Viena modernista

La ruta del modernismo europeo tiene en Viena su punto de partida y eje PRINCIPAL para entender la ruptura artística protagonizada por pioneros del cambio a principios del siglo XX, como el arquitecto Otto Wagner, el diseñador Koloman Moser y los pintores Gustav Klimt y Egon Schiele. Los cuatro fallecieron en EL AÑO 1918 y ahora son objeto de un homenaje en la bella capital imperial austriaca, que exhibe en sus calles y museos muchas de sus obras. OTRA excusa perfecta para viajar a Viena.

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

En 1910 Viena asistía a una época de cambios traumáticos en lo social, lo político y lo artístico. Y en 1918 nacía la República de Austria, que ya bebía de la energía creativa de un puñado de artistas a caballo entre la modernidad y el escándalo, a la postre grandes protagonistas del cambio de siglo. En ese 1918 el país perdía a cuatro de sus más ilustres artistas, impulsores de la ruptura de unas ideas muy ancladas en la sociedad vienesa, a los que hoy se rinde tributo en el centenario de su muerte: Otto Wagner, Koloman Moser, Gustav Klimt y Egon Schiele. Considerado el padre del modernismo vienés, Otto Wagner acabó con la máscara tradicional de su país con un estilo surgido de la funcionalidad y la expresividad artística. Wagner era arquitecto, diseñador, decorador, urbanista... Sus dos obras maestras: La Caja de Ahorros de Austria, en la Ringstrasse, y la iglesia de San Leopoldo, en Steinhof.

Por su parte, Koloman Moser había cofundado con Gustav Klimt el movimiento de la Secesión en 1897, demostrando también que era un todoterreno artístico. Moser defendía un diseño moderno en todos los objetos cotidianos y por eso trabajaba con la misma intensidad y creatividad como interiorista o diseñador de vidrieras que cuando creaba cubiertas de libro, papeles pintados, muebles o carteles. De ahí que fundara en 1903 los Talleres Vieneses con Josef Hoffmann, una institución vienesa que ha llegado a nuestros días con sus viejos diseños.

En el terreno de la pintura, Gustav Klimt y Egon Schiele protagonizaron otro terremoto artístico. El primero, predestinado a decorar los grandes proyectos de la Ringstrasse, rompió las normas sociales tradicionales con su visión del mundo y sus cuadros de desnudos, un escándalo para la época; y el segundo, el más joven de este cuarteto de adelantados, descubrió toda la fuerza del expresionismo, siendo su propia persona el modelo más utilizado, cuestionando el cuerpo y la sexualidad. Hoy los dos artistas llenan de visitantes el Palacio Belvedere, para disfrutar en el caso de Klimt de El beso y otras 24 obras con su firma, y también el Museo Leopold, que cuenta entre su colección permanente con 40 pinturas y 180 obras sobre papel de Schiele, la más importante de todo el mundo. Wagner, Moser, Klimt y Schiele no fueron los únicos exponentes de esta revolución artística en Viena. Muchos otros, discípulos suyos, como Josef Hoffmann, Joseph Maria Olbrich, el esloveno Joze Plecnik o el polaco Oskar Marmorek, embellecieron la capital imperial mientras las modernas sinfonías de Gustav Mahler se imponían en los salones musicales y se abría camino el psicoanálisis de Sigmund Freud. Un paseo que sorprenderá al visitante en 2018, apoyado en las exposiciones organizadas en Viena para conmemorar el centenario de la muerte de este póquer de pioneros rebeldes de principios del siglo XX.

El reloj de Anker

El inicio de este paseo vienés lo situamos en Hoher Markt, el origen de la ciudad romana donde se alzaba el foro. En su lado septentrional, un reloj situado en una pasaje elevado que une los edificios de la compañía de seguros Anker centra la atención de los viandantes. Fue construido en 1914 por Franz Matsch. Sobre la esfera, un niño y la muerte aconsejaban a las familias sobre la conveniencia de los seguros de vida. Todos los días, a las 12 de la mañana, personajes de la historia de la ciudad protagonizan un carillón musical.

