Perú no se explica únicamente a través de Machu Picchu. Para comprender la diversidad del país hay que mirar hacia el océano Pacífico, adentrarse en la Amazonia, seguir el curso del río Urubamba y contemplar las construcciones incas y coloniales que todavía definen sus ciudades. La Route du Bonheur diseñada por José Koechlin para Relais & Châteaux reúne estos escenarios en un itinerario de cinco etapas y trece noches.

Machu Picchu permanece escondida entre las cumbres y la vegetación de los Andes.

Machu Picchu permanece escondida entre las cumbres y la vegetación de los Andes. / Emicristea

El recorrido enlaza Lima, Iquitos, Urubamba, Cusco y Arequipa. En total, más de 2.300 kilómetros que atraviesan ecosistemas, altitudes y culturas muy diferentes. Más que encadenar monumentos, la ruta permite observar cómo la gastronomía, la arquitectura y la relación con la naturaleza cambian a medida que el viajero avanza hacia el interior del país.

Del Pacífico a la selva amazónica

La primera parada es Lima, una de las grandes capitales gastronómicas de Latinoamérica. Su centro histórico conserva iglesias, balcones y edificios virreinales, mientras barrios como Barranco muestran una ciudad creativa, contemporánea y abierta al océano.

La estancia propuesta tiene como base Hotel B de Relais & Châteaux, una antigua mansión de la Belle Époque convertida en hotel y galería de arte. Desde allí se puede visitar la Plaza de Armas, descubrir las colecciones precolombinas del Museo Larco y reservar mesa en algunos de los restaurantes que han situado la cocina peruana entre las más influyentes del mundo.

La Plaza de Armas de Lima reúne algunos de los principales edificios históricos de la capital peruana.

La Plaza de Armas de Lima reúne algunos de los principales edificios históricos de la capital peruana. / FrankvandenBergh

Después del ambiente urbano llega un cambio radical. Un vuelo conduce hasta Iquitos, puerta de entrada al Amazonas peruano y una de las mayores ciudades del mundo sin conexión por carretera con el resto del país. La experiencia continúa a bordo de Delfin Amazon Cruises, desde donde se exploran los afluentes, bosques inundables y reservas de la cuenca amazónica.

Durante la navegación, las salidas en pequeñas embarcaciones permiten buscar monos, perezosos, aves tropicales y delfines de río. El paisaje impone otro ritmo y muestra una cara de Perú muy alejada de las imágenes andinas con las que habitualmente se identifica el país.

Una embarcación navega por la inmensidad verde de la Amazonia peruana.

Una embarcación navega por la inmensidad verde de la Amazonia peruana. / Tobiasjo / iStock

El Valle Sagrado como puerta del mundo inca

La tercera etapa cambia nuevamente de altitud y escenario. Urubamba ocupa el corazón del Valle Sagrado de los Incas, un territorio de montañas, andenes agrícolas, comunidades tradicionales y yacimientos arqueológicos. La ruta recomienda cuatro noches en Sol y Luna, un hotel de Relais & Châteaux formado por 43 casitas independientes rodeadas de jardines.

Su ubicación permite conocer Moray y sus terrazas agrícolas circulares, las salineras de Maras, el mercado y el complejo arqueológico de Pisac o la fortaleza de Ollantaytambo. También se pueden realizar rutas en bicicleta, paseos a caballo, kayak y caminatas por comunidades y campos de cultivo.

Las casitas de Sol y Luna se integran entre jardines y montañas en el Valle Sagrado.

Las casitas de Sol y Luna se integran entre jardines y montañas en el Valle Sagrado. / Relais & Châteaux

Sol y Luna añade una dimensión social a esta etapa. Los beneficios del hotel contribuyen a financiar la Asociación Sol y Luna, que impulsa la educación y la inclusión de los niños de Urubamba y de las comunidades próximas. El viajero puede conocer el colegio y comprender cómo la actividad turística puede integrarse en el desarrollo local.

Desde el Valle Sagrado también se organiza la visita a Machu Picchu, la gran ciudadela inca levantada entre montañas. El acceso en tren desde Ollantaytambo convierte a Urubamba en una base estratégica para visitar el yacimiento y regresar después a un entorno más tranquilo.

La piscina y el jacuzzi de Sol y Luna se abren al paisaje montañoso del Valle Sagrado.

La piscina y el jacuzzi de Sol y Luna se abren al paisaje montañoso del Valle Sagrado. / Relais & Châteaux

Dos ciudades para leer la historia de Perú

A unos 50 kilómetros se encuentra Cusco, antigua capital del Tahuantinsuyo. Su arquitectura permite observar la superposición de dos mundos: muros incas de piedra perfectamente ensamblada y edificios coloniales levantados tras la conquista española.

La Plaza de Armas, el Qorikancha, el barrio de San Blas y la fortaleza de Sacsayhuamán forman parte de las visitas esenciales. El alojamiento propuesto, Inkaterra La Casona de Relais & Châteaux, ocupa una mansión del siglo XVI situada en la Plaza de las Nazarenas y conserva elementos de diferentes etapas de la historia de la ciudad.

Galerías coloniales alrededor del patio interior de Inkaterra La Casona.

Galerías coloniales alrededor del patio interior de Inkaterra La Casona. / Henrry Moreno

El último tramo conduce hasta Arequipa, la Ciudad Blanca, protegida por los volcanes Misti, Chachani y Pichu Pichu. Su centro histórico está construido con sillar, una piedra volcánica clara que concede una identidad inconfundible a fachadas, patios e iglesias.

CIRQA, instalado en un antiguo monasterio del siglo XVI, prolonga esa relación entre arquitectura histórica y diseño contemporáneo. Desde la ciudad se pueden conocer el monasterio de Santa Catalina, el mercado de San Camilo, las canteras de sillar y los paisajes del cañón del Colca.

El cañón del Colca despliega uno de los paisajes andinos más impresionantes de los alrededores de Arequipa.

El cañón del Colca despliega uno de los paisajes andinos más impresionantes de los alrededores de Arequipa. / Tobiasjo / iStock

Un país contado a través de sus contrastes

Al finalizar el itinerario, Perú aparece como un mosaico mucho más amplio que sus grandes iconos arqueológicos. El océano, la selva, los Andes y las ciudades coloniales construyen un recorrido en el que cada etapa modifica por completo el paisaje.

La selección de alojamientos de Relais & Châteaux también forma parte del relato. Mansiones históricas, expediciones fluviales, casitas entre jardines y antiguos edificios religiosos permiten acercarse a cada territorio desde su arquitectura, su gastronomía y las personas que mantienen vivas sus tradiciones.