Viaje al Tiempo de los Íberos

La cultura que dio nombre a nuestra península habitó el Valle del Guadalquivir entre los siglos VI y I antes de Cristo. Sus huellas y su unión con Roma son visibles en decenas de yacimientos visitables en la provincia de Jaén.

Manuel Mateo Pérez
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Foto: Jose Lucas / ALAMY

Entre los siglos VI y I antes de Cristo vivió una civilización que dio nombre a la península que hoy habitamos. Los íberos fueron un conjunto de pueblos con rasgos comunes cuyo recuerdo se extiende a lo largo y ancho asentamientos diseminados por toda la franja mediterránea, desde Andalucía hasta los Pirineos. Pero es en Jaén donde su presencia fue más viva. En esta provincia tapizada de olivos existen cerca de seiscientos enclaves catalogados —aunque sólo se han excavado el veinte por ciento— y una serie de importantes hallazgos arqueológicos que la han convertido en un referente obligado de aquella cultura.

En Jaén la ruta luce un nombre especial. Lleva por nombre Viaje al Tiempo de los Íberos y gracias a sus etapas, a sus hitos, a los yacimientos abiertos podemos conocer cómo fue su cultura, su poder, su estética, sus ritos, las ciudades y los pueblos que habitaron y su lento pero inexorable proceso de romanización.

Baños temales de Cástulo. | Jose Lucas / ALAMY

Viaje al Tiempo de los Íberos es una iniciativa cultural y turística dividida en ocho rutas y desarrollada por la Diputación de Jaén. La primera se sitúa en la localidad de Castellar, en el santuario de la Cueva de la Lobera, cuyos exvotos –conocidos como muñecos– se exhiben en el museo de la localidad. La ciudad de Cástulo, a pocos kilómetros de Linares, acuñó moneda propia y explotó las minas de plata y plomo. Existe un centro de interpretación y un museo monográfico que dan cuentan de la importancia de aquel lugar. El tercer punto de la ruta es el Centro de Interpretación de las Tumbas Principescas de Hornos y Toya, en Peal de Becerro. Y el cuarto el santuario heroico de El Pajarillo, en Huelma, cuyas piezas escultóricas –el lobo enfrentándose al héroe– se exhibe en el Museo Provincial de Jaén, donde también se exhibe el conjunto escultórico del Cerrillo Blanco de Porcuna. Dentro de la capital, en el Puente Tablas, se localiza el oppidum más característico y mejor conservado de las ciudades fortificadas ibéricas en Andalucía. 

La necrópolis del Cerrillo Blanco es un centro de interpretación localizado en Porcuna que se complementa con el museo de la localidad, que abre sus puertas en la Torre de Boabdil. Por último, destaca la muralla ciclópea de Ibros.

Juan Aunion / ALAMY

Otro modo de entender el Viaje al Tiempo de los Íberos es a través de los grandes argumentos temáticos que se exhibe en la exposición temporal del recientemente inaugurado Museo Íbero de Jaén. La muestra, donde se exhiben algunas de las piezas más notables de los conjuntos arqueológicos excavados hasta la fecha. Las esculturas forman parte de dos grandes yacimientos: Cerrillo Blanco, en Porcuna, está fechado a finales del siglo VII antes de nuestra era y constituía el espacio de enterramiento de un linaje donde, un siglo y medio después, los gobernantes de Ipolca levantaron un extraordinario monumento escultórico que sustenta una de las narraciones míticas más completas del Mediterráneo Antiguo. El otro gran yacimiento es el santuario heroico de El Pajarillo, del siglo IV antes de nuestra era, que sustenta con la acción heroica del héroe fundador del linaje la legitimación para colonizar un territorio. Cerca de Jaén se halla el oppidum de Puente Tablas, paradigma de las relaciones de un linaje principesco.

Jose Lucas / ALAMY

Pero uno de los hitos más importantes de este singular viaje es la ciudad íbero-romana de Cástulo, a las afueras de Linares. Fue una de las diez ciudades más importantes de la antigüedad y en la actualidad es uno de los yacimientos más investigados de España. Los resultados de tanto trabajo han sido prodigiosos: La ciudad permite conocer cómo nació un estado íbero y seguir los decisivos hechos de la Segunda Guerra Púnica. Fue aquí donde se halló el león ibero, el mosaico de los Amores, adscrito a la etapa altoimperial o la patena de vidrio con la primera imagen de la Crucifixión, asociada a uno de los primeros edificios paleocristianos de España.