Un viaje de blanco y nieve por Europa

Si eres de los que piensa que todo es más bonito cuando nieva, estas ciudades, y los planes que te proponemos en ellas, serán tu excusa perfecta para disfrutar al máximo del invierno.

Redacción Viajar
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Foto: Holidu

No hay nada como una blanca Navidad. Todos, grandes y pequeños, disfrutamos de unas fiestas de postal haciendo muñecos de nieve, guerras de bolas y fotos de los paisaje cubiertos de blanco. Aunque el frío no es para todos, puede ser la ocasión perfecta para disfrutar de tus destinos favoritos en una de las épocas más mágicas del año ¡No hay nada más romántico!

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Te proponemos, de la mano de la plataforma Holidu, un fin de semana repleto de actividades invernales en ciudades vestidas de blanco. Planazo, ¿no? Probar todas los manjares gastronómicos navideños, patinar sobre hielo y caminar sobre mares o ríos helados.

¿Cómo te suena acabar la jornada al calor de la chimenea mientras observas, a través de la ventana, el frío invernal? En todas estas ciudades, la nieve se apodera del paisaje urbano, dándole un aspecto distinto ¡parecen sacadas de un cuento! 

A continuación te mostramos las ciudades más blancas de Europa en base al número de días que nieva de media en cada ciudad durante el invierno, acompañadas de un programa de fin de semana para que disfrutes al máximo de cada una de ellas. Un adelanto: ¡Estas ciudades sí que saben cómo pasarlo bien en invierno!

1. Helsinki, Finlandia 

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La capital finlandesa se corona como ¡la ciudad más blanca de todas! ¡Y también la más divertida! Al ser la ciudad más grande del país, Helsinki tiene mucho que ofrecer a los turistas que la visiten durante los fríos meses del invierno. 

Fin de semana blanco en Helsinki: 

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Por la mañana, cuando la nieve aún está fresca e inmaculada, es el momento de lanzarse a la calle a explorar y hacer fotos increíbles. Finlandia es conocida por la exquisitez de su diseño, y Helsinki no sería la capital si no fuera un digno representante, prueba de ello es la primera visita, el Museo del Diseño ¡entre los más antiguos del mundo!

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Cuando se acerque la hora de comer, toca probar algo nuevo. Te proponemos escoger entre tres platos típicos de la gastronomía finesa: el Lohikeitto (sopa con salmón nata y patatas), el Kalakukko (pastel de pescado) y el Graavi Lohi (Trucha). Dos buenos restaurantes para hacerlo son Lappi y Ravintola Kuu.

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Por la tarde va siendo hora de moverse un poco así que ¡salta a deslizarte en trineo! Los finlandeses tienen un trineo de plástico llamado «pulkka», disponible en cualquier tienda de la ciudad por 10€, que te puedes llevar a cualquier parque para disfrutar junto con los lugareños más jóvenes (y los que no lo son tanto...). Luego puedes darte un paseo alrededor de la ciudad disfrutando de la riqueza de la arquitectura local, como la Estación Central, un edificio de piedra al estilo art Nouveau finlandes flanqueado por cuatro esculturas gigantes.

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Para acabar la jornada, nada mejor que el contraste frío-calor para liberarte del estrés y de las toxinas, como hacen los lugareños. Una buena opción es la imponente Sauna Löyly. Otra opción es darse un baño a orillas del Mar Báltico en la Piscina Allas, junto al puerto.

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El segundo día empieza fuerte, con un paseo sobre el Mar Báltico helado. Los locales lo adoran, sobretodo el área alrededor de la isla de Seurasaari. Si buscas emociones aún más fuertes, te tenemos una sorpresa guardada para el final: la playa de Kasinonranta, el mejor lugar para hacer Snowkite, una explosiva combinación entre el snowboard y el kitesurf ¿Se te ocurre un plan de invierno más divertido?

