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Sergio, el último habitante de un pueblo de León: “Antes en verano la gente venía y se quedaba 15 días o un mes, pero cada vez vienen menos”

La localidad del Bierzo que inspiró el pueblo de la película As bestas pierde también a quienes regresaban en verano, según relata su último vecino.

El Valle de Valcarce es parte del escenario de As bestas una de las favoritas para ganar el Goya 2023

El Valle de Valcarce es parte del escenario de As bestas una de las favoritas para ganar el Goya 2023 / lkonya / ISTOCK

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En Quintela queda un solo vecino. Se llama Sergio Cela y vive rodeado de casas vacías, ganado y montañas, en esta pequeña localidad de Barjas, en el Bierzo Oeste. Lo que más ha cambiado no es solo el número de personas que viven allí, sino también las que regresan cuando llega el verano, según contaba Sergio a El Periódico.

Para llegar hasta aquí hay que recorrer unos siete kilómetros desde Barjas por una pista de grava, piedras y baches que se interna en el monte entre robles, pinos y castaños. Sergio la conoce bien. También conoce sus problemas. “Nos engañan desde hace años”, protesta. No sabe si señalar al alcalde de Barjas, al presidente de la Diputación o a la institución entera, pero tiene clara una cosa: “Es una necesidad. Verla como está”.

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El camino atraviesa un paisaje en el que las casas aparecen cada vez más dispersas hasta desaparecer por completo. Quedan alrededor de una decena de viviendas, algunas abandonadas, construidas sobre piedra caliza en distintos niveles, y la pequeña capilla de San Bartolomé.

En verano todavía regresan antiguos vecinos con sus familias. Se quedan unos días, aunque ya no tanto como antes. “Antes en verano la gente venía y se quedaba 15 días o un mes, pero ya no, cada vez vienen menos... la gente se hace mayor”, cuenta Sergio. Cuando termina el verano, el pueblo vuelve a quedarse prácticamente en silencio. Desde que murió su madre, hace tres décadas, él es el único habitante permanente.

Iglesia de Barjas

Iglesia de Barjas / Wikimedia Commons

Vivir solo no significa estar aislado

Sergio tiene ahora 70 años y ha pasado su vida entre estas montañas. Es ganadero, aunque ya está jubilado, y mantiene 22 vacas que pastan en las laderas de Quintela. “Mis padres tenían ganado y yo también. He vivido de ellas”, explicaba en la entrevista. Su día a día transcurre entre el ganado, el huerto, las reparaciones de su casa y los desplazamientos en el todoterreno. No describe su vida como una condena ni parece buscar una salida. “Es que yo solo estoy para dormir, nada más. Yo todos los días cojo el todoterreno”, relata. En Vega de Seu, el pueblo más cercano, le dejan el pan todos los días.

Tampoco ha perdido del todo la vida social. Tiene su cuadrilla, organiza comilonas de vez en cuando y sale a cazar con sus perros. Conoce cada camino y cada tierra de los alrededores y sabe qué animales pueden aparecer en ellos. También conoce las pequeñas trampas de un pueblo pensado para quienes llevan toda la vida caminándolo. Al salir hacia el despoblado de Barrosas, por ejemplo, advierte del alambre de espino que ha colocado para evitar que se escapen las vacas.

El aislamiento, además, tiene sus propias particularidades. En Quintela hay cobertura gracias a un repetidor situado en el monte Ogrovio y Sergio dispone de televisión por satélite. Le gusta estar informado y sigue especialmente la política. Sobre el invierno, no dramatiza: dice que las temperaturas pueden bajar hasta los -2ºC y que la nieve suele alcanzar los 25 o 30 centímetros.

Viñedo de El Bierzo

Viñedo de El Bierzo / Ed-Ni-Photo / ISTOCK

Sergio cree que hablar de repoblar no sirve demasiado si quienes quieren regresar o instalarse no encuentran condiciones para hacerlo. “La gente dice que hay que repoblar, pero habrá que dar dinero, ayudas”, sostiene.

Mientras tanto, Quintela conserva algunos momentos de actividad. La fiesta del pueblo reúne de nuevo a antiguos vecinos y familiares, con música y una pulpada que Sergio defiende como la auténtica, “pero sin patatas”. También está el magosto, cuando las castañas vuelven a reunir a quienes regresan por la fesividad de Todos los Santos. Son encuentros breves. Después, la carretera vuelve a quedarse vacía y Sergio recupera su rutina entre las vacas, el huerto, los perros y la casa de piedra. Lleva más de 40 años como alcalde de la pedanía, aunque asegura que quiere dejar el cargo. “Quiero marcharme ya de alcalde, pero no me dejan”, comenta.

El día que llegó el cine

Durante tres meses, a finales de 2021, Quintela dejó de ser un pueblo prácticamente vacío para convertirse en un plató. Rodrigo Sorogoyen escogió este lugar para rodar parte de As bestas, la película que después llevaría este paisaje a las salas de cine. Eligieron esta localidad para el rodaje, pero la historia se basa en el crimen de Santoalla, un caso real ocurrido en el 2010 en una pequeña aldea de Petín, en Ourense (Galicia).

La película se inspira en el crimen ocurrido en 2010 en la parroquia de Santoalla (Petínn, Orense)

La película se inspira en el crimen ocurrido en 2010 en la parroquia de Santoalla (Petínn, Orense) / Wikimedia Commons

Sergio terminó apareciendo en la película. Su participación fue pequeña y ya ni siquiera recuerda las frases que tuvo que memorizar. “Eran cosas cortas. Yo estaba con las vacas”, cuenta. La llegada del equipo, eso sí, alteró durante semanas la rutina del pueblo. Camiones, furgonetas y trabajadores subían por la misma carretera que Sergio llevaba años reclamando. Algunos días las grabaciones terminaban de madrugada y hubo momentos en los que la estrechez y el mal estado del camino pusieron a prueba a los vehículos.

Al principio, Sergio no recibió a la producción con los brazos abiertos. Cuenta que llegó a echarles varias veces, hasta que una de las responsables gallegas del equipo terminó convenciéndolo. Después cambió de opinión: quedó “contentísimo” con ellos y destaca que era gente “muy educada, muy bien”. También guarda un recuerdo especial de Luis Zahera, con quien bajó a comer un par de veces a Villafranca.