"El beso", de Gustav Klimt, se expone en la Galería Belvedere. | Eduardo Grund

LA “Matachinches” y los edificios de Graben

En Wildpretmark 2-4, la figura de San Miguel presidiendo una fachada gris indica que esta es la primera casa de hormigón armado construida en Viena en estilo oriental. La ideó Joze Pleznik en 1905. Los vieneses la conocen por Matachinches porque fue sede de una compañía de insecticidas. A solo unos pasos, en Graben, dos edificios de la primera época de Otto Wagner: el Ankerhaus, en el 10, y el Grabenhof, de 1873, con unas asombrosas simetrías en su fachada.

El Puente de Klimt

Atravesando la Ringstrasse hay que detenerse en el Kunsthistorisches Museum (Museo de Historia del Arte). En su hall interior se ha instalado un puente para admirar, a doce metros de altura, un ramillete de trece pinturas de Gustav Klimt, situadas entre los arcos y columnas que adornan la gran escalinata del museo. Estos óleos jamás han sido restaurados y ya pudieron ser observados de cerca en 2012 para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del pintor. Además, la pinacoteca exhibe este año en las salas dedicadas al arte del Antiguo Egipto una de las obras geniales de Klimt, la Nuda Veritas (1899), una pieza polémica que se tildó de respuesta airada a quienes no comprendían su arte.

La Secesión

Solo unos 700 metros separan los dos museos gemelos de la plaza de María Teresa de la Academia de Bellas Artes y del único monumento erigido en honor a Otto Wagner, desde el que se divisa el edificio de la Secesión, con su llamativa cúpula dorada. Para esta asociación artística, que fundaron Klimt y otros artistas en 1897, Joseph Maria Olbrich construyó este White Cube de la época. El objetivo de sus creadores era buscar el arte total en todas las facetas de la vida, colocando en el mismo listón de la pintura y la escultura otras artes aplicadas,al tiempo que pintores y arquitectos se dedicaban también al diseño trazando líneas curvas y utilizando elementos florales y decorativos. No hay que perderse el famoso Friso de Beethoven, de 34 metros de longitud, expuesto en el sótano.

Museo de Historia del Arte. | Eduardo Grund

El Metro de Wagner

Otto Wagner ideó las estaciones de Metro de las actuales líneas U4 y U6 en 1900 y ocho se han conservado en su estado original. Las más bellas están muy próximas al edificio de la Secesión y a la Sala Dorada (Wiener Musikverein), entre el mercado Naschmarkt y la iglesia de San Carlos Borromeo, en la Karlsplatz. La estación-pabellón de la Corte en Schönbrunn, actual Museo de la Historia de la Ciudad, fue abierta para que los emperadores pudieran acceder al hermoso palacio de verano. Francisco José I solo la utilizó en dos ocasiones.

La casas de la Wienzeile

Continuando por la Linke Wienzeile sobresalen tres edificios de Otto Wagner que forman un espectacular conjunto arquitectónico. La casa del número 38 impresiona por los bellos medallones ornamentales de Koloman Moser; la Majolikahais, en el 40, embauca por sus azulejos de loza y esmaltes con decoraciones florales, y el tercer edificio de la calle Köstlergasse no resulta tan llamativo, pero Wagner lo eligió para instalar su estudio-residencia, famoso porque en su interior se encontraba la desaparecida bañera de cristal. En la otra acera destacan la Casa de Viviendas, de Joze Plecnik (1901), reconocible por sus balcones exteriores en forma de grapa, y la Rüdigerhof, creada por Oskar Marmorek en 1902, con su encantador café en la planta baja.

Exposición “La Era Moderna Vienesa, una nueva era musical”, en la Casa de la Música.  | Eduardo Grund

El invernadero

De vuelta a la almendra intramuros de Viena, el Burggarten nos invita a descubrir su coqueto invernadero en el nordeste del jardín. Conocido como la Casa de las Palmeras, este edificio de 280 metros cuadrados diseñado por Friedrich Ohmann entre 1901 y 1905 sustituyó a otro hermoso invernadero de principios del siglo XIX. El nuevo está considerado una de las construcciones en estilo modernista más hermosas del mundo; su interior alberga un elegante café-restaurante y la Casa de las Mariposas, con cientos de especies exóticas.

