Vigo para sibaritas cerca del parque de La Alameda

Bajo la sombra de los árboles del paseo de La Alameda descubrimos en Vigo un barrio burgués renacido más allá del tradicional casco antiguo, cuyo hilo conductor son los establecimientos que combinan antigua usanza y vanguardia para seducir a los amantes del buen comer.

Pilar Hermida

?Cuenta la leyenda que hace más de 300 años una flota franco-española cargada con miles de toneladas de oro fue acosada por la Armada británica, hundiéndose en la bahía de Vigo. Esta riqueza escondida ha alimentado desde entonces la avaricia de algunos y la imaginación de otros, llegando incluso a que Julio Verne, en su libro 20.000 leguas de viaje submarino, atribuyese la inmensa fortuna del capitán Nemo al conocimiento del marinero sobre las profundidades de la ría viguesa. Pero más allá de esta quimera existe otra riqueza latente en la ciudad: la belleza explícita de una zona resurgida en torno a los árboles centenarios de camelias y magnolias del parque de La Alameda.

Hablamos del barrio que se articula en torno a la plaza de Compostela, cuyo epicentro es ahora el nuevo hotel boutique de diseño japonés Gran Hotel Nagari (1) (Plaza de Compostela, 21), que ha abierto al viajero un concepto de restaurante hasta entonces desconocido en la ciudad y que entremezcla sabores orientales con la mejor materia prima del mar. Su Spa único en la cumbre del edificio permite divisar la ría que da nombre a la ciudad. Tan solo dos calles más allá encontramos la oferta alternativa para presupuestos más asequibles.

La misma estampa marítima de barcos pesqueros que se adivinan en torno a la niebla -porque el encanto de la ciudad está precisamente en ese clima gris pero a su vez bohemio- se disfruta desde la piscina del gimnasio del Centro Comercial A Laxe (2) (Cánovas del Castillo, 1), que permite el acceso de un día a un modesto precio.

Bien es cierto que lo que era impensable en una gastronomía con tanta personalidad como la del norte se ha fraguado en estas calles y las nuevas tendencias de vanguardia se han fusionado con los sabores tradicionales, pudiéndose comprobar en el éxito para un público sibarita de dos vinotecas de tapeo llamadas La Trastienda del Cuatro (3) (Pablo Morillo, 4) y Tromentelo (4) (calle Castelar).

Sin embargo, los espacios gastronómicos más clásicos no se han dejado avasallar y continúan dando guerra. En su arteria principal se puede disfrutar de una cerveza bien tirada en la mítica Estrella Galicia (5) (Plaza de Compostela, 17) o sentirse como un marinero en el pub La Goleta (6) (Luis Taboada, 29), cuyo interior emula el esqueleto de un barco antiguo. También podemos seleccionar en Casa Esperanza (7) (Luis Taboada, 28) el mejor pescado del día, que su dueña nos enseña en una cuartilla de papel escrita diariamente a mano en función de las existencias, o disfrutar de un gin tonic en la calle Arenal, sin olvidar un paseo por el puerto.

Sin embargo, si hay algo que destaca en restauración es, sin duda, la reciente estrella Michelin que se ha ganado a pulso el cocinero Rafael Centeno, con un menú escueto como hilo conductor de una cocina gallega contemporánea en su restaurante Maruja Limón (8) (Victoria, 4). A tiro de piedra de este emblemático local que da renombre a la ciudad podemos adquirir el mejor albariño en el colmado de ultramarinos de principios de los años 20, Argeriz (9) (Carral, 12), o mejor aún, aprovechar para llevar de vuelta a casa los tradicionales y ricos polvorones Felipe II.

Como guinda a este pastel gastronómico hay que aprovechar para abrir algo el apetito con un paseo y adquirir un souvenir decorativo de los de antaño en Terborch (10) (Velázquez Moreno, 9) y Alameda Decoración (11) (García Olloqui, 2), o mejor aún, regalarse algún complemento de ropa de la tienda marinera por excelencia: Ronáutica (García Olloqui, 6).