Volcanes y leyendas de Costa Rica

En medio del Cinturón de Fuego del Pacífico, Costa Rica cuenta con más de 300 focos volcánicos, de los que un 5% están activos. Una ruta a través de ellos y sus leyendas es una experiencia única. Nos vamos a conocer el rugido de la Tierra.

El Cinturón, o Anillo, de Fuego del Pacífico reúne a la mayoría de volcanes del mundo. Con forma de herradura y más de 450 volcanes, en medio se halla Costa Rica. Este pequeño país centroamericano en una joya para los amantes de la biodiversidad pero también del vulcanismo. Montañas como Orosi, Miravalles, Rincón de la Vieja, Tenorio, Poás, Congo, Barva, Cacho Negro, Irazú, Turrialba o Arenal son sólo un ejemplo de todo lo que podemos encontrar dentro de sus fronteras, un territorio tan bello como propicio a las leyendas.

Recorriendo el país de norte a sur, el primero de nuestros volcanes es el Volcán Rincón de la Vieja, en la Cordillera Volcánica de Guanacaste. Con varios conos y formaciones volcánicas, este gigante protege a la mayor población silvestre de orquídea "guaría morada", flor nacional.

Ubicado a 27 km al norte de Liberia y con 1.916 metros de altitud, forma parte del parque nacional Rincón de la Vieja, que cuenta con una extensión de 14.083 hectáreas. De esta zona se cuenta que aquí vivió la hija del cacique Kurubanda, repudiada por su padre tras enamorarse de un mal hombre. Hasta el bosque llegó la mujer donde vivió con su hija y ambas sobrevivieron gracias a que descubrieron los secretos medicinales de las plantas. Hasta ella acudían los vecinos de la zona quienes les pedían curaciones y, agradecidos, pagaban con oro y jade. Las curanderas guardaron esas valiosas prendas en una cueva y desaparecieron. Cuando alguien preguntaba por ellas y el lugar donde vivían, los pobladores señalaban: "Allá, en el rincón de la vieja".

Siguiendo hacia el sur se encuentra el volcán Tenorio, cuya influencia provoca los teñideros de Río Celeste, uno de los lugares más sorprendentes y bellos de Costa Rica. También en la Cordillera Volcánica de Guanacaste, este volcán está formado por cuatro picos volcánicos y dos cráteres gemelos a 1.916 metros de altitud. El lugar en el que se ubica fue declarado parque nacional en 1995 y, junto con la Zona Protectora Tenorio, abarca 18.402 hectáreas. Pero, sin duda, lo que más llama la atención de este parque es el río Celeste y su cascada.

A 55 kilómetros de Liberia y 168 de San José, este volcán situado entre los cantones de Guatuso y Upala, hace que el agua pase de ser cristalina a un azul celeste sorprendente. Este fenómeno parece casi magia y una leve caminata de apenas un par de kilómetros es suficiente para conocerlo y disfrutar de los cráteres gemelos del Tenorio desde su mirador. Y, tras el paseo, siempre se puede disfrutar de sus aguas termales, riachuelos y demás atracciones acuáticas que ofrece la zona.

De este lugar cuenta la leyenda chorotega que el valiente guerrero Tenorí, de la tribu de Avancari, en defensa de su amada -la bella Eskameca- acabó con un monstruo que habitaba en un lago en las faldas del volcán. Lo cierto es que el guerrero desapareció en las aguas de la laguna aunque su hazaña se recuerda gracias al nombre del volcán.

El tercero de los volcanes imprescindibles de Costa Rica es el Arenal, el más famoso tanto por su belleza como por todas las actividades que se generan a su alrededor. En la provincia de Alajuela, su forma cónica perfecta hace que sea el más fotografiado y admirado aunque es necesario mantener siempre un ojo sobre el volcán cuando se está cerca, y es que es uno de los 10 volcanes más activos del mundo.

Con 1.633 metros de altura, este volcán forma parte del parque nacional homónimo, en el que también se incluye el extinto Cerro Chato. Además de su forma, de él llama la atención sus coladas de lava y el hecho de que la mitad está repleta de vegetación mientras que la otra mitad está completamente yerma debido a la erupción de 1968 que destruyó pueblos enteros.

Por otra parte, esta zona es lugar de hábitat de guatusos y malekus quienes cuentan múltiples leyendas sobre el volcán, aunque la más extendida es que el Dios del Fuego habita en el interior del Arenal.

Un poco más al sur, el volcán Poás es otro de los que se encuentran activos en Costa Rica. En la Cordillera Volcánica Central y formando parte del parque nacional del mismo nombre, de él llama la atención la laguna caliente su cráter, de azufre y ácidos, con 350 metros de diámetro y en la que se pueden observar fumarolas en los días claros. Su cráter es uno de los más grandes del mundo con más de dos kilómetros de diámetro y, además del lago, cuenta con fallas y conos de los que emanan gases. Además, el Poás, con 2.108 metros de altura y forma subcónica, cuenta con otro cráter más antiguo donde se halla la laguna Botos, de origen pluvial y por lo tanto fría, que desagua en el mar Caribe.

