Vitoria tranquila, ecológica y vasca

Vitoria-Gasteiz, capital de la Comunidad Autónoma Vasca, es una ciudad agradable, con una gran calidad de vida, tranquila, habitable, diseñada para el paseo metódico y pausado, en la que resalta su enigmático y bien conservado casco medieval, que se funde armónicamente con sus zonas modernas jalonadas de parques, jardines y bosques.

S. Etxauz

Ya en las afueras del núcleo urbano el visitante queda impactado por sus cuidadas y amplias avenidas y sorprendido por las innumerables zonas verdes, que esconden bloques de viviendas. La ecología y la naturaleza realzan los perfiles de la ciudad. Tomo como punto de partida el Hotel Gasteiz, en la calle del mismo nombre y a un tiro de piedra de los lugares más emblemáticos de una población que ha recibido una multitud de premios por su modelo de desarrollo urbano de calidad.

Lo primero que me llama la atención es la proliferación de bicicletas. Las usan niños, adolescentes, jóvenes y personas maduras para desplazarse. Me informan los lugareños de que Gasteiz cuenta con una red de bide gorris (carriles para bicicletas) y espacios peatonales que permiten recorrer toda la geografía urbana sin utilizar el coche. Me recomiendan que alquile una bicicleta y me mueva por el casco antiguo y circunde la ciudad por su anillo verde. También recalcan con orgullo que pueposeen la media más alta de las capitales europeas de árboles y parques por habitante. Declino su amable invitación a pedalear y me dirijo hacia la Plaza de la Virgen Blanca, el epicentro de esta primitiva villa medieval, gótica, barroca, renacentista, neoclásica, romántica y, ahora, equilibrada y vanguardista pese a incrementar su población en más de cien mil habitantes en los últimos diez años, hasta situarse en los actuales 225.000.

Este enclave comunica el casco antiguo con el moderno Ensanche y está bordeado por edificios cuyas fachadas están enfatizadas por amplios miradores acristalados, adecuados para acoger los rayos del sol en los fríos días de invierno. Sobresale en su centro el monumento a la batalla de Vitoria, que conme mora el triunfo del ejército español e inglés, en el año 1813, frente a las tropas de Napoleón. Aquí se encuentra la iglesia de San Miguel, de estilo gótico, en cuya portada existe un nicho que contiene la hermosa imagen de la Virgen Blanca, la patrona de la ciudad, al pie de la pequeña colina sobre la que se ubica su núcleo medieval. Este tradicional y bien preservado entorno histórico y cultural mantiene sus viejas casonas, torres, iglesias, conventos y palacios medievales y renacentistas, y el añejo tipismo de cantones, plazas pintorescas, calles estrechas y empedradas.

Además, se han instalado nuevos artesanos que han recuperado los viejos oficios. Espacio de reminiscencias históricas, algunos sábados se celebran mercados medievales y en sus edificios hay unos arcaicos talleres de madera, marroquinería, juguetería, curtidores, fabricantes de alpargatas, bordadoras y elaboradores de botas de vino. Sus productos se pueden adquirir a buen precio. Los nombres de las calles evocan a los gremios medievales y la procedencia de sus moradores: Correría, Zapatería, Herrería, Cuchillería, Tintorería y Judería, que tras la expulsión de los judíos se convirtió en la calle Nueva. Desde la Plaza de la Virgen Blanca el visitante puede optar por dos rutas para iniciar su recorrido por el casco viej por la calle de la Herrería o por las escalinatas que están junto a la iglesia de San Miguel y ascender hasta la Plaza del Machete. Elijo la primera ruta, en la que se erigen la iglesia gótica de San Pedro, el Palacio renacentista de los Álava Esquivel y el Palacio de Urbina Zárate y la torre militar de doña Otxanda, que alberga el Museo de Ciencias Naturales. En la Plaza de Santo Domingo se encuentra el Palacio de los Velasco. Llego a la calle Correría y me topo con el Museo Provincial de Arqueología, antaño palacio de la familia Gobeo Gebara.

Un original museo de naipes
Vitoria es una ciudad de museos que contienen mucha historia, pero el tiempo apremia. Por ello, dejo a un lado la visita de los recintos anteriormenete mencionados ya que para completar el día hay que ser muy selectivos. Subiendo por un cantón llego hasta la Catedral de Santa María, que se encuentra en plena restauración y cuya visita requiere cita previa (Tel: 945 25 51 35). Esta vieja catedral esconde tesoros arqueológicos, arquitectónicos, culturales y artísticos que radiografían las raíces y la evolución de la urbe.

