Otra oda más... a las ventanas. Nuestros ojos en el confinamiento

Venecia, París, Barcelona… nos asomamos a algunas de las más bellas del mundo

Noelia Ferreiro
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Foto: Starcevic / ISTOCK

Es apenas un fino vidrio que marca la frontera de la intimidad con la exposición, del calor del hogar con el mundo exterior. Una franja transparente desde la que asomarse a la vida. Especialmente en estos tiempos que corren en los que la ventana, las ventanas de todos los pueblos y ciudades, se han convertido, más que nunca, en los ojos del mundo.

Pero hay, claro, ventanas y ventanas. Y algunas son en sí mismas valiosas obras de arte que contribuyen a armonizar la belleza de las metrópolis. El fotógrafo portugués André Vicente Gonçalves alumbró hace unos años el maravilloso proyecto Windows of the World, en el que no sólo retrató la singularidad de estos elementos a lo largo de un viaje por distintos rincones del planeta, sino que, al agruparlos, logró mostrar el carácter de cada una de las ciudades.

Ciudades como estas que mostramos a continuación, donde residen las ventanas más bonitas del mundo:

Venecia

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La poética de lo decadente tiene en esta ciudad una de sus máximas expresiones. Por eso sus ventanas, mordidas por el paso del tiempo, exhiben un romanticismo único. En ellas la ciudad de los canales condensa la historia de una civilización con más de mil años de antigüedad. Influencias de lejana Constantinopla, de la que importarían la sofisticación de la arquitectura bizantina, se funden con el arte gótico medieval y con los ramalazos renacentistas que pusieron sello a su arquitectura y que se reflejan también en estos ojos de cristal que dan vida a sus fachadas. Motivos islámicos, arcos conopiales, esculturas laminadas y colores terrosos crean en Venecia un efecto único.

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París

El clasicismo, con su rescate de los valores de la antigüedad, marca el estilo de las ventanas de la capital francesa, permeable también a otras corrientes artísticas como el barroco, el rococó, el art nouveau y la modernización llevada a cabo por Haussman, que ideó una red de bulevares con solemnes edificios de color crema. El resultado de todo ello es un conjunto bellísimo de palacios, mansiones y casas aristocráticas, en las que las ventanas de piedra, con elementos greco-romanos o motivos florales, convierten a esta ciudad en una de las más armónicas del mundo.

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Lisboa

La capital del fado y los versos de Pessoa extiende su personalidad a las propias ventanas, en las que no podían faltar la cerámica como elemento primordial. Porque Lisboa, ya se sabe, es la ciudad con más azulejos del mundo y esto se aprecia en sus fachadas, desde las de las casas señoriales hasta las de las modestas residencias. Un arte que se remonta al siglo XV y que ha ido adoptando diferentes estilos a lo largo del tiempo, desde el más tradicional hasta el más contemporáneo. Ya sea en Alfama, el Chiado o el Barrio Alto,  asomarse al exterior, bajo este marco lacado, es una auténtica maravilla.

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Chefchaouen

Todas las gamas del azul se desparraman por la perla del norte marroquí, la ciudad hundida en las montañas con una de las medinas más fotogénicas del país. Aquí, entre añiles, cobaltos, índigos y celestes, entre estrechas y retorcidas calles, se abren espectaculares ventanas con toda la magia de oriente. Chefchaouen es un buen lugar para ver desfilar la vida desde su colorida mirada.

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Barcelona

La Barcelona modernista, la Barcelona gótica, la eterna Barcelona de Gaudí. Todo el arte de la ciudad condal está contenido en sus ventanas, las mismas que decoran sus avenidas burguesas y sus plazas arboladas, convirtiendo a esta urbe en un privilegio para el viajero con vocación arquitectónica. Es así en todos sus barrios, desde el de la Mercè, con sus soportales y terrazas; hasta el del Gótico, el Borne y por supuesto el Eixample, donde se erigen La Pedrera y la Casa Batlò y sus emblemáticas ventanas.

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