La vuelta a Menorca en siete faros

Se alzan sobre abruptos acantilados como vigías que otean el horizonte con la función de iluminar a los navegantes del Mediterráneo

Redacción VIAJAR
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Foto: Nicolas Cuervo / ISTOCK

Cerca de la costa menorquina, en aguas poco profundas y cristalinas, yacen centenares de relatos, historias y pérdidas que, sin embargo, contribuyen a entender una parte de la historia de esta isla balear. Las de barcos cruzando el Mediterráneo que topaban con la escarpada e irregular tierra isleña. Para paliarlo, a mediados del siglo XIX fueron construyéndose de forma estratégica hasta siete faros cuya luz advertía a los navegantes de la proximidad de la isla.

Hoy, siglo y medio después, estos siete faros, cada uno distinto y singular, constituyen los ejes de una vuelta a Menorca que transcurre paralela al Camí de Cavalls, histórica ruta senderista que supone otro de los grandes atractivos de la isla. Llegar a cada uno de ellos supone contemplar rutilantes paisajes de acantilados, sobre toda la parte norte, la más ‘salvaje’ de Menorca… y también disfrutar del mágico espectáculo natural de amaneceres y atardeceres inolvidables

1. Faro de Cavalleria

Ubicado en el extremo más septentrional de la isla, cerca de Fornells, tiene 15 metros y fue construido en 1857. Es el segundo de menor altura, pero lo compensa al estar situado a un centenar de metros sobre impresionantes acantilados que fueron testigos de más de 700 naufragios, según queda documentado, antes de su construcción. La planta baja alberga un interesante centro de interpretación vinculado a materias náuticas y medioambientales. Y también dispone de una cafetería, para un pequeño relax. Antes de acceder a él se encuentra agazapado el puerto natural de Sa Nitja, de la época romana, y la rojiza playa de Cavalleria.

Faro de Cavalleria | Ada Mazurek / ISTOCK

2. Faro de Favàritx

Al noreste de la isla, integrado en el Parque Natural de s’Albufera des Grau, tiene 28 metros y fue construido entre 1917 y 1922. El más bello y salvaje, arropado por un cautivador paisaje casi lunar de piedra negra. Su seña de identidad es una banda negra en espiral. Junto a él están las bellas y salvajes cala Presili y playa Tortuga. Además, es más espectacular para ver el amanecer.

Faro de Favàritx | naiaranolla / ISTOCK

3. Faro de Sant Carles

A la entrada del puerto de Maó cuenta con 22 metros y fue inaugurado en 1852. El estar situado junto al Castillo de Sant Felip obstaculizaba un sector de tiro, por lo que fue demolido y substituido en 1912 por un gran farol móvil sujeto a un pescante metálico al borde del acantilado.

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4. Faro de la Illa de l’Aire

Al sureste, en un solitario islote ubicado en la zona residencial de Punta Prima. Construido entre 1857 y 1860, durante años tuvo el honor de ser el faro más alto de Baleares, con sus 23 metros.

Faro de la Illa de l’Aire | zhekos / ISTOCK

5. Faro de Punta Nati

Al noroeste, tiene 19 metros y fue construido en 1913 sobre unos acantilados de 42 metros. La historia que lo envuelve explica que fue el gobierno francés el que presionó para su construcción tras el hundimiento del vapor Géneral Chanzy, en plena tormenta, con un único superviviente de las 157 personas que iban a bordo. Llama la atención su sobrecogedor paisaje de roca caliza, los muros de piedra seca y las barracas, construcciones de planta circular compuestas por la superposición de cuerpos, con una cámara interior y una falsa bóveda sellada con piedra. Lugar ideal para disfrutar de amaneceres y puestas de sol.

Faro de Punta Nati | lunamarina / ISTOCK

6. Faro de Sa Farola

El más pequeño –apenas 13 metros– de la isla, da la bienvenida al puerto natural de Ciutadella. Construido entre 1861 y 1863, su función es más de alumbramiento que de aviso de costa cercana. Fue uno de los primeros de las Baleares en inaugurar el sistema de alumbrado eléctrico, concretamente en 1918.

Faro de Sa Farola | lunamarina / ISTOCK

7. Faro Cap d’Artrutx

Al sudoeste de la isla, tiene 34 metros y fue construido en 1858. Orientado hacia Mallorca, se caracteriza por sus franjas horizontales negras sobre fondo blanco y su altura actual la alcanzó en 1960, cuando se duplicaron sus 17 metros originales. Al disponer en su base de un restaurante con terraza y vistas al mar es lugar de peregrinaje vespertino, para admirar relajadamente las más espectaculares puestas de sol de Menorca, con el sol acunándose por el horizonte mediterráneo y dejando luego el cielo teñido de su rojiza estela.

Faro Cap d’Artrutx | Sara García / ISTOCK