La vuelta a Córdoba en 2880 minutos

Te proponemos un particular recorrido de dos días por la bella Córdoba en el que conocerás a fondo la ciudad de las tres culturas.

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Sean Pavone / ISTOCK

Referente universal del crisol de la cultura cristiana, musulmana y judía, la asombrosa Córdoba nos aguarda para mostrarnos el sinfín de grandes y pequeños maravillosos rincones que alberga entre sus calles. Toma impulso, te desvelamos la manera de descubrir una de las ciudades más bellas del mundo en 2880 minutos.

Primeros 1440 minutos

Partimos como los grandes generales a su regreso de las campañas, frente al umbral de la majestuosa Puerta de Almodóvar, una de las más antiguas de la ciudad y acceso de la muralla hacia la judería. Imitando a la estatua de Séneca, dirigiendo nuestra mirada hacia la derecha, nos topamos con un pequeño balcón tendido al remanso de paz de una serie de estanques que discurren paralelos a la muralla, formando una cautivadora escena.

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Descendiendo por las escaleras y siguiendo su curso llegamos hasta otra entrada monumental, la Puerta de la Luna; atravesarla supone adentrarse en una atmósfera mágica que nos conduce a una estrecha y zigzagueante calleja que nos evoca tiempos remotos. Tras ella, tomando la calle Tomás Conde hacia la izquierda y atravesando la Plaza Maimónides, llegamos hasta la pequeña Sinagoga, donde es imprescindible la entrada para admirar sus yeserías labradas; volviendo un poco sobre nuestros pasos, en la misma calle, una entrada que vislumbra un corredor con varios medios arcos, nos da paso al Zoco Municipal, un precioso patio donde se reúnen varios oficios artesanos. 

Puerta de la Luna

Saliendo por la puerta contraria del Zoco, la que da a la calle Averroes, muy cerca de la salida, un antiguo portalón de piedra tras el que se alza una imponente palmera, nos señala el punto donde se halla la prodigiosa Capilla de San Bartolomé, no muy conocida entre los turistas y uno de los grandes secretos de la ciudad. El interior de esta construcción del siglo XIV es una auténtica joya.

VIAJAR

Girando a la izquierda subimos por una estrecha rúa hasta llegar a la Plaza del Cardenal Mendoza, donde tras tomar hacia la derecha la calle Romero y descender un poco por la calle Deanes, se abre a la vuelta de una esquina la calle Judería, antesala del monumento más importante de la ciudad, la Mezquita-Catedral. La enorme planta rectangular que dibujan sus trabajados muros nos dejan entrever un atisbo de la majestuosidad de su interior, para el que no existen palabras que lo describan con la adecuada justicia.

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Tras el baño de belleza de la visita a la Mezquita-Catedral, no dudes en hacer alguna parada en los numerosos establecimientos de restauración que la circundan, como el archiconocido Bar Santos, famoso por sus voluminosas tortillas de patata, sin duda una atracción en sí mismas.

Junto al templo, dos callejas de cita obligada: la Calleja de Las Flores, en cuyo final, girando 180 grados, podremos contemplar la que es, sin temor a equivocarse, la postal más fotografiada de Córdoba; y la Calleja del Pañuelo, un pequeño y angosto callejón sin salida con una sugestiva fuente en su término en la que refrescarnos.

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Al otro lado de la entrada principal de la Mezquita-Catedral, la monumental Puerta del Puente nos anuncia el inicio del histórico Puente romano y su vigía, la Torre de la Calahorra, con su grandiosa estampa sobre el río Guadalquivir, oteando las idas y venidas de los viandantes que descubren la antigua capital de Al-Ándalus.

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Desandando el camino hasta llegar de nuevo al templo y tomando a la izquierda la calle Amador de los Ríos, llegamos hasta otros tres referentes cordobeses de obligada visita, los Baños Árabes, el Alcázar de los Reyes Cristianos y sus inigualables jardines, y las Caballerizas Reales de Felipe II, lugar de referencia en la actualidad para admirar el arte de la doma a través de sus espectáculos.

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Dejando atrás las caballerizas y atravesando el emblemático Barrio de San Basilio, famoso por sus patios, una buena forma de finalizar la jornada es desplazarnos hasta los Jardines de la Victoria, donde descansar y tener una experiencia gastronómica en el hermoso y llamativo Mercado Victoria; otra opción cercana a este punto donde degustar los típicos platos cordobeses es la Taberna Moriles 2, en la calle Antonio Maura, una verdadera institución en Córdoba.

Segundos 1440 minutos

Comenzamos la segunda etapa encaminándonos a las afueras del núcleo urbano, a unos diez kilómetros de distancia, donde se levanta la asombrosa ciudad de Medina Azahara, un bien Patrimonio de la Humanidad – al igual que la Mezquita-Catedral, el Centro Histórico y Los Patios de Córdoba -, en lo que supone un magnífico conjunto arquitectónico califal del siglo X.

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De vuelta al centro de Córdoba, partiendo desde el mismo punto en el que terminamos la jornada anterior, los Jardines de la Victoria, avanzamos hacia el casco histórico por la calle Concepción. Tras sobrepasar la vistosa e inconfundible torre de la Iglesia de San Nicolás de la Villa, al final de la calle Conde de Gondomar se muestra en todo su esplendor el centro neurálgico de la ciudad: la Plaza Las Tendillas - conviene prestar atención al peculiar sonido de guitarra de los cuartos y las horas del reloj de la plaza -.

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Desde allí, bajando por la calle Jesús y María y la consiguiente calle de Ángel Saavedra, tomamos a mano izquierda la empinada Calle Alta de Santa Ana, que nos conduce hasta un rincón mágico, la Plaza Jerónimo Páez, donde se encuentra el Museo Arqueológico y Etnológico, uno de los más completos de España; un lugar perfecto para una merecida parada aprovechando la terraza del Bar La Cavea.

Salimos de la plaza por la calle Julio Romero de Torres hasta bajar a la calle San Fernando y, tomando la calle San Francisco, llegamos a la encantadora Plaza del Potro, con su fuente como estandarte; aprovechamos para asomarnos a la bella Posada del Potro y nos alejamos por la calle Armas hasta la coqueta Plaza de las Cañas, preludio de la sorprendente y armónica Plaza de la Corredera, antiguamente utilizada como coso taurino.

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Dejamos atrás la plaza por la calle Rodríguez Marín hasta toparnos con los restos del Templo Romano, y bordeándolo por la calle Capitulares y subiendo por la calle Alfaros, llegamos hasta la hermosa, como pocas, Cuesta del Bailío, al final de la cual se encuentra la misteriosa Plaza de Capuchinos, con la enigmática figura del Cristo de los Faroles; si se cuenta con la suerte de acabar la etapa en este punto, de noche y en solitario, la experiencia es sobrecogedora.