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El precioso pueblo gallego que no tiene turismo: playas vírgenes y declarado Conjunto Histórico-Artístico

Una fantástica localidad marinera para recorrer a pie sus rincones más emblemáticos como su imponente Monte Louro y probar su gran plato estrella: las sardinas.

Una villa marinera cuyo patrimonio y naturaleza se fusionan para ofrecerte uno de los destinos favoritos de los turistas para este verano

Una villa marinera cuyo patrimonio y naturaleza se fusionan para ofrecerte uno de los destinos favoritos de los turistas para este verano / Istock

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Muros, situado en A Coruña es una de esas pocas ciudades de Galicia que ha conseguido mantenerse al margen del turismo masivo, conservando intacta su esencia tradicional. Una villa marinera cuyo patrimonio y naturaleza se fusionan para ofrecerte uno de los mejores sitios para poder disfrutar alejados de las grandes masas de turistas. En el año 1970, fue declarada Conjunto Histórico Artístico, un verdadero hallazgo que debes visitar sí o sí.

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Redacción Viajar

Lo de Muros es una cosa impresionante, un municipio de apenas 8.000 habitantes que tiene alrededor de 25 kilómetros de costa. ¡Es demasiado litoral para un sitio tan pequeño! En total son 20 playas vírgenes y pequeñas calas, entre las que destacan, La Playa Lariño, siendo la más grande con 2.000 metros en total hasta Area Maior, con unos 1.470 metros, que te dejará impresionado. En el extremo contrario está O Salto, una calita diminuta de apenas 10 metros. Tampoco se quedan atrás otras como San Francisco, Ancoradoiro, Bornalle, Parameán o Area Longa-Cabanas, muy conocidas en la región que también merecen mucho la pena.

Lariño Playa

Lariño Playa / wikimedia Commons/Basotxerri

Si habéis visitado Muros, tenéis que conocer su famoso Monte Louro, una montaña costera situada en la parroquia de Louro, famosa porque su silueta, que parece surgir directamente del atlántico y es considerado uno de los paisajes más reconocidos de toda Galicia. Es increíblemente gigante, en total son más de 241 metros de altitud y muchos la conocen como las dos jorobas por su gran parecido. Una curiosidad que muy pocos conocen, es que se suele considerar como uno de los puntos donde comienza paisajísticamente la Costa da Morte, también muy conocida en Galicia.

Monte Louro

Monte Louro / wikimedia Commons/Basotxerri

Un casco antiguo marinero

Sus calles estrechas, sus casas de piedra y sus icónicas plazas te invitan a conocer parte de su historia, un casco histórico que sigue conservando su arquitectura medieval como el primer día, lo que hizo que más tarde se considerase Conjunto Histórico-Artístico. Antiguamente, las viviendas eran refugio para la venta de pescado y para los días de mucho calor y frío, sus viviendas tradicionales con soportes de granito eran pensadas para una arquitectura marina

Muros, Galicia

Muros, Galicia / Istock / grahamheywood

Muros es una ciudad intensamente ligada al mar y no existe mejor forma de poder conocerla que hacer un recorrido por su largo Paseo Marítimo que bordea todo el litoral desde la lonja municipal hasta la cercana parroquia de Serres. Pasear por él significa disfrutar del mar y ver esta villa medieval de piedra desde una perspectiva diferente. El recorrido está lleno de detalles, como el de la escultura de A Vella, que representa una anciana sentada mirando al horizonte en un claro homenaje a la vida del mar. Tampoco puedes perderte la visita a la preciosa Praza de Abastos o pasear por los lugares más emblemáticos como el Arco de Don Diego, relacionado con una de las familias más ilustres.

Escultura Marineros y Mujeres

Escultura Marineros y Mujeres / wikimedia Commons/Basotxerri

La gran protagonista Histórica: la sardina

La cocina de Muros, sobre todo es marinera, lo más frecuente es su famoso pescado fresco y marisco procedente de la ría y el atlántico, pero también encontrarás otros platos como su famosa empanada gallega, un plato típico relleno con atún, bonito, pulpo, berberechos, bacalao o carne o su icónico pulpo à feira.  

Durante muchos siglos, la sardina fue la base económica de Muros. La pesca y las fábricas de salazón convirtieron la villa en un puerto exportador, y la sardina llegó a tener muchísimo prestigio en mercados tan lejanos como Barcelona. Actualmente, llega menos sardina a la lonja y han ganado protagonismo especies como el jurel y la caballa.