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En 1968, un agricultor topó con un muro enterrado en su finca de Palencia; 58 años después es el palacio romano con más mosaicos de España, excavado por el hombre que donó su mayor tesoro

Un arado se detiene en seco un mediodía de julio de 1968. Debajo, 1.450 metros cuadrados de mosaico romano llevaban dieciséis siglos esperando.

Unos fascinantes mosaicos que puedes ver... en Palencia.

Unos fascinantes mosaicos que puedes ver... en Palencia. / Istock / Al Carrera

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Era julio de 1968 y un hombre, como cada mañana, dirige a una cuadrilla de obreros en unas tierras de labranza en el norte de Palencia. Los trabajos, los de siempre: allanar parcelas. Pero entonces el arado se atasca contra algo que no debería estar ahí. El mismo lo mira y dice: "¿Eso es un muro?". Y pensó, como no podía ser de otra forma, que no tenía ningún sentido que este estuviera en mitad de una finca donde se planta cereal.

Mosaicos romanos de la villa romana de La Olmeda

Mosaicos romanos de la villa romana de La Olmeda / Istock / Al Carrera

El hombre para a los trabajadores y llama a un amigo que sabe algo de estas cosas, y esa misma tarde con las manos y con lo que tienen a mano empiezan a rascar tierra alrededor de esa piedra que no cuadra en medio del campo. No les hizo falts cavar mucho... porque bajo una fina capa de cal apareció un pavimento gigante de teselas de colores, intacto y todavía brillante a pesar de los siglos que llevaba escondido.

La ciudad romana mejor conservada de España está bajo tierra: con un teatro casi intacto, mosaicos originales y un museo subterráneo que es único en Europa

Adriana Fernández

Lo que encontró no era un simple mosaico suelto: era el suelo de un palacio romano del siglo IV, quer hoy se llama la Villa Romana de La Olmeda. 58 años después de aquella tarde es, con sus 1.400 metros cuadrados de mosaicos conservados en su emplazamiento original, el conjunto de mosaicos romanos in situ más grande de España.

Un arado que trajo al Ministerio de Cultura

Los dos nombres que conviene recordar de este hallazgo son dos: Javier Cortés Álvarez de Miranda, propietario de la finca y el que aquel día dirigía las labores de allanamiento del terrento en el pueblo de Pedrosa de la Vega. El otro, su amigo Avelino Palacios. Fueron ellos dos quienes, sin esperar a nadie, sacaron a la luz el primer fragmento de un pavimento que llevaba desde el siglo V sin que nadie lo pisara.

Mosaicos del pueblo romano de La Olmeda

Mosaicos del pueblo romano de La Olmeda / Istock / Al Carrera

Luego, viendo la magnitud del descubrimiento, Cortés pidió autorización al Ministerio de Cultura, que llegó un año después. Lo curioso es que la excavación de este mosaico la pagó de su propio bolsillo el dueño de la propiedad y no el estado. Esta fue dirigida por Pedro de Palol, catedrático de Arqueología de la Universidad de Valladolid, que levantó con sus propios medios las primeras casetas que protegieron los mosaicos de la intemperie. Hoy, quien visita la villa no camina sobre tierra. Camina sobre una red de pasarelas metálicas suspendidas encima de los mismos mosaicos que salieron a la luz en 1968, dentro de un edificio que envuelve el yacimiento como una segunda piel. La sensación es rara al principio, esa de mirar hacia abajo y ver, a apenas un metro, el suelo original de una casa que llevaba 1.500 años enterrada.

El salón con más mosaicos in situ de España

Ni 1, ni 2, ni 3 ... son unos 1.400 metros cuadrados los que se desenterraron de mosaicos romanos. Según los posteriores estudios una de las partes, la más llamativa, fue el gran salón de recepción de la villa, y también el espacio donde se concentra la pieza que ha dado fama al yacimiento entero: un mosaico del encuentro entre Aquiles y Ulises en la isla de Skyros. La escena representa el momento en que Ulises descubre a Aquiles escondido entre las hijas del rey Licomedes, disfrazado de mujer para librarse de ir a la guerra de Troya. Las teselas, diminutas, de piedra caliza y arenisca en tonos ocres, rojizos y azulados, dibujan las figuras con un detalle que sorprende cuando se ve de cerca.

Mosaicos geométricos de la villa romana de La Olmeda

Mosaicos geométricos de la villa romana de La Olmeda / Istock / ABBPhoto

En la parte inferior del mismo pavimento se despliega una escena de cacería, con jinetes, perros y presas. Y todo el conjunto queda enmarcado por una cenefa con retratos que representan las estaciones del año. Falta una, la del verano, perdida con el tiempo. Desde la pasarela se recorre el salón entero en el lugar exacto donde estuvo siempre, con la misma orientación y la misma luz. De las 35 estancias que forman la villa, 26 conservan mosaicos originales sobre suis 1.400 metros cuadrados de extensión total.

El hombre que lo salvó y lo regaló

Javier Cortés no era un labriego que tropezó con la suerte. Era ingeniero agrónomo de formación y aficionado culto a la arqueología, y esa distinción importa porque explica todo lo que vino después.

Escenas de caza en los mosaicos de La Olmeda

Escenas de caza en los mosaicos de La Olmeda / Istock / Al Carrera

En 1969, apenas un año después del hallazgo, el Museo Arqueológico Nacional le ofreció comprarle el mosaico de Aquiles para trasladarlo a Madrid. Cortés dijo que no. Se negó, según recoge su biografía en el Diccionario Biográfico de la Cultura Palentina, a que ningún mosaico saliera de la finca donde había aparecido, una decisión que hoy explica por qué la villa conserva íntegro su conjunto de pavimentos en lugar de tenerlos repartidos entre vitrinas de distintos museos.

Durante doce años sostuvo la excavación con su propio dinero, sin ayuda pública, hasta que en 1980 dio el paso final: donó la villa completa a la Diputación de Palencia, que desde entonces se hizo cargo de la conservación, la investigación y la apertura al público. Recibió la Medalla de Oro de la Provincia de Palencia ese mismo año, y en 2015, ya de forma póstuma, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En Saldaña, a cinco kilómetros de la villa, su nombre sigue muy presente. Hay una casa-museo dedicada a él, una estatua, y un parque público junto al río Carrión que lleva su nombre, el Parque Público Javier Cortés, un lugar que cualquiera puede visitar caminando cinco minutos desde el centro del pueblo.