primer matadero municipal

Aunque su origen data del siglo XVIII, realmente encuentra sus inicios con la apertura del primer matadero municipal en 1497. Alrededor de aquella zona se empezó a generar una zona mercantil en la que instalaban sus 'comercios' los ropavejeros y curtidores, en las calles del Carnero, Cabesteros y Ribera de Curtidores. Poco a poco, la actividad fue creciendo, así como el terreno por el que se extendía.

¿Por qué se llama así?

Precisamente ese origen alrededor del matadero -que no es el mítico Matadero- dio también pie al curioso nombre que ya se ha normalizado a día de hoy. En aquel lugar se comerciaba también con carne de diversos animales, que se sacrificaban allí y se desplazaban a los puestos, por lo que iban dejando un rastro de sangre a su paso que los clientes podían seguir para llegar al puesto en el que vendían aquella carne.

Los productos que se venden ahora son muy distintos, destacando las antigüedades

Los productos que se venden ahora son muy distintos, destacando las antigüedades

/ Istock / JFarquitectos

La evolución de los productos en venta

Al principio lo que se vendía eran productos derivados de los animales del matadero, pero en el siglo XVIII creció la variedad de la oferta. Se vendía comida, artesanía, zapatos, artículos de segunda mano, prendas de piel y cuero... Había una pequeña industria de curtidores, tejedores, zapateros y sastres, entre otros oficios; además de personas que ponían a la venta productos robados. La normativa actual prohíbe la venta ambulante de comida y animales vivos.

Uno de los puestos de antigüedades que conforman El Rastro madrileño

Uno de los puestos de antigüedades que conforman El Rastro madrileño

/ Istock / soniabonet

La estatua de Eloy Gonzalo

Una de las estatuas más míticas de la zona es la de Eloy Gonzalo, que todo madrileño y amante de la ciudad tiene en la cabeza pero de la cual quizá no conozca la historia. La escultura representa al soldado conocido por sus gestas heroicas en la población cubana de Cascorro. El rey Alfonso XIII reconoció su hazaña y mandó erigir una estatua en su honor en la entonces plazuela del Rastro, obteniendo el reconocimiento oficial en 1941, cuando se colocó la correspondiente placa y la plaza cambió su nombre a Cascorro.

Estatua del héroe bélico Eloy Gonzalo en Cascorro

Estatua del héroe bélico Eloy Gonzalo en Cascorro

/ Istock / sjhaytov

No siempre se organizaba el domingo

No fue hasta el siglo XIX cuando comienza a haber puestos desmontables y, al mismo tiempo, a abrirse los primeros anticuarios, chamarileros y tiendas de compra-venta. Es también entonces cuando comienza a protagonizar las mañanas de domingo. En el siglo XX huyen de la zona de los mataderos y aumenta su actividad a todos los días laborables, aunque ya apuntaba a la popularidad en domingos y festivos. Hacia la década de 1970, los artesanos y comerciantes se asientan en la Plaza del Cascorro. El popular alcalde de Madrir en los años 80, Tierno Galván, fue quien finalmente lo redujo a domingos y festivos.

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