Vietnam, puro motociclismo

Llegamos a Vietnam, un país que trae a nuestra imaginación las imágenes de las películas norteamericanas sobre la guerra. Lo primero que nos sorprendió fue la infinidad de motos que circulan por la capital, y después la cantidad de cosas que encontramos relacionadas con lo español: la niña de la famosa fotografía de la guerra habla nuestro idioma, los españoles tuvimos un destacamento médico en la guerra y, como remate, el tío de Pocholo Martínez Bordiú vive en Saigón.

Jorge Salvador

Primer día:
Cascos con encajes
En cuanto llegas a Ciudad Ho Chi Minh, antigua Saigón, te das cuenta de la cantidad de motocicletas que circulan por sus calles. Dicen que hay más de 4 millones de motos. Imaginaros que todos los ciudadanos de Madrid, incluidos bebés, niños y ancianos, tuvieran una moto. ¿Os lo imagináis? No, no podéis imaginarlo, eso hay que verlo. Es el único país del mundo donde hay colas de motos; en un solo semáforo pueden acumularse 300 motos. Además, los vietnamitas utilizan el ciclomotor como vehículo de transporte público. En una moto pueden ir familias enteras y también se utiliza como vehículo de mercancías. Jamás pensé que se podía cargar una nevera de dos puertas en una moto. Por suerte desde hace meses se ha hecho obligatorio el uso de casco, pero hasta en eso son originales, porque han redecorado los cascos con viseras de tela y encajes, y ahí lanzo la idea para empresarios emprendedores: ojo con el primero que introduzca en Europa el casco con telas de fl ores y encajes, negocio seguro...

En fin, el tema motorizado es la señal evidente del crecimiento de este país comunista, pero les aconsejo frenar el desarrollo porque con que sólo un 15 por ciento cambie la moto por el coche, Ciudad Ho Chi Minh quedará sumida en un perpetuo colapso circulatorio.

Segundo día
La niña de Vietnam
Conseguimos hallar a Kim Phuc, la niña que aparece en una fotografía de la guerra de Vietnam corriendo desnuda por una carretera con la espalda abrasada por el napalm de una bomba. Aquella niña sobrevivió gracias al fotógrafo, que, por cierto, ganó el Pulitzer por esa instantánea. Tras tomar la foto, cogió a la niña y la llevó a un hospital. Tras 17 operaciones logró sobrevivir, aunque el napalm ha dejado en su espalda y brazos unas cicatrices desgarradoras. Esa niña es ahora una feliz madre de dos niños, vive en Canadá y habla correctamente español gracias a su marido cubano. Recuerda bien el momento en que se vio envuelta en llamas y salió corriendo del templo en que estaba. Nos explicó cómo los niños que están en la instantánea eran sus hermanos y primos; todos sobrevivieron, excepto un bebé, primo suyo, que murió en brazos de su abuela minutos después de la explosión. Ella no puede reprimir las lágrimas cuando explica el encuentro que tuvo años después con el militar americano que ordenó el bombardeo de su aldea. Pero a todo hay que encontrarle un punto curioso y fue cuando Kim Phuc insistió en fi rmarnos un autógrafo sobre unos tarjetones con su histórica foto, que ella misma llevaba en su propio bolso. Nunca pensé que la protagonista de una historia tan trágica fi rmaría con satisfacción una foto en donde aparece ella con la espalda abrasada por el napalm.

Tercer día
Los túneles de Cu Chi
La guerra de Vietnam se ha convertido en atractivo turístico; por toda Saigón puedes comprar recuerdos de la guerra, cascos del Vietcong, condecoraciones, incluso antiguos mecheros Zippo con inscripciones de los soldados norteamericanos. Uno de los lugares más explotados turísticamente son los túneles de Cu Chi. Allí puedes visitar esa red de túneles que ayudó al Vietcong a ganar la guerra. El problema llegó a la hora de entrar en esos túneles, y es que estaban excavados para las necesidades de un vietnamita medio. Teniendo en cuenta que yo ocupo lo que tres vietnamitas y que encima en esa época estaban mal nutridos, el momento de entrar en el susodicho túnel fue ridículo. Me quedé trabado y me quedé sin visitar los túneles.

El colmo de la visita llega cuando se le ofrece al turista la experiencia de disparar un fusil Kalasnikov. En ese momento pensé que sería la primera y única vez en la vida que podría hacerlo, pues al lío. Previo paso por taquilla, apareció un hombre disfrazado del Vietcong con un cargador con diez balas; decidimos dividirnos las balas para abaratar la experiencia. Pensaba que el problema sería el retroceso, y me equivoqué: lo malo era el estruendo de un solo disparo. Tengo que decir que dejé de escuchar por un oído unos diez minutos. No quiero ni imaginarme el pánico que se debe sentir al oír ese ruido cuando sabes que los que disparan te están apuntando a ti. Por cierto, acerté de lleno mis tres disparos a un tigre de cartón que estaba a unos 200 metros.

Cuarto día
El "Mash" español
Poca gente sabe que en la guerra de Vietnam participaron tropas españolas, y es que el gobierno de Franco envió al delta del Mekong un destacamento de médicos militares. Conseguimos contactar con un general retirado que pasó casi más de seis meses en un hospital de campaña en pleno conflicto. Le invitamos a revivir esa etapa y viajamos con él al pueblo donde intentó salvar la vida a cientos de niños que sufrieron los bombardeos. Encima el general todavía conserva sus antiguas fi lmaciones con una vieja cámara superocho. Al hombre se le humedecían los ojos cuando recordaba los duros momentos en que, tras un bombardeo, al cabo de treinta minutos aparecían decenas de heridos destrozados por las bombas. Una de las anécdotas que recordaba el general es cómo se emborrachaban los soldados americanos en las cantinas de la base combinando sorbos de whisky y de cerveza para olvidar los duros momentos de la jornada. También recuerda cómo contempló en la tele de la cantina cuando el hombre llegaba a la Luna, imágenes a las que, según él, sólo prestaron atención tres médicos españoles, porque toda la tropa norteamericana estaba entretenida en emborracharse lo antes posible. En fi n, que a finales de los años 60 hubo un "Mash" a la española en plena guerra de Vietnam

Quinto día
El tío de Pocholo
No puedo despedirme sin comentaros algunas curiosidades de Ho Chi Minh City. En sus calles hay vendedores ambulantes que miden y pesan a la gente. En Saigón también nos encontramos con un empresario español que resultó ser el tío de Pocholo (el de la mochila). Es un ejecutivo que trabaja en Vietnam fabricando muebles para Ikea. El hombre nos enseñó la ciudad a bordo de su jeep, y os tengo que confesar que al cabo de unas horas demostró ser digno portador de sus genes: sólo os diré que acabamos todos vestidos dentro de la piscina de su casa, que había sido decorada previamente con 50 bloques de hielo para refrescar el caluroso ambiente.