¿Por qué visitar San Marino, el país europeo del tamaño de Manhattan?

Te damos algunas buenas razones para que lo descubras

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: RudyBalasko / ISTOCK

Parece difícil de creer que a menos de diez kilómetros de la, abarrotada de sombrillas, playa de Rímini - el populoso destino de sol y playa de la Emilia-Romaña -, se encuentre la Serenísima República de San Marino.

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El pequeño Estado soberano más antiguo del mundo, con tan solo 61 kilómetros cuadrados – un poco más grande que la isla de Manhattan, en Nueva York -, se encuentra inmerso en pleno territorio peninsular de Italia. Allí, formando parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco con su centro histórico y el Monte Titano, este diminuto país cuenta con razones de sobra que bien merecen su visita.

Un canto a la libertad

Rondaba el último tercio del año 301 cuando un cantero dálmata – convertido en santo por la Iglesia para pasar a la historia como San Marino - fundó en lo alto del Monte Titano una comunidad cristiana tras escapar del acoso del Imperio Romano.

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Tras él, siglos más tarde, esta tierra continuó su andadura en libertad hasta que en 1263 se redactaron sus primeras leyes como república y fue reconocida su independencia por el Papa Nicolas IV.

Considerado el Estado soberano y la república más antiguos del mundo, San Marino ha enarbolado desde siempre la libertad ante otros territorios – es el lema de su escudo - y ha logrado mantener su independencia hasta nuestros días salvo en muy cortos periodos de tiempo.

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La elevación rocosa que domina este pequeño país frente al mar Adriático – uno de los menos extensos del mundo - es el alma de un microestado rodeado completamente por tierras de otro territorio soberano – una rareza que solo comparte con la Ciudad del Vaticano y con Lesoto -. El Monte Titano (739 m), inscrito desde 2008 como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco junto con el centro histórico de San Marino, acoge una parte de los 34000 habitantes que viven en este pequeño territorio densamente poblado.

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Las tres torres de San Marino y el casco histórico

La silueta del Monte Titano es célebre por contar con tres picos en los que descansan tres torres que son el emblema del escudo del país: la de la Guaita, la de la Cesta y la de Montale.

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La fortaleza de la Guaita es la más importante de ellas y la construcción más antigua también, permitiéndonos disfrutar de unas vistas panorámicas formidables desde lo alto. Mientras, la de la Cesta nos permite caminar por sus murallas y acoge en su interior el Museo de las Armas Antiguas. Por su parte, la torre de Montale, ya aislada de las dos anteriores, constituye una antigua prisión.

Las dos primeras son sin duda dos de las imágenes más impresionantes de San Marino y el foco de su atractivo turístico, junto con la ciudad medieval que se extiende a los pies de ambas.

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Cerca de Guaita serpentean las callejas más estrechas y antiguas del casco antiguo, donde se encuentran algunos de los edificios y puntos más señalados de San Marino. El más relevante de todos ellos, por su valor histórico, es quizás la basílica de San Marino, dedicada a su fundador y patrón, custodiándose parte de sus restos en el interior. Emplazada sobre los cimientos de un antiguo templo del siglo IV, se trata de un monumento de arquitectura neoclásica – siglo XIX – que no fue nombrado basílica hasta hace menos de una centuria.

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Junta a ella, la plaza de la Libertad es el epicentro de San Marino y, a pesar de su reducido tamaño, es uno de los puntos más apreciados del país por su gran armonía y las impresionantes vistas que nos regala a modo de balcón. Dentro de ella, el Palacio Público de la República y la estatua alegórica de la libertad son los grandes protagonistas, así como el idílico escenario en el que se lleva a cabo el cambio de guardia.

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Paseando por el entramado medieval nos topamos con otro edificio notable. Se trata del Museo del Estado, el más importante de San Marino, que alberga una importante colección multidisciplinar de 5000 piezas, ofreciéndonos una buena muestra de la larga y rica historia de este microestado que ha podido mantener su libertad a pesar del paso del tiempo, tal y como hubiera deseado su fundador.