El viaje hacia Kafiristán de Anne y Ella, las Thelma y Louise de carne y hueso

El arriesgado desafío de dos mujeres en dirección de la llamada «Tierra de infieles»

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: D.R.

La película El viaje a Kafiristán o los libros Todos los caminos están abiertos y El camino cruel, son quizás los mayores difusores de la historia del intrépido viaje que llevaron a cabo Annemarie Schwarzenbach y Ella Maillart en la primera mitad del siglo XX.

Annemarie Schwarzembach y Ella Maillart | D.R.

La película, estrenada en 2001, es un homenaje del celuloide europeo a este par de mujeres y, en el caso de los libros, corresponden al resultado de la experiencia de primera mano de ambas viajeras, que expresaron individualmente por escrito sus vivencias durante la travesía.

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Cuando se conoce su historia, es inevitable acordarse desde el primer momento de la imagen de las icónicas Thelma y Louise en su Ford Thunderbird abordando la carretera; pero, más allá de la obviedad de la comparación y alejándonos de toda ficción, el desafío y el relato de vida de Annemarie Schwarzenbach y Ella Maillart supone en sí la revelación biográfica auténtica de dos leyendas que, aunque no demasiado conocidas, representan uno de los testimonios de viaje más extraordinarios e interesantes del siglo XX.

Un gran viaje con destino a Afganistán

El 6 de junio de 1939, Annemarie Schwarzembach y Ella Maillart emprenden un viaje juntas de 6800 kilómetros montadas en un Ford Roadster 18 CV. Parten de Ginebra, en Suiza, con el fin de alcanzar Kafiristán, una región histórica situada al nordeste de Afganistán donde vivían pueblos nómadas que conservaban una vida ancestral alejada de la modernidad occidental.

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Atraviesan Italia, los países balcánicos, Bulgaria, Turquía, Armenia, Azerbaiyán e Irán, hasta entrar en la, por entonces, idílica y remota Afganistán, haciendo acopio por el camino de material fílmico y fotográfico que serviría para cumplir el contrato pactado con una agencia de prensa suiza, cuyos honorarios les permitiría sufragar el coste del viaje. Allí afrontan una última etapa que las conduciría hasta Kafiristán «Tierra de infieles» - hoy en día llamada Nuristán «Tierra de Luz», un territorio montañoso que contaba con un halo de misterio y la fama de ser una de las zonas más inaccesibles del mundo, donde habitaban gentes que habían resistido a la adopción del Islam hasta casi el término del siglo XIX, en favor de sus propias creencias.

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Sin embargo, al llegar a Kabul, la capital, estalla la Segunda Guerra Mundial, trastocando los intereses y la atención de ambas viajeras, después de seis meses de travesía.

Dos personalidades y dos propósitos de viaje

Annemarie (1908 – 1942) y Ella (1903 – 1997) era dos mujeres muy diferentes, aunque ambas compartían una acuciante necesidad de escapar y evadirse del mundo occidental en el que nacieron.

Annemarie Schwarzenbach, descendiente de una de las familias más ricas de Suiza, amante de la arqueología, la historia y la escritura, era una persona muy inestable emocionalmente – apodada «el ángel devastado» -, adicta a la morfina y casada con el diplomático francés Claude Clarac.

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Mientras, Ella Maillart, hija de una familia acomodada, era una persona constante y estable mentalmente, deportista de élite en varias modalidades y olímpica, fotógrafa y volcada con el estudio etnográfico en los viajes que realizaba.

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Sus caminos se unieron poco antes de emprender la aventura hacia Kafiristán. Ella, quizás a sabiendas de la profesión como diplomático del marido de Annemarie, que solucionaría muchos de los problemas con los visados, visitó a ésta en la clínica donde había internado voluntariamente para llevar a cabo un tratamiento de desintoxicación de la morfina.

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Maillart, que ansiaba estudiar las etnias nómadas de la remota región de Kafiristán, propone a Annemarie un viaje hacia Oriente que seguramente la fascinó – ya conocía Persia – y seguramente se vio atraída por la posibilidad de una huida que tal vez la salvase de su adicción y la proyectase en un camino de evolución personal.

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El largo trayecto unió y separó a partes iguales a dos personalidades que chocaban y que, a la llegada a Kabul, había generado unas fisuras en la relación entre ambas ya irreparables, distanciándolas a partir de ese momento.

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A pesar de que se volvieron a encontrar en La India tiempo después y de que nunca dejaron de tener contacto por carta, la pareja de viajeras no volvió a rememorar una aventura como la que vivieron en 1939. La posterior muerte, en 1942, de Annemarie, tras un desafortunado accidente en bicicleta en el que se golpeó la cabeza con una piedra, acabó por catapultar al recuerdo su común idilio con Asia.

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El material fílmico que grabaron y los dos libros alusivos al viaje que, de forma separada y en distintos momentos, escribieron ambas, son el mejor testigo de la proeza de dos mujeres que se adelantaron a su época y que afrontaron una aventura en coche inédita en los albores de la Segunda Guerra Mundial.