Zafra o el discreto encanto de 'Sevilla la chica'

Vamos a dar un paseo por esta monumental ciudad de Badajoz. ¿Te apuntas?

 

Noelia Ferreiro
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Foto: Rudolf Ernst / ISTOCK

Su posición privilegiada al borde de la Vía de la Plata y entre dos grandes capitales históricas (Mérida y Sevilla) favoreció desde siempre la prosperidad de esta localidad de Badajoz, cuya historia está trazada de juderías y comercio, de señoríos y ferias ganaderas, de aspiraciones nobiliarias y resquicios de la sabiduría romana.

Hablamos de Zafra, a la que llaman ‘Sevilla la chica’ por sus similitudes con la capital andaluza. Una ciudad que, pese a que en su entramado de calles floridas se le adivina un cierto parecido, en realidad goza de una identidad propia hilvanada con el más puro sabor extremeño.

IMPRESIONANTE CONJUNTO

El parador se alza sobre un castillo del siglo XV. | JUAN PORTONES/PARADORES

El soberbio alcázar de los duques de Feria, hoy reconvertido en Parador, es uno de sus hitos monumentales. Una fortaleza que fue mandada construir por Lorenzo II Suárez de Figueroa en 1437 y en la que un siglo después se acometieron ciertas reformas para darle un aspecto más palaciego que militar, pese a mantener su imponente torre almenada y sus torres circulares en las esquinas.

Artesonados gótico-mudéjares de madera dorada y policromada cubren algunas salas.  | PARADORES

Hay que subir a lo más alto para apreciar las vistas fabulosas al paisaje de los alrededores: de las grandes llanuras agrícolas a las onduladas dehesas cuajadas de encinas y alcornoques. Pero también hay que entrar a su patio renacentista a tomar algo, perderse por su cuidado jardín y admirar sus bellos interiores con artesonados, arcones, herrajes y múltiples elementos decorativos.

LA HORA DEL APERITIVO

Da igual que sea en las terrazas soleadas de la Plaza Chica o en las de la Plaza Grande. Ambas tienen ese aire inconfundible del medievo con sus viejos soportales y casas enjalbegadas, con sus balcones con barandillas de forja y con la solera que le confiere el ser testigo, durante tantos años, del ir y venir de la gente.

También conocida como Gran Plaza.  | Rudolf Ernst / ISTOCK

En la primera emociona un detalle tan nostálgico como la vara castellana de 83 cm, labrada en un pilar, que servía a los comerciantes para medir sus transacciones. En la segunda impone la vista de la Torre de la Candelaria, la principal iglesia de esta ciudad pacense.

Corona la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. | Rudolf Ernst / ISTOCK

PASEOS AGRADABLES

En las dos plazas, así como en las calles circundantes, transcurre la vida cotidiana al calor de un vino de pitarra y una buena tapa de jamón ibérico. Una vida marcada por el campo y por sus reputadas ferias ganaderas, como la de San Miguel, que ya desde el siglo XV se celebra todos los años a finales de septiembre.

En Zafra no hay que perderse joyas como la Casa del Aljimez, el Ayuntamiento o los conventos de Santa Catalina o Santa Clara, donde las monjitas elaboran sus dulces desde tiempo inmemorial. Tampoco las tiendas de la calle Sevilla, la arteria principal, o el paseo por el entramado de callejuelas inmaculadas que van a parar, tarde o temprano, al Arco de Jerez.

Puedes acercarte a él en bicicleta.  | CaronB / ISTOCK

CRUCE DE CAMINOS

A su posición en la Vía de la Plata, la que fuera la columna vertebral del oeste de Iberia y uno de los caminos imperiales que atravesaban la península de norte a sur, debe Zafra su personalidad. Esta vieja calzada que hoy, dos milenios después, asoma en algún trecho en su estado primigenio, tal y como la pisaron los romanos, es una de las grandes rutas senderistas españolas.

Siguiendo su curso desde Zafra se abre una bonita caminata por paisajes de planicies que poco a poco van ganando en altitud, por rincones donde el arte tiene nombre propio, por pueblos donde nunca faltará una gastronomía exquisita.