En 1812 un ejército en retirada intentó volar el monumento más visitado de Andalucía; 214 años después, la leyenda dice que lo salvó un soldado que cortó las mechas
Un ejército entero dejó el monumento más visitado de Andalucía sembrado de pólvora, con orden de volarlo entero. Del hombre al que la tradición atribuye haberlo evitado no queda ni una partida de nacimiento - y nadie escribió su historia hasta 31 años después de los hechos.

Uno de los lugares más fascinantes de España: La Alhambra. / Istock / http://www.hansmartens.com
Llevaban casi tres años instalados allí. Habían convertido la fortaleza en cuartel, prisión y almacén. Cuando llegó la orden de replegarse hacia Francia, no se limitaron a recoger sus cosas. Cargaron las torres con barriles de pólvora y tendieron una red de mechas preparada para que, al prenderse la primera, todas ardieran en cadena. La intención no era causar daños. Querían hacer desaparecer la Alhambra.

Interior de la Alhambra. / Istock / sopotnicki.com
Pero algo salió mal. Nadie sabe con certeza qué ocurrió. Tal vez una mecha se apagó, quizá la humedad hizo su trabajo o puede que alguien lograra cortarla a tiempo. La explosión que debía arrasarlo todo quedó incompleta. Desde entonces, una pregunta lleva más de dos siglos sin encontrar una respuesta capaz de resistir la consulta de los archivos: ¿quién salvó la Alhambra de la destrucción? Lo que queda es una placa colocada mucho después y una historia que empezó a escribirse cuando ya no vivía nadie que pudiera confirmar o desmentirla. Ese lugar es hoy Patrimonio de la Humanidad y el monumento más visitado de Andalucía. En 2025 recibió 2.726.871 visitantes, un 0,5 % más que el año anterior. Fue el cuarto monumento más visitado de España, por detrás de la Sagrada Familia, la Basílica del Pilar y la Catedral de Santiago.

Adriana Fernández
El plan para borrar la Alhambra del mapa
Los soldados del IV Cuerpo del ejército francés, dirigidos por el general Horace Sébastiani, entraron en Granada el 28 de enero de 1810. Durante la ocupación, la Alcazaba funcionó como prisión, el convento de San Francisco alojó a tropas polacas y tanto la iglesia de Santa María como el Palacio de Carlos V se utilizaron como almacenes. Incluso la madera de algunas techumbres terminó convertida en leña. En el Patio de los Leones llegaron a plantar un jardín de rosas sobre el antiguo suelo nazarí.
Cuando llegó el momento de retirarse, los franceses decidieron dejar atrás algo más que una fortaleza vacía. Minaron el recinto de la Alhambra y conectaron las cargas mediante mechas para provocar una sucesión de explosiones.

Patio de los leones, Granada. / Istock
La versión oficial del Patronato de la Alhambra sitúa el intento en la noche del 17 de septiembre de 1812, mientras que otras reconstrucciones históricas adelantan los hechos a la noche del 15 al 16 de ese mismo mes. Tampoco existe unanimidad sobre los daños. Algunas fuentes hablan de ocho torres afectadas y otras elevan la cifra hasta cerca de diez, especialmente en la zona del Generalife.
Lo que sí se sabe es que la voladura de la Alhambra no llegó a completarse. La cadena de explosiones se interrumpió y hasta hoy no se ha podido demostrar documentalmente por qué. Aunque las huellas de aquella noche siguen formando parte del monumento.

Vista aérea de la Alhambra, Granada / Istock
La Torre de los Siete Suelos quedó casi completamente destruida y tuvo que ser reconstruida a mediados del siglo XX a partir de dibujos y grabados antiguos. Su interior no forma parte de la visita ordinaria. La puerta principal permanece además oculta por el gran baluarte defensivo construido frente a ella. Sin embargo, algunos programas especiales permiten acceder al baluarte y descender hasta dos de sus plantas subterráneas.
La Torre de Comares tuvo más suerte. No llegó a derrumbarse, aunque permaneció agrietada durante décadas. En 1931, el arquitecto Leopoldo Torres Balbás llevó a cabo una intervención de urgencia que permitió asegurar la estructura y evitar que su deterioro continuara.

Patio de los Arrayanes, Palacio de Comares, Fortaleza de la Alhambra / Istock
¿Existió realmente el soldado que salvó la Alhambra?
La web oficial del Patronato de la Alhambra recoge como cierta una historia que se ha repetido durante generaciones. Según este relato, un brigada del Regimiento de Inválidos llamado José García, herido en la batalla de Bailén, arriesgó su vida para neutralizar las mechas que seguían encendidas y detener así la sucesión de explosiones.
Es la historia del soldado que salvó la Alhambra que aparece una y otra vez en guías, folletos y relatos sobre el monumento. El problema aparece cuando se buscan documentos. Los archivos no ofrecen, hasta ahora, ninguna prueba que permita identificar a ese José García. Su nombre aparece por primera vez en 1843 en un libro de Miguel Lafuente Alcántara, 31 años después de los acontecimientos que supuestamente protagonizó. Desde entonces, nadie ha localizado un documento contemporáneo que confirme su participación.