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Si quieres parecer un verdadero finés, no te olvides de tomar un buen café caliente acompañado de los deliciosos dulces finlandeses, como los que ofrecen en Karl Fazer Café, es toda una institución allí, especialmente en los días fríos y nevados. ¡Seguro que entrarás en calor! 

2. Tallin, Estonia 

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Tallin, el centro cultural y la capital de Estonia, ha sabido siempre mantener su encanto y su belleza, y resulta especialmente mágico y romántico durante los meses de invierno. Situada en el Mar Báltico, la ciudad se viste de blanco en esta época del año y consigue hacerse con el segundo puesto, pisándole los pies a Helsinki. 

Fin de semana blanco en Tallin:

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Durante el primer día, disfruta paseando por el casco antiguo, que experimenta una verdadera transformación durante las celebraciones navideñas. Puedes terminar el paseo frente a la impresionante Catedral Alexander Nevsky para fotografiarla bajo el manto blanco y visitarla.

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Para almorzar, te recomendamos el restaurante Rataskaevu16, acogedor y romántico y se puede pedir la carta en castellano. Después, te puedes entregar al deporte de invierno en el Recinto del Festival Estonio de la Canción, que se transforma cada año en un centro de actividades deportivas ¿Quieres probar el snowboard, el esquí, o simplemente deslizarte en trineo? Estás en el lugar adecuado.

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Al caer el sol, date un paseo nocturno y acércate a descubrir los mercados locales y probar el vino caliente (si, has leído bien). Un buen lugar para ello es el Mercado de Raekoda Plats, frente al ayuntamiento. En el centro de la plaza se erige cada año un enorme árbol de navidad, perfecto para una foto de postal.

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Empieza el segundo día con un evento para golosos organizado en la Galería de Diseño y Arquitectura; «Gingerbread Mania» (En inglés, obsesión por el pan de jengibre). Es una celebración que reúne a todo tipo de artistas para modelar las esculturas de pan de jengibre más espectaculares que jamás hayas visto.

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Por la tarde, te tenemos preparadas dos sorpresas fuera de la ciudad: El Museo al aire libre de Estonia (una reproducción a tamaño natural de un pueblo tradicional rural pesquero estonio del siglo XVIII) y Viikingite Küla (una aldea vikinga con actividades para toda la familia, desde el tiro con arco a la pesca de la trucha, pasando por rutas en canoa), a unos 45 min de Tallin cogiendo el bus 138 hacia Saula desde Vardja. Y ya que estás aquí, puedes aprovechar para hacer una romántica ruta en trineo tirado por perros en la taiga. 

3. Vilna, Lituania 

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Tercer puesto para la capital lituana, por detrás de Tallin, con solo un día menos de nieve al mes. La ciudad destaca por su arquitectura y su casco histórico medieval fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994.

Fin de semana blanco en Vilna:

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El primer día lo puedes dedicar a pasear y disfrutar de las perlas de la bella arquitectura de la ciudad, como la Iglesia de Santa Ana, en el centro histórico. El templo es uno de los emblemas de la ciudad y con su ladrillos rojizos aporta una nota de color sobre el manto blanco. El abundante arte urbano que cubre las calles de Vilna es otro atractivo más. Un ejemplo es el popular graffiti que representa un beso entre Trump y Putin.

Por la tarde, puedes visitar el el Museo Nacional de Arte de Lituania para familiarizarte con la historia artística local. Después de un largo y extenuante día sobre la nieve, no hay nada mejor que od “užkandžiai prie alaus”, una tradición lituana que viene a decir: cada vez que te tomes algo de picar ¡tienes que acompañarlo con una cerveza! Si eres de los que les gusta ir de tapas, ya vienes entrenado de casa.

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Durante el segundo día, toca cambiar de país ¡Es hora de acercarse a la República de Užupis! Es el barrio bohemio de Vilna, y tiene su propia bandera, constitución y hasta políticos. Por la tarde, va siendo hora de moverse ¿Te apetece una sesión de esquí o snowboard? En Liepkalnis puedes hacerlo sin tener que abandonar la ciudad. Por la noche puedes disfrutar de un hermoso atardecer, ya que se trata de una de las zonas más elevadas de Vilna.

