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Volcanes, cultura y paisajes de otro mundo en el lago más bello de Centroamérica: “Es el espejo de los dioses y conquista a viajeros de todo el mundo”

Situado al oeste de Guatemala, el lago Atitlán es una de las paradas imprescindibles en todo viaje por esta región de América. ¡Te contamos todos los motivos!

La belleza del lago Atitlán, en Guatemala, al atardecer

La belleza del lago Atitlán, en Guatemala, al atardecer / Gonzalo Azumendi

A medida que el sol comienza a descender sobre el lago, el paisaje se tiñe con los tonos más intensos y todos sus habitantes se congregan ante esta imagen llenando de vida el muelle. Mientras las lanchas regresan a puerto, los niños se bañan en el agua y varios grupos de personas comparten las anécdotas de la jornada.

Rodeado de volcanes, el Atitlán es una visita imprescindible en Guatemala

Rodeado de volcanes, el Atitlán es una visita imprescindible en Guatemala / Gonzalo Azumendi

El lago Atitlán se encuentra ubicado en el altiplano occidental de Guatemala, a 150 kilómetros de la capital. La carretera serpentea entre los volcanes activos que configuran la orografía de esta región del país, hasta desembocar frente al inmenso espejo de agua abrazado por montañas.

La energía que se siente en cada uno de sus pueblos es lo que hace de este lago un lugar único en el mundo. Una fuerza inusitada proveniente, en gran parte, de las comunidades mayas que custodian tradiciones ancestrales en cada uno de sus rincones.

Atitlán es puro color

Desde la saturación de los paisajes a las fachadas de los pueblos o las vestimentas de sus comunidades, los colores aquí lo bañan todo. No es de extrañar que los mayas lo consideraran un lugar sagrado, un punto que conectaba el cielo, la tierra y el inframundo con sus tres volcanes como protectores. “Un espejo para sus dioses” por ejercer como portal a otros mundos.

El color de los pueblos de Atitlán

El color de los pueblos de Atitlán / Gonzalo Azumendi

El lago se formó hace más de 80.000 años, tras una gigantesca erupción volcánica que provocó el colapso de una caldera. El paisaje surgido de la que fuera una de las explosiones más violentas de la historia geológica de Centroamérica es en la actualidad pura calma, en los años 90 se descubrió una ciudad sumergida a 17 metros de profundidad llamada Samabaj.

Los volcanes San Pedro, Atitlán y Tolián se reflejan en el lago, especialmente a primera hora de la mañana, cuando la neblina se eleva suavemente sobre el agua, multiplicando los encantos del entorno. Entre ellos hay que buscar siempre sus miradores para hacerse con todas las panorámicas del lugar. El más famoso es el del Rostro Maya, excelente para ver el amanecer tras una ruta de senderismo. Pero el que se ha popularizado en las redes sociales es el Mirador de San Juan de la Laguna o Cerro de la Cruz, al que hay que llegar ascendiendo 500 escalones. Las vistas compensan cualquier esfuerzo, sobre todo a primera hora de la mañana o última de la tarde.

Cultura y tradición en los pueblos de Atitlán

Las embarcaciones son en Atitlán el mejor medio de transporte para alcanzar sus pueblos y disfrutar del paisaje. Cada uno cuenta con una personalidad propia moldeada por su historia. Panajachel suele ejercer como la puerta de entrada, siendo el más accesible, pero también el más animado, con sus restaurantes, tiendas y puestos de artesanía abiertos hasta altas horas de la mañana. Algunos de sus alojamientos presumen de maravillosas vistas al lago.

Recorrer el lago Atitlán en tuk tuk es la mejor forma de conocer sus rincones

Recorrer el lago Atitlán en tuk tuk es la mejor forma de conocer sus rincones / Gonzalo Azumendi

En tuk-tuk podremos llegar hasta Santa Catarina Palopó, uno de los pueblos más fotogénicos, cuyas casas están decoradas con coloridas líneas geométricas, una estupenda muestra de la cultura kaqchikel.

En una lancha rápida se alcanza Santiago Atitlán, caracterizado por su autenticidad. La localidad, una de las de mayor tamaño del lago, guarda con recelo la cultura tz´utujil, y son muchos quienes llegan hasta aquí para rendir culto y dejar ofrendas de tabaco y alcohol a Maximón, una figura sincrética entre lo maya y lo católico. En Santiago Atitlán tampoco hay que perderse su mercado, uno de los mejores lugares donde empaparse de la cultura local.

San Juan de la Laguna es uno de los pueblos que ha alcanzado más popularidad en los últimos años. Conocido por su defensa del turismo sostenible y por las diversas cooperativas de mujeres tejedoras que mantienen vivas tradiciones ancestrales, en sus espacios se muestran los procesos para teñir con tintes naturales o para elaborar café. Las calles, al refugio de un arcoíris de sombrillas y pintadas en infinidad de tonalidades, son un laberinto de colores en el que perderse horas y horas en busca de las historias que dan vida a su cultura.