El mejor momento para visitar este volcán es por la mañana temprano ya que más tarde suele nublarse y no se puede divisar el maravilloso cráter y su espectacular laguna. De camino al mirador, se puede parar en la localidad de Poasito para desayunar un estupendo batido de fresas del Poás, famosas por su rico sabor y que se cultivan aquí todo el año.

En cuanto a las leyendas de este volcán, botos y huetares -indígenas de la región- cuentan numerosas de ellas, aunque las más extendidas se refieren a sacrificios humanos en su cráter. Sin embargo, una leyenda prehispánica cuenta que los sacerdotes de la tribu querían sacrificar a una hermosa doncella huérfana que vivía sola con un rualdo tras el repentino despertar del volcán. Cuando se hallaba en el cráter se escuchó el trinar del rualdo que ofreció su canto en vez de la vida de la doncella. El volcán, compadecido, fue apagándose hasta quedar solamente la laguna que se encuentra actualmente en su cráter. El rualdo no pudo cantar nunca más, pero a cambio de ello, obtuvo un hermoso plumaje, dorado por el calor de las llamas del volcán.

El penúltimo de nuestros volcanes en el Irazú, a 53 kilómetros de San José y a 3.232 metros de altura. Históricamente es el volcán más activo de Costa Rica y en su parque nacional de 2.1039 hectáreas se puede subir hasta el cerro Alto Grande desde donde se puede divisar, en días despejados, el mar Caribe y el océano Pacífico. Para esto, los mejores meses son marzo y abril ya que es cuando menos llueve.

Una curiosidad del Irazú es que en el interior de su cráter principal hay una laguna de color verde turquesa. Además, gracias a las cenizas del volcán las tierras de su alrededor son extremadamente fértiles. En ella vive el pueblo indígena Istarú o Iztarú, que podría significar "cerro del trueno", si bien durante mucho tiempo el coloso fue conocido como volcán de Cartago, al encontrarse muy cerca de esta ciudad costarricense.

En cuanto a las leyendas que se cuentan de él, son varias las relacionadas con su nombre. Una de ellas cuenta que la tribu indígena que habitaba la región de Cartago rendía culto al rey Sol. Esta tribu estaba gobernada por un cacique con una hermosa hija, enamorada de un guerrero, príncipe de una tribu enemiga. Al enterarse, el cacique enfureció y reclamó venganza a su rey Sol que escuchándole tomó a la princesa y la convirtió en nube. El guerreo murió de soledad y jurando luchar por alcanzar a su amada. Fue enterrado en una llanura pero por la noche la tumba creció hasta convertirse en el imponente volcán Irazú que, en las mañanas frías es rodeado por una vaporosa nube blanca y, así, es como los enamorados disfrutan de su amor eterno.

Por último, el volcán Turrialba es el segundo volcán más alto del país con 3.340 metros. Dormido hasta el pasado 30 de abril cuando comenzó a expulsar ceniza de forma intermitente, este volcán tiene tres cráteres en los que era posible caminar. De momento y hasta que las erupciones cesen está cerrado el acceso al parque nacional. De todos modos, en su alrededor muy fértil, se pueden ver plantaciones de café, caña de azúcar, pejibaye, macadamia, y frutales, así como granjas dedicadas a la ganadería. La ciudad más importante de la zona es Santa Cruz de Turrialba, lugar de nacimiento de los poetas Jorge Debravo y Laureano Albán. Por otra parte, en sus faldas se encuentra el Monumento Nacional Guayabo que, con 233 hectáreas, es el sitio arqueológico más importante de Costa Rica y patrimonio arqueológico mundial, al ser uno de los lugares más antiguos con presencia humana del continente.

Del Turrialba se cuenta que en sus tierras vivía una tribu indígena cuyo cacique tenía una hermosa hija llamada Cira, de quince años. Un día, esta bella dama se internó en la selva donde se encontró con un guerrero errante de raza desconocida que se enamoró de ella y la raptó llevándola hasta la cumbre de la montaña, donde le declaró su amor. La tribu de la joven la buscó y encontró en brazos de su amado. Al tomar venganza de la afrenta, la selva se agitó y ocultó a los enamorados de los que sólo quedó una columna de humo blanco como prueba de su amor. Esta columna fue divisada por los conquistadores españoles quienes dieron el nombre de Torre Alba a la montaña de donde manaba. Con el paso de los años, los moradores de estas tierras lo llamaron Turrialba.

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