
La Torre de Belém recuerda el momento de mayor esplendor de los viajes marítimos portugueses. / pawel.gaul
Viajar a Portugal con Pessoa y Saramago: los libros que te tienes que leer si visitas el país vecino este verano
Isabel Soler, profesora de la Universitat de Barcelona y especialista en cultura portuguesa, propone entrar en Portugal a través de su literatura, su memoria histórica y su relación profunda con el océano.
Portugal se descubre caminando por sus ciudades, recorriendo sus pueblos, mirando al Atlántico y entrando en sus cafés, pero también leyendo a sus escritores. Buena parte de la identidad portuguesa se ha construido a través de la literatura, de la reflexión sobre el pasado, del peso de la memoria y de una relación constante con el océano. Así lo defendió Isabel Soler, profesora de la Universitat de Barcelona y especialista en cultura portuguesa, durante el encuentro “Nos gusta VIAJAR a... Portugal”, organizado por VIAJAR junto a Turismo de Portugal en el Moco Museum Barcelona.

Isabel Soler, profesora de la Universitat de Barcelona y especialista en cultura portuguesa, durante el encuentro “Nos gusta VIAJAR a... Portugal”. / María José Cayuela
Para Soler, acercarse a Portugal desde sus libros permite comprender mejor un país marcado por la historia, por la saudade, por el viaje marítimo y por una forma muy particular de estar en el mundo. Portugal, decía durante la charla citando al escritor Vergílio Ferreira, es “una terraza sobre el mar que mira al infinito”. Una imagen que resume muy bien esa mezcla de apertura, melancolía, viaje y pensamiento que atraviesa buena parte de su cultura.
¿Por qué leer a Pessoa antes de viajar a Lisboa?
Para empezar a leer Portugal, Isabel Soler propone ser valiente y acercarse a Fernando Pessoa. En concreto, a su Libro del desasosiego, una obra extensa, fragmentaria y difícil de clasificar, pero fundamental para entrar en el universo emocional portugués.

Fachadas tradicionales de Lisboa, una ciudad que Pessoa convirtió en escenario íntimo y literario. / thomas peham / unsplash
No es una novela ni una guía de viaje, pero funciona como una gran puerta de entrada a Lisboa y a la sensibilidad del país. Leer a Pessoa es abrir una ventana a un mundo intelectual poblado de voces, heterónimos y personalidades literarias distintas. Entre ellas está Bernardo Soares, una de esas figuras pessoanas con una subjetividad propia e inconfundible, capaz de convertir Lisboa en un escenario íntimo.
Después de leer a Pessoa, recorrer barrios como la Baixa, el Chiado o Alfama deja de ser una experiencia únicamente turística. La ciudad se transforma en un espacio literario, hecho de contemplación, de cotidianidad y de saudade. Lisboa ya no se mira solo desde sus plazas, sus tranvías o sus miradores, sino también desde esa vida interior que Pessoa convirtió en literatura universal.

Vista de Alfama, uno de los barrios donde mejor se siente la Lisboa de la saudade y la memoria. / imren tutuncu / unsplash
¿Qué Lisboa aparece en los libros de Saramago?
Pessoa no solo fue uno de los grandes escritores portugueses, sino también una influencia decisiva para quienes llegaron después. Incluso se convirtió en personaje literario. José Saramago lo demuestra en El año de la muerte de Ricardo Reis, una novela inmensa en la que el Nobel portugués da fecha de muerte a uno de los heterónimos más cultos y enigmáticos de Pessoa.
En la novela, Ricardo Reis deambula por una Lisboa de los años treinta, marcada por la lluvia, la incertidumbre política y el recuerdo de un Fernando Pessoa ya fallecido. La ciudad adquiere una presencia que va mucho más allá del escenario. Lisboa se convierte en un personaje que permite reflexionar sobre la identidad, el paso del tiempo, la historia y la relación entre literatura y vida.

La Casa dos Bicos, sede de la Fundación José Saramago, en Lisboa. / O Kemppainen
Saramago también es una puerta para recorrer el país más allá de la capital. Viaje a Portugal, difícil de clasificar entre el ensayo, la literatura de viajes y la reflexión histórica, invita a descubrir un Portugal menos conocido, alejado de los grandes circuitos turísticos. A través de sus páginas aparecen el patrimonio artístico, las tradiciones locales, la vida cotidiana y la diversidad territorial de un país que cambia mucho más de lo que parece a simple vista.
¿Qué libros ayudan a entender Lisboa más allá de sus monumentos?
Entre la inmensa obra de Pessoa, Isabel Soler rescata también un pequeño libro muy especial: Lisboa. Lo que el turista debe ver. Escrito en la década de 1920 y concebido originalmente para visitantes extranjeros, es mucho más que una guía. En sus páginas aparece la Lisboa que Pessoa conoció y amó: sus barrios, monumentos, calles y espacios históricos vistos desde una mirada culta, personal y profundamente literaria.