Antes de almorzar, desde la cima de este promontorio me dirijo hacia la calle Cuchillería, una zona de txikiteo y de ambiente joven, en la que está el Palacio de Bendaña, que alberga el Museo Fournier de Naipes. Es una exposición curiosa, única en el mundo, con naipes de todas las épocas y lugares -hay más de 6.000-. Juegos de cartas, tarots, satíricos, de guerras, parapsicológicos, taurinos... Sin duda, Vitoria ha sido asociada a la firma Heraclio Fournier, una saga de impresores de naipes reconocida internacionalmente. Niños y mayores, profesionales y aficionados al juego, todos hemos barajado sus cartas.

Retomo mis pasos y, después de dar un vistazo a palacios como Villa Suso, Montehermoso y las torres de Hurtado de Anda, me voy a almorzar al Portalón, un restaurante que ocupa un edificio del siglo XV, decorado con objetos de gran valor histórico y artístico. En sus fogones se cocinan platos de la rica y variada gastronomía alavesa, entre los que destacan las habas, los perretxicos (una variedad de setas), las alubias, los caracoles, buenas y variadas carnes de cordero, buey y ternera y el pescado fresco de los puertos vascos. La casa preserva la capilla clásica y en las vetustas caballerizas se ha instalado una impresio nante bodega en la que sobresalen los excelentes caldos de la Rioja Alavesa. Con el estómago lleno y satisfechos los sentidos, me explican que restaurante viene de "restaurán", que "siglos atrás significaba recuperar las fuerzas de los huéspedes a través de los alimentos".

Urbanismo racional y moderno
Ya con el cuerpo en forma y la mente despierta paseo hasta Artium (San Francisco, 24), el nuevo Museo de Arte Contemporáneo que, además de una biblioteca de 17.000 volúmenes sobre arte contemporáneo, posee una interesante colección permanente de artistas vascos y españoles del siglo XX, entre los que sobresalen obras de Picasso, Miró, Chillida, Tàpies, Oteiza, Barceló, Badiola, Dalí y Brossa. La oferta de museos en Vitoria se completa con el de Bellas Artes, que reúne a artistas de los siglos XVIII y XIX y de arte vasco hasta 1950, y el de la Armería, que exhibe armas, uniformes, pertrechos y utensilios militares de todos los tiempos, desde primitivas puntas de sílex hasta piezas de artillería del siglo XIX, pasando por soldaditos de plomo y reproducciones de batallas.

Desde Artium bajo hacia la zona del Ensanche por la zona de los Arquillos, un espacio monumental que se edificó en los siglos XVIII y XIX. Se trata de una serie de edificios que comunican, en tres niveles, la ciudad antigua con el Ensanche, un modelo de urbanismo racional y moderno. La Plaza de los Fueros, diseñada por el escultor Eduardo Chillida y el arquitecto Peña Ganchegui, constituye una apuesta arriesgada que contrasta con un entorno mucho más clásico. Cerca está la Plaza Nueva, una joya neoclásica con cafés bajo sus arcos donde se ubica el Ayuntamiento de la capital alavesa.

Jardines románticos
La calle Dato es la principal arteria del corazón comercial en el que están las mejores tiendas de moda, con firmas como Adolfo Domínguez, Versace, Homeless, Mango, Zara y afamadas joyerías y zapaterías. Anochece en la ciudad. Es el momento de visitar alguna de las pastelerías y confiterías que seducen con sus apetitosos olores a los caminantes y adquirir productos y golosinas artesanales como los vasquitos y neskitas, trufas, turrones, tartas variadas, el tradicional goxua, las frutas escarchadas, las yemas y los mazapanes.

Anochece en una ciudad donde el sonido del aire fresco se sobrepone al escaso tráfico rodado. Apenas me restan minutos para adentrarme en el Parque de la Florida, cerca de la catedral Nueva, un jardín botánico, un conjunto escultórico con un quiosco de música y rincones románticos que durante años fue punto de encuentro de los vitorianos.

Desde este entorno ecológico se accede al Parque del Prado y los paseos de la Senda y de Francisco Vitoria, que llevan hasta la basílica de Armentia, hermosa muestra del románico vasco, y enlazan también con el anillo verde de la ciudad, que aporta una sensación equilibrada y serena, apta para el paseante y el ciclista, por la que el tiempo fluye sin prisas, carente de ruidos. Ciudad y campo fusionados en los pliegues de la llanada alavesa, cruce de caminos entre la meseta, la costa cantábrica, los Pirineos y Francia.