Y si te entra hambre observando el mar de luces de la ciudad titilar en la distancia, te puedes acercar al restaurante Bunte Gans, a 2,5 km de la estación de esquí.

4. Turku, Finlandia

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La ciudad más antigua de Finlandia se sitúa 3 puestos por debajo de la capital. Turku está ubicada en una ruta comercial de la costa sudoeste entre Suecia y Finlandia, de ahí su nombre, que significa mercado. Durante el invierno, cuando las temperaturas bajan y los primeros copos de nieve se posan sobre el suelo, la ciudad se transforma por completo. 

Fin de semana blanco en Turku:

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Para comenzar tu aventura nórdica en Turku, camina alrededor del casco antiguo de la ciudad disfrutando de joyas arquitectónicas como la Catedral, obra del gótico alemán donde se profesa el culto luterano. Después puedes acercarte a la desembocadura del río Aura para visitar su emblemático Castillo de piedra gris ¿Quieres saber cómo llegar allí? Fácil ¡solo tienes que enfundarte unos patines sobre hielo y deslizarte sobre el Aura! 

Durante el invierno, el río está completamente congelado y puedes caminar o patinar sobre él para atravesar la ciudad. Después de tachar «río congelado» de tu lista de transportes públicos por usar, toca darse al disfrute gastronómico en el mercado cubierto Turun Kauppahalli, el sitio adecuado para degustar todas las delicias locales.

Y para rematar la jornada ¿Quieres una experiencia local inolvidable? Pues ¡a jugar al hockey sobre hielo con los lugareños! Es uno de sus pasatiempos favoritos. 

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El segundo día toca empezarlo deslizándote, esta vez en trineo. De nuevo, el «pulkka» se presenta como la opción más práctica y económica. Puedes servirte de cualquier pendiente ligeramente empinada que encuentres o hacer como los lugareños y acercarte al Mar Báltico para deslizarte sobre su superficie helada. Si quieres demostrarles que eres todo un experto, participa en «Fastlaskiainen», un evento estudiantil organizado cada año el martes de Carnaval con concurso de trineo.

Para reponer fuerzas, te recomendamos el restaurante Blanko. Después de comer, puedes escapar de la urbe para esquiar, por ejemplo, en la estación de esquí Hirvensalon, a tan solo 4 km del centro de la ciudad.

5. Oslo, Noruega 

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El sexto puesto se lo lleva la capital Noruega, una capital europea rodeada de espacios verdes y bosques. Sencillamente, la ciudad perfecta para una escapada urbana de fin de semana en la nieve.

Fin de semana blanco en Oslo: 

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Antes de nada, te conviene comenzar el día con un desayuno para campeones que te prepare para la acción, puedes hacerlo en Fuglen. Cuando estés listo, la primera estación es la Ópera de Oslo, una verdadera obra de arte, que según algunos representa un barco varado.

Después, le toca el turno a la ciudadela de Akershus, ¡un viaje en el tiempo hacia finales del siglo XIII! Para deleitarse el paladar, acércate a Mathallen, el mercado hipster de moda en Oslo, todo un referente gastronómico.

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Después de comer, acércate a la terraza del Hotel The Thief para disfrutar de una de las mejores vistas panorámicas de Oslo. Luego, toca impregnarse del ambiente navideño patinando en la plaza Spikersuppa, que durante el invierno se transforma en una pista de patinaje donde las familias acuden para relajarse y disfrutar al sonido de los villancicos. Si quieres completar el día con una buena cena te recomendamos Albert Bistro.

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El segundo día empieza con la visita a Holmenkollen, un complejo que incluye el Museo del Esquí más antiguo del mundo y la impresionante Torre del trampolín de saltos, que ofrece magníficas vistas. Otra opción de deporte en la nieve es Tryvann. Si tomas la línea 1 de tranvía, tardarás unos 25 minutos en llegar a esta estación de esquí, que ofrece nada menos que 18 pistas (el forfait cuesta unos 44€ por día y persona).

