Valparaíso, la ciudad portuaria convertida en enclave gastronómico a dos horas de Santiago de Chile
Valparaíso, una preciosa ciudad con un aire bohemio y hippie, se ha convertido en un destino gastronómico de primer nivel en Chile.

El primer y el más importante puerto de Chile, Valparaíso, fue la puerta de entrada para inmigrantes de todo el mundo. Este hecho hizo que la ciudad se convirtiera en un lugar peculiar en el que las influencias de la cultura, la arquitectura y el arte comenzasen a converger creando un lugar diferente dentro de Chile que se ha querido conservar a nivel mundial habiendo sido declarado la ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003. Con el paso del tiempo, el aire bohemio y hippie de sus calles, además del intercambio cultural se han trasladado también a su gastronomía y a la importancia de volver a las raíces, al mar para aprovechar todas sus bondades y a la cocina más tradicional de la zona con rasgos internacionales.
Epicentro portuario
La historia de Valparaíso va irremediablemente unida a su ubicación estratégica. Y es que, aunque los primeros navegantes y exploradores europeos llegaron en el siglo XVI, no fue hasta el siglo XIX cuando realmente adquirió una importancia mundial al convertirse en uno de los puertos más importantes del hemisferio sur gracias a su ubicación entre el océano Pacífico y la ruta del cabo de Hornos.

Este punto de conexión, entre el océano Atlántico y el Pacífico, fomentó el impulsó del desarrollo de la ciudad, el auge del comercio y la llegada de inmigrantes europeos. Fueron estos últimos quienes transformaron Valparaíso en un lugar vibrante de diversidad cultural que se fusionaba con lo local. Tal fue su importancia que a esta ciudad llegaron los primeros tranvías a vapor y el primer sistema telefónico de Sudamérica.
Más allá del muelle
Una de las grandes particularidades de Valparaíso es su urbanismo y su color. Sus calles, desde el puerto hasta las colinas, están llenas de suelos empedrados, vías empinadas, edificios coloniales con sus balconadas tradicionales, casas bajas de construcción tradicional victoriana y graffitis que llenan estas zonas de mucho, pero mucho color. Y, por supuesto, desde lo alto de estos cerros —los más conocidos son Alegre, Concepción y Bellavista— se puede disfrutar de una vista panorámica impresionante de toda la ciudad.

Y es precisamente aquí, en lo alto de estos cerros, donde se encuentran algunos de los restaurantes, cafeterías y barecitos más curiosos y bellos de la ciudad, además de ser los lugares en donde probar la mejor gastronomía local.
Gastronomía de mar
La proximidad de Valparaíso al mar es uno de sus grandes alicientes y el motivo de que allí se encuentre el restaurante Tres Peces, una suerte de local regentado por mujeres donde trabajan los pescados provenientes de la pesca artesanal de los/as trabajadores/as locales de la ciudad. Aquí cada día se come lo que se pesca. Tiradito de corvina de Valdivia, merluza Austral frita con pastelera y chilena o aguacate relleno con camarón nacional y quinoa; platos que, además de decirte los ingredientes que llevan recogen también en su apellido su ubicación.
En una casa de hace más de seis décadas, aparece el restaurante La Caperucita y El Lobo, un local cuya historia está vinculada a la de la abuela de su propietaria, Carolina, a la que acompaña en esta aventura su marido Leo. Y es que, en la que fuera la casa de la abuelita de Carolina, renace este proyecto basado en la gastronomía de las recetas de esta abuela; platos con sabor casero y producto local y de cercanía que merecen una visita.
Muy cerca de uno de los 16 ascensores que existen en la ciudad de Valparaíso, para facilitar la subida y la bajada por las calles, aparece en una antigua casona patrimonial el restaurante El Peral. Especializados en platos típicos de la región, su carta tiene la particularidad de que está enfocada en la parrilla de pescados y mariscos frescos del océano Pacífico.
Pero Valparaíso no es solo producto de mar, también existen otro tipo de restaurantes y barecitos donde sirven platos típicos chilenos como el caldillo de congrio, el ajiaco, la cazuela, las empanadas, el pastel de choclo o el cancato. Y, en los barecitos de sus calles, al atardecer, aparecen músicos para tocar y cantar en directo mientras se disfruta de una bonita puesta de sol y una buena conversación.
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