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El primer pueblo declarado Bien de Interés Cultural de España es “barato a ojos del turista”: una villa medieval con calles empedradas, plaza Mayor porticada y balcones de madera

Un paseo entre casas de piedra, soportales y calles empedradas por una villa cuyo conjunto histórico está protegido desde hace décadas.

El primer pueblo declarado Bien de Interés Cultural de España es “barato a ojos del turista”

El primer pueblo declarado Bien de Interés Cultural de España es “barato a ojos del turista” / Istock / armando oliveira

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En el sur de Salamanca, encajonado entre las montañas de la Sierra de Francia, hay un pueblo que blindó su casco histórico mucho antes de que a nadie se le ocurriera hablar de turismo rural. La Alberca se convirtió en 1940 en el primer municipio de España declarado Monumento Histórico-Artístico (hoy Bien de Interés Cultural), y su entramado urbano sigue siendo el mejor ejemplo de arquitectura serrana de toda la provincia.

Fuente y crucero del siglo XVIII en la plaza mayor de La Alberca

Fuente y crucero del siglo XVIII en la plaza mayor de La Alberca / Istock / David Andres

Recorrerlo es tan simple como echar a andar, no hay que pensar mucho en un itinerario. Piérdete por sus calles empedradas para ver cómo la piedra, el granito, la madera y la cal forman las casas que parecen sostenerse unas sobre otras. Además, el viaje no exige un gran desembolso: se puede comer en la zona con menús del día bien despachados por algo más de 20 euros y si te quedas a dormir hay alojamientos desde 50 euros.

El primer pueblo Conjunto Histórico-Artístico de España: balcones repletos de flores y calles empedradas en una joya medieval

Adriana Fernández

Una arquitectura de madera, piedra y balcones sobre la calle

El gran reclamo de La Alberca es su propio caserío. Las calles son estrechas, de trazado irregular, y las viviendas se apretujan aprovechando el espacio al máximo. Las plantas superiores sobresalen irregularmente sobre las inferiores, y así crean entramados geométricos de madera rellenos de mampostería que llaman la atención a todo viajero que se acerca hasta aquí.

Y no podemos dejar de mencionar los balcones de madera y los dinteles de las puertas: muchos conservan inscripciones, fechas de construcción y símbolos religiosos grabados en la piedra. ¿Cómo no se iba a proteger este pueblo hace más de 80 años? Fue una medida pionera en España, pues no se protegía una iglesia o un castillo concreto, sino todo el conjunto de calles y viviendas.

Típicas casas antiguas de La Alberca

Típicas casas antiguas de La Alberca / Istock / Luis Pedro Duarte da Fonseca

Aunque vayas sin rumbo, seguro que acabas en la plaza Mayor, el corazón de la vida local. Es de planta cuadrada y está rodeada por soportales de columnas de granito y casas tradicionales con balconadas. En uno de los flancos se levanta la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo del siglo XVIII que guarda en su interior un imponente púlpito de granito esculpido en el siglo XVI.

Un cerdo suelto y otras tradiciones vivas

Sus tradiciones siguen vivas y la más famosa es, sin duda, la del Marrano de San Antón. Cada año, un cerdo anda suelto por las calles del pueblo comiendo de lo que le echan los vecinos y los visitantes, hasta que llega el día de San Antón y se sortea con fines benéficos.

La declaración de Conjunto Histórico-Artístico fue concedida en 1940

La declaración de Conjunto Histórico-Artístico fue concedida en 1940 / Istock / Luis Pedro Duarte da Fonseca

Otra cita clave es la Loa de Nuestra Señora de la Asunción, una representación teatral popular al aire libre que se transmite dentro de las familias del pueblo desde el siglo XVII. La tradición tiene tanto arraigo que en 2022 la Junta de Castilla y León la declaró Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial.

Entre Las Batuecas y la cima de la Peña de Francia

Por si era poco, la visita a La Alberca no acaba en sus calles. El pueblo está metido de lleno en el Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia. En el propio término municipal se encuentra el valle de Las Batuecas, una especie de refugio natural con pinturas rupestres prehistóricas y el antiguo convento carmelita del Desierto de San José. El valle, por su enorme valor paisajístico e histórico, cuenta también con su propia declaración de BIC como Sitio Histórico desde el 2000.

La otra gran escapada es subir a la Peña de Francia. Su santuario (a más de 1.700 metros de altitud) tiene un mirador brutal sobre toda la comarca.