Vuelven las pisadas al Passatge de les Manufactures en Barcelona


Barcelona recupera el popular pasaje comercial del siglo XIX.

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Foto: Yurbban

El Passatge de les Manufactures se ha abierto de nuevo a los transeúntes de la Ciudad Condal. En este conocido pasaje se inaugura Yurbban Passage Hotel & Spa, un hotel de 4 estrellas  entre las calles Trafalgar y Sant Pere més Alt, ubicado en un antiguo almacén de tejidos reformado. Este nuevo proyecto hotelero aúna el lujo clásico de la restauración y un pedazo de historia viva urbanita.

En homenaje al vibrante pasado y al dinámico futuro que le espera a este enclave, el artista Antoni Yranzo ha creado “Petjades” (Pisadas), una pieza móvil que recoge la esencia del pasaje, inspirado en los vestigios de las huellas del pasado y en la silueta de de las pisadas que se dirigen al mañana. 

Yurbban

Además, en el pasaje también ha abierto sus puertas Flax & Kale Passaje, un restaurante con una propuesta gastronómica sana, con platos sin gluten, bebidas fermentadas y un kiosko especializado en café. 

El Passatge de les Manufactures se concibe, a partir de ahora, como un espacio privado de uso público, con un horario de apertura de lunes a domingo de 8 a 23h.

Un atajo hacia la historia

Este mítico pasaje del urbanismo de Barcelona se inauguró en 1878. Joan Cirici, fabricante de tejidos, fue el impulsor de este proyecto. Así lo indican sus iniciales grabadas en piedra en el arco de acceso al callejón. En un primer momento se le bautizo como Passatge de la Indústria, aunque popularmente se le llamaba pasaje d’en Cirici. Como no podía ser de otro modo en esta histórica Barcelona industrial, el pasaje estaba destinado a dar cobijo a pequeñas industrias, talleres y comercios textiles, acogiendo también las viviendas de sus propietarios. 

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Desde entonces, el Passatge de les Manufactures funcionó como un pequeño mercado y vaso comunicante entre las calles Trafalgar y Sant Pere més Alt. Pero, tal y como  se cuenta a través de la memoria de los viejos cosmopolitas, fue, ante todo, un hervidero de actividad comercial. Los bajos de los edificios, estaban salpicados de pequeñas tiendas de lo más variopinto, que se diseminaban a ambos lados del espacio entre los soportales. Allí, se podían encontrar establecimientos de lotería, zurcidos y remiendos, relojes o vinilos; además de un bar donde apagar el hambre y la sed durante la ajetreada jornada.  

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Con el paso del tiempo, el bullicio de este rincón se fue apagando. El progresivo cierre de las tiendas y de la hostelería obligó a clausurar el pasaje. Los vecinos barceloneses recordaban hasta hace poco, no sin cierta nostalgia, la vida que despertaba este punto rodeado de edificios tan emblemáticos como el Palau de la Música Catalana o la casa del Gremi de Velers. La apertura del hotel trae consigo la promesa de volver a despertar el rincón y refrescarlo con nuevos aires de la Barcelona de hoy

 

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