La Praça Luís de Camões, en el Chiado, uno de los barrios más vinculados a la Lisboa literaria. / dmitry voronov / unsplash
Para quien quiera ir más allá, Soler recomienda también Lisboa, historia física e moral, del historiador José-Augusto França, un clásico para comprender la evolución urbana de la ciudad. El libro ayuda a entender la importancia del terremoto de 1755 y la posterior reconstrucción impulsada por el marqués de Pombal, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia de Lisboa y de Portugal.
Aquel terremoto conmocionó a toda Europa y tuvo una enorme repercusión intelectual. Basta acercarse al Cándido de Voltaire para comprobar hasta qué punto la catástrofe lisboeta ocupó un lugar central en el pensamiento ilustrado europeo.
Desde una perspectiva más contemporánea, Lisboa. Biografía de una ciudad, de Richard Zimler, permite seguir la evolución de la capital portuguesa a través de sus barrios, sus habitantes, su urbanismo y sus acontecimientos históricos. Una forma de demostrar que Lisboa va mucho más allá de sus monumentos más fotografiados.

Los tejados de Lisboa explican una forma diferente de vivir la ciudad / Unsplash / Tom Byrom
¿Qué poeta explica mejor la relación de Portugal con el mar?
Ante la difícil tarea de escoger una voz poética entre las muchas que ha dado la literatura portuguesa, Isabel Soler se queda con Sophia de Mello Breyner Andresen. Sus versos recogen como pocos la luz atlántica y la presencia poderosa del mar, dos elementos esenciales para comprender el imaginario portugués.
Sophia ayuda a entender que el océano no es solo un paisaje en Portugal. Es una presencia cultural, histórica y emocional. Está en la forma de mirar, en la memoria de los viajes, en la nostalgia, en la idea de horizonte y en la conciencia de pertenecer a un país que durante siglos tuvo en el mar su principal vía de comunicación con el mundo.
Pessoa, Saramago y Sophia ofrecen, así, tres maneras distintas de entrar en Portugal. Pessoa ayuda a comprender una forma rara y profundamente intelectual de estar en el mundo. Saramago enseña a recorrer el país con una mirada crítica y pausada. Sophia muestra el vínculo íntimo con el Atlántico.

El Cabo de São Vicente, cerca de Sagres, resume la relación simbólica de Portugal con el océano y los antiguos confines de Europa. / ajcabeza
¿Dónde se entiende mejor el Portugal marítimo?
Si hay que encontrar lugares para comprender la historia de Portugal y su relación con los océanos, Isabel Soler propone construir un itinerario que combine centros históricos, paisajes costeros y espacios simbólicos. No se trata solo de visitar monumentos aislados, sino de recorrer escenarios donde se reconoce la identidad marítima portuguesa.
Lisboa es el gran punto de partida. Durante los siglos XV, XVI y XVII fue un puerto internacional clave. El monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém recuerdan el momento de mayor esplendor de los viajes marítimos portugueses. Desde allí se entiende que el Atlántico nunca fue una frontera, sino una vía de comunicación con el mundo.

Claustro del monasterio de los Jerónimos, en Belém, uno de los grandes monumentos ligados a la era de los viajes marítimos portugueses. / e55evu
También Sagres y el cercano Cabo de San Vicente ocupan un lugar fundamental en este mapa simbólico. La llamada Escuela de Sagres pertenece, en parte, al terreno del mito historiográfico, pero descender hasta este extremo del Algarve permite sentir el océano abierto, con esa mezcla poderosa de miedo, deseo e infinito que define tantos paisajes portugueses.
Lagos, también en el Algarve, añade una dimensión histórica imprescindible. Durante la época de los viajes oceánicos fue uno de los puertos más activos de Portugal y desempeñó un papel destacado en las expediciones hacia la costa africana desde principios del siglo XV. Su historia obliga a mirar el pasado en toda su complejidad: los logros de la navegación portuguesa, pero también las implicaciones del comercio en África, la búsqueda de oro y marfil y la realidad de la esclavitud.
Aveiro, con sus canales y sus coloridas barcazas, ofrece otra relación con el agua, más cotidiana y amable. Nazaré, en cambio, muestra la fuerza extrema del océano. Sus olas gigantes, especialmente entre noviembre y febrero, se han convertido en uno de los grandes espectáculos naturales de Portugal. Verlas es entender, de golpe, la potencia del mar y la relación casi física que el país mantiene con él.

Lisboa convierte sus plazas y calles en escenarios literarios para entender la historia y la identidad portuguesa. / hoyoun lee / unsplash
Portugal como una gran obra literaria
Acercarse a Portugal desde la literatura permite viajar con más profundidad. Sus escritores ayudan a mirar mejor las ciudades, a comprender el peso de la historia, a interpretar la saudade y a entender por qué el océano ocupa un lugar tan central en la identidad portuguesa.
Portugal puede leerse como una gran obra literaria: hecha de memoria, de viaje, de mar, de lengua y de una tensión permanente entre tradición y modernidad. Como dejó escrito Pessoa, “mi patria es la lengua portuguesa”. Isabel Soler añade, de algún modo, otra capa a esa idea: esa lengua también está hecha de maresía, de olor a mar, de horizontes abiertos y de una historia que sigue resonando en cada viaje.