Zamora románica y modernista

La puesta en marcha de nuevas rutas de alta velocidad refuerzan la conexión con Zamora Situada a orillas del mítico río Duero, incrementa su protagonismo como cuna del saber y de la historia y como destino para una escapada completa, cultural, gastronómica y de ocio.

Silvia Roba

Mito y realidad, romances y cantares de gesta, historias de verdad y alguna que otra inventada. Resulta imposible distinguir lo verdadero de aquello que no lo es tanto en Zamora, la bien cercada, la ciudad que no se tomó en una hora, morada de reyes y también de héroes que un día fueron anónimos. Uno de ellos, Viriato, da nombre a la plaza que sirve de punto de partida casi de cualquier ruta por el monumental casco antiguo, acomodado a orillas del Duero, el gran río castellano, del que fue sus ojos (Ocellum Durii) para los romanos. Contra sus huestes luchó el rebelde pastor lusitano, creador, sin querer, de la Seña Bermeja, la bandera zamorana, que luce ocho franjas rojas sueltas en recuerdo de cada una de sus batallas ganadas. También ganó la suya propia doña Urraca, que aguantó durante siete meses, allá por el año 1072, el asedio de su hermano, Sancho II de Castilla, que no logró arrebatarle el poder al ser asesinado por Bellido Dolfos junto a la muralla, justo en el lugar que hoy se conoce como Portillo de la Traición.

Primer consejo: hay que repasar la Historia. Zamora está llena de recuerdos y de personajes que aparecen a cada paso que damos para reclamar toda nuestra atención. Doña Urraca amó al Cid Campeador, que tiene su propia casa aquí, también conocida como el Palacio de Arias Gonzalo. Un edificio civil románico que se alza junto a la Puerta del Obispo, uno de los accesos más antiguos a la ciudad, junto a la Catedral, la más antigua de Castilla y León, construida del tirón y en solo 23 años, entre 1151 y 1174. Esa tan rápida construcción permitió una gran unidad de estilo, dentro de los cánones borgoñones clásicos, pero con sustanciales novedades que hacen de ella la catedral más vanguardista del siglo XII en España. Aunque merece la pena detenerse en todos y cada uno de sus detalles -hay que fijarse bien en las misericordias de la sillería del coro-, solo un elemento acapara toda las miradas: el cimborrio, de influencia bizantina, gallonado y cubierto de escamas de piedra, como si fuera la piel de un dragón. El precio de la entrada incluye la visita al Museo Catedralicio, con una importante colección de tapices.

La ruta de los templos

En Zamora se puede trazar una ruta románica perfecta, con más de veinte templos diseminados por las calles empedradas de su casco urbano, de diseño medieval. La de San Juan de la Puerta Nueva tiene un elegante rosetón; la de San Cipriano, relieves en sus muros, y la de Santa María la Nueva, una historia de la que aún quedan ecos: al transitar despacio por ella casi se pueden escuchar los gritos de auxilio de los burgueses que murieron aquí durante el Motín de la Trucha. Hay más iglesias que visitar: la de San Isidoro, con dos portadas con arcos concéntricos; la de Santiago del Burgo, la mejor conservada de todas aunque algo alejada, y la de Santa María Magdalena, con una rica y ornamentada portada entre cuyas arquivoltas se esconde un obispo con su mitral. Quien lo encuentre puede estar seguro: algún día volverá a Zamora.

Tras alimentar el espíritu, habrá que alimentar el cuerpo, y para ello una buena dirección es El Rincón de Antonio, en pleno centro. Lo suyo es la cocina zamorana tradicional pero actualizada, que se traduce en platos como la pularda escabechada con mejillones y salsa de mango o la carrillera con setas y reducción de vino de Toro. Otra opción para comer es el restaurante Las Aceñas, instalado en un antiguo molino harinero en el mismo río, con unas vistas espectaculares del Duero y de la ciudad. Un buen lugar para profundizar en la cultura más tradicional, algo que también se puede hacer recorriendo el impresionante Museo de Semana Santa, con los pasos que habitualmente salen en procesión; el Museo de Zamora, ubicado en el antiguo Palacio del Cordón, con importantes hallazgos arqueológicos, y el Museo Etnográfico de Castilla y León, que propone todo un viaje a través de los usos y costumbres populares, con piezas de barro, trajes típicos, aperos y documentos gráficos y orales sobre la evolución del lenguaje y la cultura hasta nuestros días.

La zona modernista

Zamora es románica y rural, sí, pero también es, para sorpresa de muchos, modernista. La mejora de las comunicaciones con la llegada del ferrocarril y la aparición de industrias, especialmente transformadoras, fueron los detonantes de una segunda edad de oro de la arquitectura local a mediados del siglo XIX. La burguesía de la época auspició diferentes construcciones en las que predominan las líneas curvas, los contrastes de color y la desaparición de las simetrías. Hay repartidos por el centro de Zamora hasta 19 edificios fieles a este estilo, entre los que brillan con luz propia el de las Cariátides, en la plaza de Sagasta; el Casino, en la calle de Santa Clara; el mercado de abastos, la casa de Juan Gato, en la calle de Ramón Álvarez, y la de Mariano López, en la preciosa calle en cuesta de Balborraz. Junto a ella encontraremos la que pasa por ser la calle más larga de Zamora, o, mejor dicho, la que más tiempo tarda en recorrerse. Es la de los Herreros, la gran vía de las tapas, con bares míticos como Los Abuelos o el Bayadoliz, famoso por sus triángulos (sándwiches) elaborados con una receta súper secreta y sus raciones de champis y oreja. En la ruta del tapeo no debe faltar otro clásico, El Lobo, en la calle del Horno de San Torcuato, donde mandan en la barra y en las mesas los pinchos morunos, los que sí y los que no (unos pican y otros no).

Un consejo

Escuchar un concierto en La Cueva del Jazz, en la calle Puerta Nueva, antes de retirarse a descansar al Parador de Zamora, ubicado en el Palacio de los Condes de Alba y Aliste, del siglo XV. Un nuevo encuentro con la historia que habrá que prolongar al día siguiente con una visita al Castillo, del siglo XI, en cuyo recinto se emplaza el museo con la obra del escultor zamorano Baltasar Lobo. Y también visitar la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave, a 20 km de la ciudad.

Amplia Alta Velocidad por tierras castellanas

La inauguración de nuevas infraestructuras AVE en el tramo Olmedo-Medina del Campo-Zamora ha permitido reducir considerablemente el tiempo de viaje entre Madrid y la capital zamorana, cuya distancia se recorre ahora en solo una hora y 33 minutos. Para ello Renfeha puesto en funcionamiento un nuevo servicio Alvia por sentido que circula por esa nueva infraestructura y sirve para complementar los tres servicios actuales. Esta ruta supone el punto de partida para los futuros trenes de alta velocidad que conectarán Madrid con Galicia, con una mejora sustancial de los tiempos de viaje entre ambas Comunidades.