Volubilis: la "pequeña Pompeya" Patrimonio de la Humanidad te espera en Marruecos

El yacimiento romano mejor conservado del norte de África

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: mdmworks / ISTOCK

Muchos viajeros llegan a Marruecos vía Casablanca para continuar hacia el norte en búsqueda de la evocadora Rabat y, a continuación, adentrarse hacia el interior para dejarse llevar por las esencias de las ciudades históricas de Fez y Meknès.

Es justo a la altura de esta última, castellanizada como Mequinez, donde se encuentra un yacimiento arqueológico considerado la joya del país y una de las muestras de la cultura romana mejor conservadas de todo el norte de África.

Basílica en Volubilis | TadejZupancic / ISTOCK

Hablamos de Volubilis, una Pompeya a tamaño reducido, declarada Patrimonio de la Humanidad, que pasa normalmente desapercibida para los turistas sin sospechar que entre sus ruinas se esconde un Marruecos completamente diferente e insospechado.

La exótica Walili

Allá donde se sitúa el mayor centro de peregrinación religiosa de todo Marruecos, en la población de Moulay Idriss, comenzamos a intuir que nos encontramos en un área del país especialmente relevante en el ámbito histórico.

Mosaicos en Volubilis | xavierarnau / ISTOCK

Desde aquí, donde nació y fue enterrado un biznieto de Mahoma, fundador de la dinastía que da su nombre a esta pequeña ciudad situada en las laderas del monte Zerhoun, se distingue la planicie en la que, a pocos kilómetros, se divisan los restos de la antigua ciudad romana de Volubilis, conocida localmente con el nombre bereber de Walili.

Fundada sobre una ciudad prerromana, significó en su momento de mayor esplendor la capital de la provincia Mauritania Tingitana y uno de los núcleos más importantes de toda esta exótica región del Imperio Romano en los primeros siglos después de Cristo.

Yacimiento de Volubilis | LUCKOHNEN / ISTOCK

Un gran centro administrativo y comercial que sería más tarde ocupado por cristianos y musulmanes y que llegaría a ser brevemente la capital de Idris I durante el siglo VIII, para ser abandonado a su suerte hace trescientos años y convertirse con el tiempo en los vestigios romanos mejor conservados de Marruecos, declarados Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1997.

Marruecos, el destino de las mil posibilidades

Una pequeña Pompeya a tan solo treinta kilómetros de Meknès

Parece una coincidencia que, a tan solo unos treinta kilómetros de la ciudad imperial de Meknès, también declarada Patrimonio de la Humanidad, se encuentre Volubilis, antiguo núcleo del Imperio Romano. Dos caras de diferentes momentos históricos que comparten un valor patrimonial incuestionable.

Yacimiento de Volubilis | Pavliha / ISTOCK

Al acercarse a Volubilis y atisbar las columnas de la Decumanus Maximus es imposible dudar por un momento si realmente nos encontramos en Marruecos. Las ruinas que se extienden ante nosotros, visibles a lo largo y ancho de veinte hectáreas – el resto, la mitad aproximadamente, se encuentra aún sin excavar – no se corresponden en absoluto con la imagen que de este país proyectamos en nuestra imaginación.

Arco de Triunfo de Caracalla | Driss Belhaj / ISTOCK

Un yacimiento arqueológico con más de un siglo de investigaciones a sus espaldas que, a día de hoy, nos revela una antigua ciudad que llegó a albergar, como mínimo, 10.000 personas. Una pequeña Pompeya en la que podemos observar perfectamente los trazados urbanos y un sinfín de monumentos y arquitectura civil con un notable estado de conservación, a pesar de los avatares sufridos a lo largo del tiempo desde su abandono, en especial el acontecimiento del terremoto de Lisboa en el siglo XVIII y la posterior extracción de materiales para ser utilizados en otras construcción en la vecina Meknès.

El foro, con el templo de Júpiter Capitolino presidiéndolo, marca el desarrollo de un trazado romano en el que nos vamos encontrando símbolos bien reconocibles como el Arco de Triunfo de Caracalla, levantado en honor al emperador del mismo nombre y su esposa Julia Domna, y que llegó a alcanzar los catorce metros de altura, o los restos de la antiguamente imponente basílica, que ocupaba una superficie de 1000 metros cuadrados.

Templo de Júpiter Capitolino | Ondrej Bucek / ISTOCK

Mientras, son numerosas las casas de patricios que nos muestran perfectamente sus estructuras y mosaicos, como es el caso de la más famosa de todas ellas, la Casa de Orfeo.

No faltan tampoco los acueductos, los restos de la muralla, las termas o las almazaras, que completan un sitio arqueológico de gran entidad habitualmente accesible a lo largo del año durante un amplio horario de apertura, lo que nos permite disfrutar del efecto de la luz del atardecer sobre el complejo romano, regalándonos una bella estampa y un idílico y singular recuerdo de Marruecos.