White Sands, el asombroso desierto de dunas de yeso más grande del mundo

Este Parque Nacional de EE.UU fue fue testigo de la primera explosión nuclear de la historia

José Miguel Barrantes Martín
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En el corazón de la zona desértica de la cuenca de Tularosa, en el estado de Nuevo México (Estados Unidos), una deslumbrante mancha blanca refleja con fuerza los rayos del sol hacia el espacio señalando claramente este punto desde una vista aérea.

Se trata de White Sands, una extensa área de dunas de yeso en cuyos límites se encuentra tanto el fascinante Parque Nacional del mismo nombre como la zona de pruebas militares más grande de todo el país, célebre por haber recogido en su perímetro la primera explosión nuclear de la historia.

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El Proyecto Manhattan y Trinity

Cuando los primeros españoles que exploraron estas tierras en el siglo XVI atravesaron los sofocantes caminos del actual estado de Nuevo México, ingresando en la cuenca de Tularosa a través de las sierras de San Andrés y de los Órganos, o por el norte recorriendo la famosa Jornada del Muerto, poco podían imaginar que varias centurias más tarde aquellas peligrosas tierras serían reconocidas y admiradas por una gran extensión de dunas blancas que, por aquel entonces, no tenían mayor interés que las salinas situadas al norte de Alkali Flat.

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Pero la maravilla natural que constituye hoy en día el recientemente declarado Parque Nacional de White Sands – fue reconocido como tal en 2019 -, y que desde 1933 presentaba la figura de «Monumento Nacional», no pasó a tener un lugar de referencia en la historia de Estados Unidos hasta que, durante la Segunda Guerra Mundial, formara parte de una extensa área de 160 kilómetros de largo y 70 de ancho habilitada como campo de pruebas militar.

Establecida en el mes de julio de 1945, el área conocida actualmente como «Polígono de Misiles de White Sands» nació como un laboratorio de experimentación de la energía atómica en el marco del desarrollo del Proyecto Manhattan, del que salieron las primeras armas nucleares creadas por la Humanidad.

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Fue así como, el 16 de julio de 1945, a una temprana hora de las 5:30 de la madrugada, fue detonada la primera bomba nuclear de la historia en un enclave conocido como «Trinity», cuya localización, a medio camino entre las poblaciones de Carrizozo y Socorro – irónico topónimo este último - solo advertimos hoy en día gracias a una pequeña pirámide que conmemora aquel acontecimiento mediante una placa.

La luz emitida desde la «Zona Cero» - consistente en una torre de acero sobre la que se situó la bomba – alcanzó un radio de visión de 250 kilómetros, generando asimismo una nube que se elevó en el cielo once kilómetros y medio.

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Poco tiempo después de esta prueba, en el mes de agosto, las tristemente célebres bombas atómicas de «Little Boy» y «Fat Man» devastaron las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki y se convirtieron en la segunda y tercera bomba nuclear, respectivamente, detonadas en la historia.

Las visitas a la Zona Cero están actualmente permitidas durante una parte del año, mientras que el resto del tiempo, tanto esta área como la carretera que atraviesa el Polígono de Misiles de lado a lado se encuentran cerradas para el uso militar.

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Una de las grandes maravillas naturales de la Tierra

El Parque Nacional White Sands se encuentra completamente rodeado por el Polígono de Misiles del mismo nombre, de 8300 kilómetros cuadrados, en el que se llevan a cabo las pruebas militares. Solo representa menos de un diez por ciento de esta superficie pero abarca casi la mitad del enorme campo de dunas de color blanco inmaculado que conforma una de las maravillas naturales más espectaculares de la Tierra.

El campo de dunas de yeso más grande del planeta es en realidad el resultado de la evaporación, hace millones de años, de un mar de escasa profundidad que dio paso a este desierto cuyo aspecto actual se ha ido modelando debido a la acción de los agentes erosivos.

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Los varios cientos de kilómetros cuadrados de dunas blancas, flanqueados por montañas, atraen cada año, desde la creación del Parque Nacional, a cientos de miles de visitantes del resto de Estados Unidos y del extranjero atraídos por un espectacular paisaje que ha servido como escenario, en numerosas ocasiones, de películas, documentales, videos musicales o programas de televisión.

La posibilidad de recorrer varios kilómetros inmersos de lleno en este desierto de blancura total, que deslumbra y contrasta de manera majestuosa en los habituales días soleados con el azul del cielo, se ha convertido en un reclamo turístico irresistible.