6.Kiev, Ucrania 

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La capital Ucraniana, a orillas del río Dniéper es toda una joya arquitectónica, llena de encanto e historia, que brilla con luz propia cuando se viste de blanco. Además, no tienes ni que rascarte el bolsillo, ya que se trata de un destino low cost ¿Te atreves a descubrir uno de los tesoros más fascinantes de de la Europa del este?

Fin de semana blanco en Kiev:

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Kiev es mágico cuando se cubre de nieve, así que no se puede comenzar el fin de semana sin salir a explorar los monumentos históricos que alberga la urbe, por ejemplo el Kiev Pechersk Lavra (Monasterio de las Cuevas), el monasterio ortodoxo más antiguo de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad desde 1990, con sus elegantes cúpulas doradas y su imponente belleza oriental. Otro imprescindible durante tu visita a la metrópolis es la Catedral de Santa Sofía, todo un baño de color con sus cúpulas verdes y sus ornamentos dorados que reflejan con fuerza los tímidos rayos de sol invernales.

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Si te entra hambre durante el paseo, no dudes en probar la Street Food ucraniana, como los deliciosos perritos calientes rebozados de Kyivska perepichka. Por la tarde puedes dar un romántico paseo a orillas del Dniéper, o ¡directamente sobre él! Está helado, así que no necesitas barco para recorrerlo.

El segundo día comienza con un poco más de turismo ¡Kiev está repleto de monumentos! Uno de ellos es es la Rodina-Mat o Estatua de la Madre Patria, erigida en acero con sus 62 metros de altura, situada en el recinto del Museo de la Gran Guerra Patria.

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Otro hito histórico de la capital es la impresionante Plaza de la independencia, en pleno centro, lugar de encuentro para locales y turistas, donde también se celebran conciertos y festivales. La plaza está presidida por la Columna de la Independencia, coronada por la estatua de la Madre Ucrania, y también cuenta con seis pozos y una cascada artificial.

Acabamos el paseo con la Iglesia de San Andrés, belleza del barroco que despliega sus encantos sobre la nieve. Y para calmar el apetito tras tanta visita te puedes acercar a Khutorets on the Dnieper.

7. Kaunas, Lituania 

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La segunda ciudad lituana de la lista, por detrás de Vilna, es la que más ha sabido conservar sus raíces nacionales y es toda una belleza báltica, con personalidad propia donde confluyen no sólo lo tradicional y lo moderno, sino también las aguas de dos ríos: el Neris y el Niemen.

Fin de semana blanco en Kauna:

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Para empezar con buen pie, nada mejor que un buen desayuno, y ya que estás, prueba algo típico, como los donuts tradicionales de Spurgine.

Y ahora que tienes fuerzas, nos vamos de aventura a la edad media con el castillo Kauno Pilis, un edificio gótico de mediados del siglo XIV situado en una colina a orillas del Niemen, cerca de su confluencia con el Neris. Cuando las aguas de ambos ríos se congelan y el castillo se cubre de nieve la escena se transforma y parece sacada directamente de Juego de Tronos.

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Si tu aventura épica te ha abierto el apetito, tenemos la especialidad local perfecta para tí: el Cepelinai, elaborado con una masa de patata rellena con carne de cerdo servida con salsa agria y salsa de bacon. Para degustarla te puedes acercar a XXXL Cepelinai. Por la tarde puedes tomar el Ferrocarril funicular de Aleksotas, uno de los más antiguos del mundo todavía en funcionamiento, para llegar a la Basílica de la Resurrección, desde la que puedes disfrutar de unas vistas de infarto.

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El segundo día lo inauguramos con un paseo por Laisvės Alėja, la calle peatonal más larga de Europa del Este, donde se encuentra la Iglesia de San Miguel Arcángel, de estilo neo-bizantino, además de numerosas cafeterías donde puedes hacer un alto en el camino si quieres entrar en calor con un café calentito, como Vero Cafe.