La vida bajo tierra en Montreal: la ciudad subterránea más grande del mundo

Descubre las más de 41 manzanas bajo la gran urbe canadiense

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Tibor Bognar / GETTY

Quebec, la provincia francófona de Canadá y el único territorio con esta característica de toda Norteamérica, cuenta entre sus poblaciones con la ciudad de Montreal, la más grande de todas ellas y una de las más populosas del universo francoparlante en todo el mundo.

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Asentada sobre una isla en mitad del curso del gran río San Lorenzo, que da salida natural a los Grandes Lagos hacia el océano Atlántico, Montreal se sitúa en una latitud media en la región boreal del planeta; a pesar de ello, su disposición geográfica y la influencia de la corriente fría del Labrador hacen que la población esté sometida a unas condiciones climáticas extremas, con grandes variaciones entre la época más calurosa y los rigores del duro invierno, con temperaturas absolutas que superan gran parte de los días los quince grados bajo cero, sumadas a un ambiente de gran humedad y fuertes vientos.

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En este contexto climático es en el que se encuadra la Ville Souterraine de Montreal, la red subterránea más grande del mundo, con 32 kilómetros de corredores, ocupando unos doce kilómetros cuadrados en pleno centro de la ciudad canadiense.

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La RÉSO, un fenómeno de adaptación con historia

La Villa Subterránea de Montreal, conocida como RÉSO, por su acrónimo oficial en francés, se trata de una extensa red que se extiende a través de varios niveles en el corazón histórico del entramado urbano de la ciudad.

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Creada a partir de 1962, en un momento en el que comenzaba a tejerse por las diferentes partes de la urbe el trazado del metro, fueron construyéndose poco a poco diferentes espacios con el objetivo de descongestionar la ciudad en superficie – que comenzaba a adquirir tintes de gran aglomeración urbana -, así como para crear una segunda ciudad que permitiera a los ciudadanos de Montreal llevar una vida al margen de las inclemencias del clima de la región.

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Desde entonces, y sin ningún tipo de planificación, fue ampliándose la estructura conforme pasaban los años hasta llegar a convertirse en la red subterránea más grande del planeta.

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La carencia de un plan de construcción inicial, que continuó en el tiempo con el mismo carácter desordenado, hace que la red no responda a ningún esquema estructurado y que los propios habitantes de Montreal, debido también a la gran extensión de la misma, se pierdan a veces por los túneles que unen los grandes espacios de la Ville Souterraine.

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Una «ciudad interior» que rebosa vida

Medio millón de personas transita a diario por esta red subterránea que, aunque cuenta con una gran parte de su red bajo tierra, presenta muchos de sus espacios a ras de suelo pero cubiertos por completo, formando una especie de «ciudad interior».

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Túneles, escaleras mecánicas, pasajes, corredores… permiten llegar hasta edificios enteros, metro, estaciones, hoteles, salas de concierto, museos, universidades, escuelas, teatros, tiendas, restaurantes…

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Alrededor de unos 200 puntos de acceso dan la entrada a este enorme complejo en el que cualquier persona puede simplemente transitar o trasladarse de un punto a otro de la ciudad, bien para hacer compras, ir al cine, estudiar o un sinfín de actividades sin necesidad de salir al exterior.

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Toda una red que interconecta bajo tierra Ville-Marie, el distrito más destacado de la ciudad canadiense; desde la plaza del mismo nombre, Ville-Marie, origen de la ciudad subterránea, es posible partir en la búsqueda de los espacios más característicos, como el Centro Eaton, el complejo Desjardins, con su magnífica fuente y el espacio dedicado a las artesanías de Quebec, la plaza Montréal Trust, el Paseo de la Catedral – que permite caminar bajo la catedral anglicana de la  ciudad -, o edificios históricos como el antiguo hotel de Cours Mont-Royal – con 1100 habitaciones -, convertido en centro comercial en la actualidad.