Un viaje por el túnel del tiempo de Pedraza

Poner un pie en este pueblo segoviano es viajar automáticamente al pasado

Jesús Torbado/Silvia Roba
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Foto: JaviJ / ISTOCK

Dicen que Aureliana, madre del emperador Trajano, nació aquí, y que el mismísimo Abderramán III, primer califa de Córdoba, residió un tiempo en su castillo, uno de los más antiguos de Europa ya que parece ser que fue utilizado como fortificación por los romanos. Pero el esplendor de Pedraza, a poco más de 30 kilómetros de Segovia, no se vivió entonces sino después, durante la Edad Media, cuando pasó a ser morada de la poderosa Casa de los Velasco, condestables de Castilla desde mediados del siglo XV, época en la que la villa comenzó a llenarse de nobles que adornaron con blasones sus viviendas.

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También fueron a parar aquí ganaderos que, al empadronarse, conseguían un preciado botín: que sus ovejas merinas pudieran pastar en los prados comunales. Todo un aliciente ya que, gracias al Honrado Concejo de la Mesta, que creó una tupida red de cañadas que facilitaban el paso del ganado, la lana castellana se convirtió en objeto de deseo en los principales talleres textiles de Brujas y Florencia. Así fue como este lugar vivió su mayor época de esplendor, que terminó en el siglo XIX, con la abolición del antiguo régimen señorial.

Tras mucho tiempo en decadencia, volvió a recuperar parte de su encanto pasado gracias a artistas y bohemios que encontraron aquí un lugar para la inspiración. Es el caso de Ignacio Zuloaga, que adquirió en 1926 el castillo, en el que, tras restaurarlo, instaló su taller. Hoy uno de los torreones alberga un museo en su honor, con pinturas y dibujos del propio pintor, junto a cuadros de Goya y El Greco.

La Puerta de la Villa, del siglo XI, aunque reconstruida en el XVI, es el único acceso al lugar. Los portones se cerraban durante la noche para que nadie pudiera entrar ni salir: en caso de emergencia el responsable de abrirlos era el carcelero. Este dato nos lleva a otro de los monumentos imprescindibles en Pedraza, la cárcel, edificio del siglo XIII, reformado en el XVI, que se puede visitar. Pero si hay un punto clave en Pedraza ese es la Plaza Mayor, castellana cien por cien, irregular, algo anárquica y bastante destartalada, hecha a retazos, con derribos aprovechados. Bajo sus soportales, los restaurantes ofrecen lo mejor de sus fogones: lechazo, cochinillo y ponche segoviano.

A la luz de las velas

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Ocurre cada primer y segundo sábado del mes de julio. Vecinos y curiosos colocan por cada rincón velas y antorchas que servirán para iluminar el municipio en cuanto el Sol se oculte, con las luces públicas apagadas y las ventanas de las viviendas cerradas para no restar protagonismo al espectáculo. Es una fiesta muy especial, conocida como La Noche de las Velas, en la que la explanada del castillo acoge conciertos de música clásica.