La Caja Postal de Ahorros

La obra maestra de Otto Wagner está situada en la Ringstrasse desde 1912, justo enfrente del antiguo Ministerio de Guerra imperial. Dicen que para su construcción se empleó una sexta parte de la producción mundial de aluminio y se convirtió en un hito en la historia de la arquitectura moderna con su fachada revestida de placas de mármol y granito y un interior original sorprendente por el trabajo en paredes, muebles, alfombras y el uso del vidrio y del hierro. En lo alto, en la cornisa, se localiza uno de los más atractivos guiños expresionistas del edificio: la estatua de una mujer alada de 4,5 metros de altura, realizada también en aluminio.

La Iglesia de San Leopoldo

San Leopoldo, la primera iglesia moderna de Europa, brilla en los extrarradios de la capital. La ideó Otto Wagner entre 1902 y 1907 y quiso situarla en el perímetro de un hospital psiquiátrico que se había convertido en uno de los centros médicos más modernos de principios del siglo XX. El templo, presidido por cuatro ángeles dorados, dispone de enfermería, retrete, púlpito para el sacerdote, pila con dispensador de agua bendita para evitar infecciones, salidas de emergencia y suelo en pendiente para ver mejor el altar. Sus dos vidrieras, obra de Koloman Moser, simbolizando las obras de misericordia corporales y espirituales, son las grandes joyas de este templo de Steinhof dedicado al patrón de Austria. Desde el centro de la capital se llega en el tranvía 49.

El café y confitería Gerstner abrió sus puertas en 1874. | Eduardo Grund

El Museo Ernst Fuchs

El broche final del paseo puede centrarse en esta villa de verano sita en el Distrito 14 vienés. Otto Wagner la compró por estar cerca de los bosques de Viena, le impregnó su sello modernista y vivió en ella hasta que sus hijos se mudaron. El artista Ernst Fuchs, uno de los mayores representantes de la Escuela Vienesa de Realismo Fantástico, la adquirió en 1972 y la convirtió en su estudio. Fuchs la conocía desde su niñez y suspiraba por su increíble ornamentación. En 1988 la residencia se convirtió en casa-museo y fue abierta al público con el sello de este excéntrico oftalmólogo y pintor.

Exposiciones que no hay que perderse

Panorámica de la plaza de San Miguel. | Eduardo Grund

La Viena de 1900. Klimt-Moser-Gerstl-Kokoschka (Museo Leopold, hasta el 10 de junio). Con obras de la primera época de Klimt y su gran pintura, Vida y muerte (1915), valorada actualmente en unos 150 millones de euros. Koloman Moser también está representado en una sala especial que muestra 80 piezas creadas por el diseñador: carteles, dibujos, copas, muebles y ejemplares únicos de los talleres vieneses. El Jardín Mágico de Klimt (MAK/Museo Austriaco de Artes Aplicadas, hasta el 22 de abril). Una propuesta virtual y fantástica inspirada en la obra maestra de Klimt La expectación y el cumplimiento. Utilizando unas gafas de realidad virtual, el visitante puede pasear por un mundo onírico creado con fotos de alta resolución de los bocetos que Klimt hizo para los mosaicos del comedor del Palacio Stoclet de Bruselas. El puente de Klimt (Museo de Historia del Arte, hasta el 2 de septiembre). Para contemplar como nunca antes los óleos que el célebre pintor realizó en el hall de esta pinacoteca. La Era Moderna Vienesa, una nueva era musical. (Casa de la Música, hasta el 7 de octubre). Dedicada a la Segunda Escuela de Viena y al compositor Gustav Mahler. Egon Schiele, la exposición del aniversario. (Museo Leopold, hasta el 4 de noviembre). La más magna exposición dedicada a este artista, con 250 obras entre las que figura la última inacabada: Dos mujeres en cuclillas.

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