Plaza a José García en La Alhambra. / Wikicommons
El investigador Francisco de Paula Valladar dedicó años a consultar archivos militares españoles y franceses, además de registros de nacimiento, defunción y entierro, en busca de alguna referencia al cabo o brigada García. No encontró ninguna. Manuel Gómez Moreno también señaló a Lafuente Alcántara como origen del relato en varios artículos publicados en 1884. Sin embargo, cuando publicó su guía de Granada en 1892 decidió no incluir aquella historia por falta de pruebas.
Así, entre la Alhambra que estuvo a punto de ser destruida en 1812 y el hombre al que tradicionalmente se atribuye su salvación queda un enorme vacío documental. Hasta ahora nadie ha conseguido llenarlo, aunque el Patronato continúa recogiendo la historia de José García. Hay, eso sí, una prueba material de la leyenda: una placa. Fue colocada en noviembre de 1936 en el Patio de los Aljibes para rendir homenaje a García. Había pasado más de un siglo desde la voladura y la Guerra Civil española ya había comenzado. La placa es un elemento de memoria, no una prueba de que los acontecimientos sucedieran exactamente así. Todavía puede verse en el mismo patio.

Calle Real de la Alhambra / Istock
Las cicatrices de 1812 que todavía se pueden ver
Quien recorre hoy el Paseo del Generalife pasa junto a la Torre de los Siete Suelos sin saber necesariamente que parte de lo que está contemplando es una reconstrucción del siglo XX levantada sobre las cicatrices que dejó la explosión de 1812. Desde el exterior destaca el enorme volumen del baluarte que protege la torre y oculta su puerta original. El interior no está incluido en el recorrido habitual de la Alhambra. Algunos programas especiales organizados por el Patronato sí permiten acceder al baluarte y descender a dos de las plantas subterráneas de la torre.
Es una visita poco común que permite entrar precisamente en una de las estructuras que sufrió directamente las consecuencias de aquella noche. La Torre de Comares, por el contrario, forma parte de uno de los espacios esenciales del Palacio de Comares. Su aspecto actual apenas permite imaginar el deterioro que arrastró hasta la intervención de Torres Balbás.

Detalles de la Alhambra. / Istock
Junto con el espectacular Salón de Embajadores que alberga, constituye una de las paradas imprescindibles de cualquier visita a la Alhambra de Granada. También es uno de esos lugares donde resulta difícil imaginar lo cerca que estuvo el ejército napoleónico de hacer desaparecer una parte fundamental del patrimonio nazarí.
Qué ver en Granada después de visitar la Alhambra
Visitar la Alhambra no significa haber terminado de conocer Granada. El monumento domina la colina, pero la ciudad continúa mucho más allá de sus murallas. Al descender hacia el valle del Darro aparece el Albaicín, el antiguo barrio morisco que también forma parte del Patrimonio Mundial. Sus calles empedradas, las fachadas blancas y los tradicionales cármenes forman uno de los paisajes más reconocibles de Granada.

Callejón en el barrio de Albaicin / Istock
Desde el mirador de San Nicolás la perspectiva cambia por completo. Allí es la propia Alhambra la que se convierte en paisaje, con Sierra Nevada dibujándose al fondo durante buena parte del año. El Generalife y sus jardines, con sus acequias, patios y zonas verdes, completan la visita al conjunto monumental. Más lejos se encuentra el Sacromonte, conocido por sus casas cueva y por una tradición flamenca que todavía forma parte de la vida cotidiana del barrio.
Qué comer en Granada
La gastronomía también forma parte de cualquier viaje a la ciudad. Una de las grandes señas de identidad de Granada sigue siendo la tapa gratuita con cada consumición, una costumbre que permite convertir una ronda de cervezas en una comida casi sin darse cuenta.
Entre los platos típicos de Granada destaca el remojón granadino, elaborado con naranja, bacalao y aceitunas. También están las habas con jamón, especialmente populares durante la primavera. Mucho más particular es la tortilla del Sacromonte. La receta tradicional incluye sesos y criadillas, aunque actualmente es posible encontrar versiones adaptadas con otros ingredientes.
Para terminar, pocos dulces están tan ligados a la provincia como los piononos de Santa Fe, pequeños bizcochos enrollados, empapados en almíbar y coronados con crema, cuyo origen está a pocos kilómetros de la capital. Quienes busquen una comida especial pueden acercarse a Faralá, en la Cuesta de Gomérez, prácticamente a los pies de la Alhambra. En noviembre de 2025 consiguió la primera estrella Michelin para la ciudad de Granada gracias al trabajo de la chef Cristina Jiménez y mantiene la distinción.
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