Viaje a las cuevas y las tierras rojas de Guadix y el Marquesado

Al norte de Sierra Nevada aguarda la ciudad de Guadix. Su suelo está cicatrizado por más de dos mil cuevas y sus alrededores de tierra roja acogen ciudades con castillos de ensueño y antiguos pueblos mineros.

Manuel Mateo Pérez
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Foto: divad81 / ISTOCK

Al norte de Sierra Nevada se extienden las tierras de Guadix y el Marquesado del Zenete, una de las comarcas más insólitas de la provincia de Granada, donde se cruzan los caminos que llevan a Jaén y a las esquinas septentrionales de Almería. Guadix y las tierras del Zenete están salpicadas de yacimientos paleolíticos, cuevas habitadas desde hace decenas de siglos y un hermoso patrimonio artístico tan envidiado como desconocido.

Frías y solitarias en días de invierno, estas tierras están decoradas con mil colores estas fechas de finales de primavera. Los viajeros románticos del XIX llamaron a este rincón de Andalucía 'la tierra roja'. Su paisaje, sus gentes y sus pueblos han encontrado acomodo en una comarca agrietada y desabrida, una hoya arcillosa que nada tiene que ver con las montañas que enfrente encuentra y que le aportan sombra durante todo el año.

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En Guadix algunos vecinos siguen viviendo en cuevas y se resiste a dejar de hacerlo. En esta ciudad las temperaturas diurnas del verano registran máximas históricas, pero en cambio las brisas de las cercanas cumbres aportan a la noche serenidad y placidez, sosiego y frescor. Hay más de dos mil cuevas en este rincón al norte de Granada. Lo llaman la 'ciudad troglodita', un reclamo para turistas que encuentran originalidad y tipismo. El barrio de las Ermitas de Guadix es un buen ejemplo de eso. Sus calles han hallado el acomodo natural de los cerros. Pequeñas puertas y minúsculas ventanas se insertan en la misma pared arcillosa. Esta arcaica forma de vida tiene sus ventajas: las cuevas mantienen una temperatura constante que no baja de los veinte grados ni sube de los veinticinco durante todos los días del año. Por contra, muchas de ellas presentan humedad.

Romana, árabe y barroca, Guadix atesora en su barrio viejo monumentos de contrastado encanto. El corazón de la ciudad está presidido por la popular plaza de las Palomas, un recinto rodeado de soportales, levantado entre los siglos XVI y XVII. Las tres naves interiores están sostenidas por columnas de aliento renacentista a cuyos lados se suceden las capillas donde se veneran algunas de las tallas más notables de la imaginería granadina.

Esta tierra roja que pisa el viajero constituyó uno de los más antiguos asentamientos humanos de la Península. Mucho antes de que sus cerros fueran socavados, el hombre ya había dado muestra de su predilección por este lugar. Lo justifica la presencia de utensilios del Neandertal o del Paleolítico Superior. Lugar de paso, punto de encuentro, entrada y salida hacia el sur y el este, el Marquesado se hizo famoso siglos después por ser punto intermedio de rutas naturales que comunicaban el alto valle del Guadalquivir con el Levante y la costa almeriense.

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La población de La Calahorra conforma el centro del Marquesado. Con su estética feudal su castillo fue mandado construir en 1509 por Rodrigo de Mendoza, hijo del ínclito cardenal. El marqués del Zenete, mecenas del Renacimiento, quiso abandonar la estética gótica que predominaba en las construcciones de la época y abrazar los nuevos alientos que llegaban de Italia. De recias paredes de piedra, esquinado con cuatro torreones, el interior del castillo es una de las mayores delicias arquitectónicas del renacimiento andaluz. El patio de dos plantas está construido con mármol de Carrara, enrojecido hoy por la cercanía de minas de hierro.