Un viaje irresistiblemente distinto por las cinco joyas de Los Balcanes

De la siempre atractiva Croacia al inexplorado Montenegro, esta región esconde mil tesoros aún por descubrir

Noelia Ferreiro
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Foto: Givaga / ISTOCK

La región que fue uno de los rompecabezas más complejos del Viejo Continente, el rincón que estuvo atravesado por las divisiones y los enfrentamientos, es hoy uno de los destinos turísticos más codiciados de Europa. Le sobran los motivos: una naturaleza deslumbrante urdida de bosques, lagos y montañas, bonitas ciudades amuralladas que soportan el peso de la historia y la magia turquesa del mar Adriático, con sus islas y pueblos marineros.

Y ello por no hablar de la huella que dejaron romanos, bizantinos, eslavos, venecianos, otomanos y hasta el imperio austrohúngaro en forma de arquitectura y arte, de música y gastronomía. Por ello y porque se trata de un lugar poco trillado por el turismo maivo, conocerlo resulta apasionante. Y estos son, a grandes rasgos, los países imprescindibles.

Croacia

A golpe de cruceros y de circuitos por tierra, este país se ha colado en el ranking de los destinos más frecuentados de la órbita mediterránea. Y aunque sus atractivos están algo más trillados que los del resto de los países, no hay que desestimar su belleza. Baste considerar como ejemplo sus hermosos rincones a lo largo de la Costa Dálmata, en los que destacan Dubrovnik y Split. También los Lagos de Plitvice, el más famoso parque nacional, declarado Patrimonio de la Humanidad, el sabor italiano de Istria y las más de mil encantadoras islas que flotan sobre el Adriático.

Los Lagos de Plitvice, en Croacia | Woo Hyeon Kim

Montenegro

Un diamante menos pulido es este pequeño destino también a lorilla del Adriático. Y sin embargo, el país más joven del mundo tiene todo cuanto se puede pedir: montañas, playas idílicas y ciudades medievales como Kotor, oculta entre acantilados, que conserva el sinuoso trazado a caballo entre Bizancio y Roma. El Parque Nacional Lovćen con la vista del lago Skadar y la región playera de Budva, con una pequeña ciudad, antigua y amurallada, son otros básicos que no pueden perderse.

Sveti Stefan, en Montenegro | Kateryna Kolesnyk / ISTOCK

Bulgaria

Enigmático y casi olvidado, este país a tres horas de avión empezó a aparecer en el mapa turístico antes de la pandemia, impulsado por su prometedora belleza y sus precios económicos. Desde la riqueza histórica de Sofía a la herencia romana de Plovdiv, pasando por sus parajes costeros y el encanto alpino de los auténticos Balcanes. Bulgaria no decepciona ni siquiera al más insensible.

Vista de Plovdiv, en Bulgaria | Rocter / ISTOCK

Serbia

Aunque no tiene salida al mar, presume de ser uno de los países más económicos de Europa y de haber superado los fantasmas del pasado para mostrar un nuevo rostro. Prueba de ello es la efervescencia cultural de Belgrado, punto de partida de un viaje por elegantes ciudades como Novi Sad y parques nacionales a la orilla del Danubio. No hay que olvidarse de hacer una parada en el pueblo de montaña de Zlatibor  y de cruzar las bellas montañas del Parque Nacional de Tara. Un mundo maravilloso se abrirá ante nuestros ojos.

Parque Nacional de Tara, en Serbia | saiko3p / ISTOCK

Macedonia

Para aquellos que quieran reencontrarse con la naturaleza más pura, seguir las huellas de una historia sorprendente o descubrir un patrimonio cultural único, este país, encajado en el corazón de la península balcánica, es el lugar indicado. Tímidamente abierto al turismo, nada puede ser más genuino que un viaje por Macedonia. Especialmente en la capital, Skopje, con un atrevido diseño urbano. También merece una visita la antigua ciudad de Ohrid, junto al lago del mismo nombre y con una fortaleza medieval. Buenas vistas, paseos en bote y encantadores atardeceres junto a la orilla.

Lago Ohrid, en Macedonia del Norte | spastonov / ISTOCK

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