De Zumaya a Igueldo, un paseo por el balcón más bello del Cantábrico

Entre Zumaya y San Sebastián se extienden los rincones más bellos del País Vasco costero.

Manuel Mateo Perez
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Del que ahora hablamos es un territorio mítico dentro de la provincia de Guipuzcoa donde el viajero encuentra pueblos encantadores, vides con cuyas uvas se elabora el delicioso txacoli, una gastronomía para chuparse los dedos y una historia vinculada con un puñado de marineros que participaron en las principales empresas conquistadoras que España acometió por medio mundo.

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Zumaya, rodeada de casas solariegas que ennoblecen su bullicioso puerto, guarda su casco histórico alrededor de la iglesia de San Pedro de estilo gótico y aires de fortaleza. En Zumaya hay unos astilleros que construyen barcos de hasta cien metros de eslora y empresas conserveras que manufacturan el bonito que en tiempos de captura llegan hasta las lonjas del pueblo. Pero lo más encantador de Zumaya se halla en uno de sus más reconocidos salientes costeros. Se trata de la ermita de San Telmo, donde se venera a la sagrada imagen protectora de los marineros. Se sabe que está en este lugar desde 1540 y que en el siglo XVII fue sede de la cofradía de mareantes. San Telmo, además, es el punto de partida de una ruta espectacular por los denominados acantilados de Itzurun, una rasa mareal que se extiende entre la vecina localidad de Deva y Zumaya, un denominado flysch, el ADN más antiguo de las formaciones geológicas del planeta.

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Guetaria queda al lado. Cuando uno se aproxima a ella divisa a lo lejos el llamado ratón de Guetaria, el monte San Antón, que se adentra en el Cantábrico y que adopta la forma caprichosa de ese roedor. El puerto queda protegido por su fisonomía -hasta el siglo XVI fue una isla- y su casco histórico, el más encantador de toda la costa guipuzcoana, se esparce por el tómbolo que une el monte con la península. Entre casonas nobiliarias se alza la iglesia del Salvador, cuyo interior está repartido por varias naves que se acomodan a la rugosidad y el desnivel del terreno que pisa. Fue en Guetaria donde nació Juan Sebastián Elcano, el marinero al servicio de la Corona Española que partió junto a Fernando de Magallanes en 1519 del puerto de Sevilla para dar la primera vuelta al mundo. Elcano regresó a Sanlúcar de Barrameda tres años después, en 1522. Habían partido 239 hombres en cinco naos. Solo regresaron dieciocho en la nao Victoria. La primera circunnavegación a la Tierra es motivo de homenaje permanente en Guetaria. A la escultura dedicada al navegante frente al ayuntamiento se une el monumento coronado por la escultura de Victorio Macho que mira a una de las dos playas del pueblo. Pero Guetaria es famosa no solo por su célebre marinero. Lo es también por el modisto Cristóbal Balenciaga que nació en una humilde casa del centro histórico en 1895 y se convirtió con los años en uno de los diseñadores españoles más reconocidos en el mundo. Hoy un museo perpetúa su memoria a la que vez que exhibe algunos de sus mejores modelos.

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Un delicioso paseo de poco más de cuatro kilómetros une Guetaria con Zarauz. Es un paseo que discurre paralelo al Cantábrico y a la carretera nacional 634 y que termina en una acentuada curva donde se divisa en toda su belleza la villa más aristocrática de la provincia vasca. Hay una piscina natural y próximo a ella el palacio de Narros, cuya construcción se remonta al siglo XVI y que a mediados del siglo XIX fue residencia de verano de la reina Isabel II. De aquella época le viene a Zarauz su tono noble, enaltecido por edificios señoriales como Narros con su hermoso jardín inglés o, situado enfrente, la torre campanario convertida hoy en museo de historia local y la iglesia de Santa María la Real.

Zarauz es dueña de la reina de todas las playas, casi tres kilómetros ininterrumpidos frente al Cantábrico donde se citan familias, visitantes, surfistas  amantes de la naturaleza. En Zarauz además se come bien en famosos restoranes como el de Carlos Arguiñano, un símbolo para el pueblo.

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Es de esta localidad guipuzcoana de donde parte una carretera poco conocida y poco transitada. Se trata de la provincial Igueldo-Orio que parte en dos el último escalón hacia el Cantábrico y que conduce por un paisaje encantador, salpicado de casas rurales, camping y casas de comida, hasta el monte Igueldo que preside uno de los extremos de San Sebastián. A partir de aquí nos espera la bella Donostia. Pero ese ya es otro viaje. 

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